Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De los Padres a la Escuela
Eduardo García Gaspar
29 julio 2009
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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Todos los hemos visto. Los padres con hijos pequeños. Los cuidan, protegen. Están pendientes de la cantidad de leche que toman, de que no tengan frío. Les cambian pañales. Juegan con ellos. Les enseñan cosas. Los sostienen cuando camina. Curan sus heridas. Los llevan al pediatra.

Son imágenes poderosas, en las que los padres se transforman en vigilantes protectores. Cuidan que no se caigan, que no coman tierra, que no se traguen cosas, que usen la ropa apropiada. Son meticulosos, cuidadoso, aplicados, metódicos. Los hijos son su máxima posesión, o mejor dicho, creación, y estarán a su cargo durante un largo período de tiempo.

Una de sus máximas ambiciones es educarlos. Piensan en su éxito futuro, en la necesidad de que estén preparados, de que sepan cosas que los hagan mejores. Aspiran a verlos graduados en la educación básica al menos, anhelan verlos con diplomas universitarios. Ansían verlos como seres inteligentes, capaces, preparados.

Todos esos cuidados, desvelos, preocupaciones y esfuerzos, sin embargo, se ven derruidos en buena parte cuando los padres cometen un error garrafal: cuando ellos delegan la educación de sus hijos en manos estatales y mentes mediocres. Un sistema educativo fallido que produce mentes como las de quienes lo han fundado y mantenido.

El contraste me impresiona. Ver el cuidado que los padres tienen con sus hijos y el descuido con el que la educación pública los trata, es algo extraordinario. Ese sistema educativo está orientado hacia dentro, hacia el beneficio de sus miembros. No se orienta a la buena educación de los alumnos, sino al beneficio de los afiliados al sindicato. Y lo que éste quiere es poder político. Los niños son lo de menos.

El sistema es malo en la calidad del servicio que brinda por dos razones. Una es su incapacidad para desarrollar habilidades en los alumnos: matemáticas, solución de problemas, raciocinio, curiosidad. Una prueba de esto es la nula lectura de libros en México.

La otra razón es más compleja de explicar. La falta de preparación de los alumnos en cosas como uso de la razón y solución de problemas, se debe a que tampoco los profesores tienen esas habilidades. Consecuentemente la enseñanza se llena con lo que sea, literalmente. Me refiero a las ideas de moda y políticamente correctas.

Les enseñan que no hay absolutos, que todo es relativo, que la máxima virtud es la tolerancia, que deben ser multiculturales, que la razón no es confiable, que no existe la persona, que lo máximo es el bienestar social, que su máxima ambición moral es ser ciudadanos, que la sociedad se divide en clases, que deben dar rienda suelta a su sexualidad, que ellos tienen cada vez más y más derechos, pero que no tienen obligaciones, que la realidad no existe, que cada quien ve las cosas a su modo.

Y salen así con una educación que les hace creer que están preparados para exigir derechos sin necesidad de obligarse a nada, pensando que lo merecen todo, que nadie puede limitar sus libertades. Y se enfrentan a una realidad para la que no están preparados, que tiene sus leyes y principios que necesitan habilidades que no tienen. No quieren que nadie se les imponga, pero ellos buscan imponerse a otros.

Son ahora repetidores de frases vacías que les enseñaron a tomar con sagradas, “justicia social”, “redistribución de la riqueza”, “bien social”, “voluntad mayoritaria”. Se han convertido en el sueño de todo gobierno: seres sin noción de su poder de razonar, que aceptan toda medida gubernamental sin preguntarse nada, que defienden su libertad sexual pero no la libertad económica.

Por supuesto, no todos los alumnos terminan en ese estado de pasividad mental e hiperactividad sensual. Algunos de ellos se salvan de la mediocridad educativa a que lleva lo políticamente correcto. Son los que superan un sistema que no valora la excelencia y que tiene pasión por la medianía, a la que premia y adula.

Esta situación es algo que me mueve en lo más hondo. Primero, por las consecuencias de largo plazo que tiene en el activo de las naciones, que no es otra cosa que su gente. Segundo, porque es algo que pasa sin atenderse ni comprenderse. ¿Cómo puede entenderse el cuidado de los padres con el descuido de la educación pública? Va más allá de mi comprensión


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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