Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Deseos De Año Nuevo
Eduardo García Gaspar
5 enero 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Era uno de los más clásicos restaurantes de barrio en los 60. Sus clientes fieles eran los que vivían cerca de él. Su propietario debía estar satisfecho con lo que hacía y había logrado. Todos ganábamos con la existencia del negocio. El dueño había hecho realidad uno de sus deseos. Y quienes éramos sus clientes disfrutábamos mucho.

Igual puede decirse de otros. Los hay que desean poner una fábrica de jabones, o estudiar fotografía, o ser ministros religiosos, o trabajar en hoteles. Cada persona tiene sus ambiciones, deseos, metas, proyectos, como se les quiera llamar. Algunos son principales, otros son secundarios, pero en su conjunto forman eso que cuando se alcanza en algún nivel se llama felicidad.

Nunca se llega a la total felicidad y en ocasiones hay contrariedades fuertes, momentos de infelicidad. Pero no hay duda de que cada persona tiene sus deseos y los quiere verse cumplidos. Si esos deseos no dañan a los demás directamente, el trabajo de cada persona por lograr su felicidad se parece mucho a la idea cristiana de la co-creación.

Eso significa pensar que Dios nos ha hecho responsables también de la Creación. Es lo que en términos laicos puede llamarse realización personal y se justifica con plenitud dada la posibilidad humana de razonar, decidir y hacer. En otras palabras, el ser humano actúa, decide hacer con metas que él ha definido como deseables. Es parte de nuestra naturaleza: decidir por nosotros mismos lo que queremos y lograrlo con nuestro propio esfuerzo.

El tema bien vale una segunda opinión ya que es la época en la que hacemos nuestras intenciones de Año Nuevo, que son al final de cuentas, deseos que quieren cumplirse, que queremos realizar por nosotros mismos.

Surgen, en esto, dos problemas importantes.

Uno es el del ser humano que, por la razón que sea, permanece estático y no tiene deseos, o no actúa para lograrlos.

El segundo problema es el de la existencia de alguien que tiene el suficiente poder como para impedir a otros el logro de sus metas. Veamos cada uno.

Dije que un problema es el del ser humano que carece de deseos, metas, ambiciones, o que aunque los tenga no hace nada por alcanzarlos. Esta persona sufre de indolencia y en verdad renuncia a su potencial de creación. En el fondo es un egoísta que impide a los demás el beneficio de sus acciones… como hubiera sucedido si el propietario de ese restaurante no hubiese trabajado para abrirlo y mantenerlo durante décadas.

El otro problema que mencioné es el de la existencia de alguien que impide que las personas realicen sus metas, o que cobra una cuota por dejarlas que las alcancen. Existe ese alguien y se llama gobierno: cobra impuestos por dejarnos alcanzar la felicidad e impone reglas que obstaculizan alcanzarla.

Cierto que algunas reglas son necesarias para evitar conductas indebidas y solucionar conflictos personales, pero no son muchas ni deben ser complicadas. Cuando estos mínimos se rebasan, sí puede decirse que la autoridad está excedida y debe retraerse a su papel esencial y nada más allá.

Estos dos problemas se unen en una situación que es en extremo desagradable: cuando el gobierno sustituye a la persona y se encarga de su felicidad. En esta situación, ya no es la persona quien decide sus deseos y actúa para alcanzarlos, sino el gobierno. Ya no es la persona quien trabaja y goza sus triunfos y padece sus fracasos, sino un burócrata quien le dice que se va a encargar de cuidarla desde que nace hasta que muere.

Los deseos de Año Nuevo, no importa si son grandes ambiciones o metas pequeñas, tienen una gran cualidad, la de mostrar el potencial que cada persona piensa tener. Lograr las metas por uno mismo es la mejor sensación que puede tenerse, y que no sería posible sin la contrapartida de sufrir fracasos.

No creo que haya nada tan triste y desolador que la existencia de seres humanos que dejen de serlo aceptando que un gobierno haga las cosas por ellos: el burócrata decidirá las metas personales de otros y les prometerá alcanzarlas. Aceptar esa sustitución es igual a perder lo humano que tenemos. Es renunciar a ser co-creadores, a dejar en manos de otros nuestra propia realización.

No creo que nadie vaya en estos días a una oficina de gobierno a pedir que la burocracia decida sus intenciones personales de Año Nuevo y luego se siente en un sillón esperando que se las cumplan. Y sin embargo, eso mismo es lo que sucede durante todo el año cuando la persona permite que el gobierno la cuide por medio del Estado de Bienestar que aquí padecemos.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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