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Cosmos y Taxis
Selección de ContraPeso.info
16 enero 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de William R. Luckey. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es examinar la crisis actual y las intenciones de remediarla, defendiendo la idea del orden espontáneo.

A muchas personas no les cabe en la cabeza que la sociedad no fue creada ni está regulada por una única autoridad. Alguien objetó una vez esta idea diciendo que si Dios creó todo, entonces es Él efectivamente el creador de la sociedad también.

Eso es verdad en cierto sentido, pero una cosa en la que he insistido junto con el Papa Juan Pablo II, es que Dios hizo al hombre un co-creador con Él. Esto aplica no sólo a la creatividad en el sentido que se entiende comúnmente (invenciones, arte, literatura),  también aplica a la sociedad y los mercados.

Juan Pablo II sostuvo que nosotros los humanos tenemos auto-posesión y auto-gobierno, lo que nos da auto-determinación. Los hombres están en control de sus acciones (suponiendo que no son esclavos de sus pasiones, opinión pública, u otra cosa), y por tanto, son responsables de sus acciones.

Esta auto-determinación incluye el establecimiento de instituciones, que usualmente ocurre en largos períodos de tiempo y es el resultado de ensayos y errores. Estas instituciones sirven la función del florecimiento humano.

Por ejemplo, véase la manera en la que las universidades han evolucionado desde la parte última de la Edad Media. Comenzaron como escuelas monásticas, gradualmente abriéndose a otros, desarrollándose en universidades en ciudades principales y están ahora representadas por las innumerables y diversas instituciones que hoy se ven. ¿Son perfectas?

No, desde luego —nada de lo que el hombre hace puede serlo. Pero nadie tampoco puede argumentar que no han sido centros de gran aprendizaje y progreso para el beneficio de la raza humana.

Lo mismo es cierto para los mercados. Las invenciones agrícolas de la Edad Media han permitido que se cultive más del mínimo de comida, permitiendo así a la gente viajar. Viajaron a los principales centros de comercio y trajeron cosas que nunca antes habían estado disponibles a la gente en las zonas no costeras medievales. Erigieron bazares, que los consumidores visitaron comprando cosas que mejoraron su calidad de vida. Regresaron ellos a sus pueblos cuando los patrones de comercio se volvieron habituales y algunos pueblos se convirtieron en ciudades.

El economista austriaco Friedrich Hayek usó los términos griegos “cosmos” y “taxis” para describir la diferencia de visiones globales entre esos que ven el orden espontáneo de la sociedad y el mercado, y aquellos que no lo ven.

Cosmos indica el orden de cosas auto-gobernadas, como el universo. ¿Sabe usted que la galaxia Andrómeda y nuestra  Vía Láctea están en un curso de colisión y nada hay que podamos hacer? Este es un ejemplo de cosmos en el área del espacio. Piense usted en taxis, en el sentido de llamar a un auto, un taxi, y entonces decirle al chofer donde debe llevarlo. En la instancia anterior, el cosmos se dirige a sí mismo; en el segundo caso, usted dirige al taxi.

La sociedad y el mercado conforman más con el cosmos que con el taxi. Ambos son auto-generados, una función de miles de millones de interacciones entre seres humanos pensantes en todo el mundo —y esas interacciones están basadas en las interacciones de ayer y ellas en las del día anterior. Nadie controla esto.

No quiere esto decir que las grandes instituciones no pueden influir en la sociedad y el mercado, pero el control elude incluso las más poderosas fuerzas.

Respecto a plan económico de estímulo del presidente electo Obama, por ejemplo, nadie está seguro realmente cómo reaccionará el mercado ante él. ¿Cómo reaccionó a la emisión original de dinero para liberar créditos? Bueno, Donald Trump lo expresó así un día: “No importa tu calificación de crédito, ni tu historial crediticio, aún no puedes obtener un crédito”.

Las implicaciones son claras. Quienes dicen que pueden arreglar esto o lo otro en el mercado viven de ilusiones. Incluso si pueden influir en las cosas, esta influencia puede no ser buena por causa de la Ley de Consecuencias No Intencionales, que está fundada en el hecho de que la gente reacciona en su mejor interés percibido, sin importar lo que un programa gubernamental intenta lograr.

Esta es la razón por la que es mejor dejar a la economía resolver sus circunstancias que intentar manipularla. Fue la constante manipulación de la economía lo que causó los problemas originales. Más manipulación puede remediar la manipulación original sólo en el mundo de nuestros sueños.

Nota del Editor

Hay un comentario breve sobre el orden de los mercados en Viceversa en México.  Una fascinante y sencilla idea está en cómo Evitar Depresiones Económicas.La gran aportación de Luckey en su escrito es ligar dos conceptos que suelen ser vistos separados casi siempre. Primero, la comprensión de la economía como un sistema de orden espontáneo producto de billones de decisiones, no perfecto, y sin control centralizado. Segundo, el entendimiento de que la imposición de un control central en ese sistema espontáneo suele producir más daños que beneficios.

H. Spencer (1820-1903) señaló esto hace ya tiempo, cuando escribió que los ingleses habían emitido más de cien leyes en esos tiempos, todas ellas destinadas al propósito de alcanzar la felicidad. Todas esas leyes tuvieron ese objetivo y cada una de esas leyes fue la consecuencia de la necesidad de corregir fallas en la legislación anterior. En los códigos legales, dice, está la historia de esos fracasos y esos remedios y los nuevos fracasos. Se emiten leyes nuevas para corregir las anteriores, que de nuevo fallan y provocan nuevas leyes y más fracasos. Es un ciclo que inicia al emitirse una disposición legal que se aplica y falla. Luego viene una modificación y otro fracaso.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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