Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De la Caridad a la Indiferencia
Eduardo García Gaspar
6 febrero 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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En un parque, mucho tiempo ha, vi cómo una pequeña niña que apenas caminaba, cayó al piso dándose un buen golpe en la cabeza. Tres o cuatro mamás que estaban allí se levantaron al ver la caída. Todas ellas reaccionaron de inmediato, tanto así que era difícil determinar cuál de ellas era la madre de la criatura. Cuando llegué al lugar, ellas se habían hecho cargo del problema.

Fue un buen ejemplo de una parte de la naturaleza humana y lo que le es propio. Los malos sucesos que a otros acontecen nos conmueven. Los sufrimientos de otros nos hacen reaccionar. Sentimos compasión por ellos. De allí nacen sentimientos positivos, como la caridad y la compasión, que se traducen en acciones concretas de ayuda a otros.

No somos ajenos a lo que sucede a otros seres humanos. Pero la reacción que ante la situación de otros sentimos, no es siempre positiva. Puede ser lo opuesto totalmente. Si otros sufren por alguna situación, la que sea, es posible que sintamos placer por el dolor ajeno. O si alguien tiene éxito en algún sentido, es posible que sintamos envidia y alimentemos deseos de dañarlo.

Frente al resto de los humanos, creo sinceramente, no solemos permanecer indiferentes. Y esa falta de indiferencia puede ser de dos tipos. Uno, el que nos mueve a alegrarnos por el éxito ajeno y a compadecernos por sus penas. Dos, el que nos alegrarnos del dolor de otros y envidiemos sus alegrías.

Con siquiera un poco de intuición, cualquiera puede distinguir cuál de esas dos reacciones es positiva y cuál es la negativa. Más aún, podemos incluso entender por qué la reacción de indiferencia ante los demás es también negativa y no neutral, como podría concluirse con alguna lógica superficial.

Es decir, parte de nuestra naturaleza es sentirnos unidos, no como un ser único, pero sí como seres individuales que tienen algo en común: lo que le sucede a alguien más debe afectarnos, aunque a veces no entendamos exactamente cómo. Si la niña que cayó al piso tuvo que ser llevada al hospital, eso no afectó al resto de las mamás. Su vida permanecería sin cambio alguno. Y sin embargo, por alguna razón todas se levantaron como si hubiera sido su propia hija.

Dentro de una sociedad, con muchos miembros, pueden existir muchas reacciones personales de esos tres tipos. Cuando en ella, sin embargo, prevalece y es más común uno de ellos, la sociedad adquiere una personalidad distinta.

Si acaso, en la mayoría de los miembros prevaleciera la indiferencia, no hará falta mucho talento para saber que eso no está bien.

Peor aún, si en una sociedad prevalecieran los sentimientos negativos, cualquiera sabría que también hay algo malo en ella: envidias, daños mutuos, egoísmo, y otros sentimientos que harían difíciles los tratos entre las personas. Serían complicadas las relaciones, llenas de sospechas y dudas.

Del otro lado, una sociedad es la que fuese más prevalente la reacción positiva, en ella se tendría una vida mejor, más llena de acciones caritativas y bondadosas, de sentimientos de confianza y ayuda mutua. Tampoco hace falta gran talento para que cualquiera intuya esto.

Todo esto es sabido, es de mero sentido común y no tendría gran sentido tratarlo si no fuera porque con frecuencia se olvida. Un ejemplo es muy notable: cuando los gobiernos se apropian de las acciones compasivas y de caridad, nos olvidamos de ellas y adoptamos una actitud de indiferencia ante la tragedia ajena. Solemos decir, “que el gobierno se encargue de esa gente en desgracia”, nos damos la vuelta y ya no los vemos cara a cara.

Y si acaso alguien tiene éxito, ese gobierno excedido tiende a hacernos también pensar con envidia, “la autoridad debe encargarse de esa gente exitosa para obligarlos a que ayude a otros”.

En conjunto lo que nos sucede es que al menos la intromisión de la autoridad nos ha vuelto indiferentes ante los demás. Nos ha hecho perder parte de lo humano.La situación empeora por una razón, el fomento a los sentimientos de envidia y rencor. La intervención estatal en la caridad y compasión por los demás, sin quererlo realmente, ayuda a quienes tienden a tener esos sentimientos negativos hacia los demás. Se crean así ideas que hacen llegar a pensar que la alegría ajena es mala y que las penas ajenas son justificaciones de la intromisión estatal.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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