Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Nuevo el Carnicero
Eduardo García Gaspar
20 abril 2009
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Uno de los principios económicos más conocidos y menos aceptados es el que establece que las buenas intenciones gubernamentales de las acciones que realiza se convierten generalmente en realidades de efectos negativos que a todos dañan. Un ejemplo reciente muestra esto.

¿Quién está en desacuerdo con la búsqueda de energías alternativas? Nadie por supuesto, pero hay formas de buscarlas que son mejores que otras. La forma gubernamental en este caso concreto, en EEUU en 2005, fue curiosa: un crédito fiscal selectivo a quien usara combustibles alternativos. Sonaba tan bien que en 2007, el crédito fue ampliado a más casos.

Quien se hubiera opuesto a tal medida habría sido considerado un inconsciente desalmado porque lo que incorrectamente se considera es el objetivo y no la forma. No está mal el objetivo, pero la forma es incorrecta. Una de las cosas que sucedieron es un ejemplo de eso que se llama la Ley de Efectos Inesperados.

La industria del papel en los EEU no usaba combustibles tradicionales, sino un a cosa que se llama black liquor. Es un combustible eficiente, subproducto de sus procesos, y que cae dentro de la definición gubernamental de combustible alternativo. Era sensacional que ya se usara desde mucho tiempo antes, sin necesidad de ningún incentivo gubernamental.

Ahora, gracias a la intervención gubernamental, una empresa papelera en los EEUU tendrá créditos fiscales calculados en mil millones de dólares para 2009. Pero hay más. Según la disposición fiscal, para recibir ese crédito, se tiene que cumplir con una condición, la de que el combustible alternativo sea mezclado con uno tradicional.

Es decir, ahora para recibir el crédito fiscal, las papeleras mezclan diesel con el black liquor y hacen su petición de crédito fiscal. Además, esos subsidios pueden ser con facilidad considerados ayudas indebidas en contra de proveedores de otros países. Total, lo de siempre, el gobierno cree que puede jugar palitos chinos con guantes de box.

Algún lector observará, no sin cierta razón, que las papeleras podrían haber actuado de cierta manera y no declararse sujetos del subsidio. Es cierto y si eso piensa alguien, lo invito a que la próxima vez que pague impuestos deje de usar algunas de las exenciones que la ley le permite y pague más impuestos de los que está obligado.

La forma más racional de enfrentar el problema de combustibles alternativos es otra, muy diferente y se basa en un principio negativo: que el gobierno no intervenga porque si lo hace provocará más males que bienes, como en este caso y muchos otros. Sin esa intervención, las papeleras habrían seguido con su black liquor y no se tendría una carga fiscal.

Los costos de los combustibles indicarían la conveniencia de su uso, como señales de decisión personal en cada empresa y familia. Los precios altos serían señales para ahorrar y buscar otros combustibles. Los precios bajos serían señales para mayor consumo y costos más bajos.

Los combustibles y la energía en general son demasiado importantes como para ser dejados en manos de los gobernantes, que en lo general son malos administradores sin sentido de eficiencia y sin responsabilidad patrimonial. Creen ellos que saben más que la gente, cuando en realidad saben menos. Y tienen una pasión descomunal por decirles a los demás lo que deben hacer.

Los casos de intervención estatal fallida son legendarios, tanto que suelen usarse una y otra vez como ejemplos de esa Ley de Efectos No Intencionales. Limite usted importaciones y sufrirá contrabando. Eleve salarios mínimos y tendrá desempleo. Controle precios y tendrá escasez. Regale agua y tendrá desabasto. Baje tasas de interés y tendrá una crisis. Imprima dinero y creará inflación. Tenga demasiadas regulaciones y burocracia y elevará la corrupción.

No son cosas difíciles de entender ni de explicar: el intervencionismo estatal es justificado porque, se dice, así corrige las fallas del mercado libre. Pero el mercado libre es como un cirujano, que puede tener errores, y el gobierno es como un carnicero que con sus cuchillos quiere hacer la misma operación que el cirujano.

Post Scriptum

Los datos del crédito fiscal en EEUU son de Kimberly A. Strassel en Alternative Fool Folly (WSJ 17 abril 2009)


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