Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Creer Esto y lo Otro
Eduardo García Gaspar
28 diciembre 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un hecho notable que al mismo tiempo puedan existir opiniones opuestas en una misma mente, sin que ella se dé cuenta de la contradicción que vive.

Y no es una cuestión excepcional, muchas personas son partidarias de ideas que entre sí son incongruentes.

Un caso me llamó la atención. La persona era partidaria de la “teoría de la ventana rota” para el manejo de la policía y la solución de problemas de seguridad.

En resumen, la teoría establece que deben cuidarse los mínimos detalles de seguridad, aunque eso sea aparecer como exigente extremo.

Cuidando los pequeños detalles, evitando que se rompan las menos importantes de las leyes, el resto se cuida por sí mismo y la seguridad crece por menos delitos cometidos.

El nombre de la teoría, creo, viene de la imagen de un edificio: a partir de la primera ventana rota que no se atienda, todo el edificio irá decayendo sin remedio.

En pocas palabras, los partidarios de la teoría de la ventana rota son muy cuidadosos de evitar que se rompan las más pequeñas de las reglas y leyes. Son muy exigentes y suelen ser descritos como partidarios de la cero tolerancia.

Simplemente no admiten que se rompan las leyes, así sean las menos importantes y que admitirían un tratamiento moderado.

La persona que describo pertenece al círculo académico, especialista en ciencias sociales. Gran partidario de la tolerancia cero en cuestiones de seguridad, sin embargo, mostró otra opinión suya que me llamó la atención.

Dijo ser partidario de la libertad sexual con muy escasos límites. Que era positivo que los adolescentes experimentaran con el sexo antes del matrimonio para evitar que sufrieran trastornos de personalidad cuando adultos.

Claramente apoyó la política educativa mexicana que fomenta la promiscuidad en niños y adolescentes, con posibilidad de seleccionar opciones sexuales variadas.

¿Están en oposición las dos opiniones? Creo que sí.

Por un lado, se solicita una tolerancia cero para cuestiones de seguridad. Por el otro, la tolerancia es absoluta y se vale violar cualquier regla moral si se trata de sexo.

Es decir, al mismo tiempo en un campo se es fiel seguidor de las más estrictas reglas, pero en el otro campo se es partidario de anular reglas.

El asunto ha sido estudiado en serio, dentro de la Psicología Social, donde se le conoce como Disonancia Cognitiva.

Se le define, en pocas palabras, como un sentimiento de incomodidad mental que la persona experimenta al darse cuenta de sostener dos o más ideas, creencias o actitudes que se contradicen entre sí.

¿Cómo solucionan eso las personas? Primero, por supuesto, hay necesidad de darse cuenta de la contradicción personal de creencias.

Si no hay conciencia de la contradicción, la persona sigue su existencia con tranquilidad. Pero si sí se da cuenta, hay dos caminos básicos.

Uno es tratar de cambiar esas opiniones para hacerlas congruentes. El otro camino es encontrar alguna excusa que justifique la contradicción, es lo que se llama racionalización: sostener alguna explicación generalmente extraña y débil que haga posible que la persona se quite de encima ese sentido de contradicción entre sus ideas.

En el caso de la persona a la que hago referencia se encuentra una posibilidad de esa disonancia mental: sostener que la conducta humana debe en un caso obedecer las más estrictas reglas y en el otro caso mantener una relajación total de esas reglas.

¿Por qué en un caso sí se es tolerante hasta la exageración y en el otro se es un intolerante absoluto?

Al indagar sobre esa contradicción de ideas, pregunté a esa persona el porqué de su aparente incongruencia.

La respuesta que obtuve no la puedo reproducir aquí, ni siquiera resumir, porque fue incomprensible: una serie de frases inconexas sin significado, pero que tenían una utilidad obvia, pues sirvieron a la persona para reducir a cero su disonancia.

El simple conocimiento de este caso y del tipo de situación que ilustra, es en sí mismo algo útil. Añade conocimiento revelando una faceta de nuestra imperfección.

El ejemplo más clásico es el del lobo que quiere un racimo de uvas apetitosas que no puede alcanzar, y termina racionalizando: de seguro las uvas no tendrán buen sabor y así, con esa justificación, se aleja de ellas sin remordimiento.

Post Scriptum

Otro caso real, que encontré, fue el de una persona que se manifestó como partidario de la fijación libre de precios en un mercado, pero que añadió otra idea: las tasas de interés debían ser fijadas por decreto de gobierno, al igual que los precios de los energéticos.

No creo que ella entendiera que estaba en una contradicción y, por consiguiente, su vida siguió igual de apacible que antes.


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