Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dios Como El Genio
Leonardo Girondella Mora
27 mayo 2009
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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Una persona cualquiera dice algo que piensa es concluyente —dice que Dios no existe, una afirmación que algunos hacen con gran convicción. Lo interesante es la justificación que la persona da: dice que Dios no existe porque cuando  ella le ha hecho peticiones, nunca se han cumplido.

No creo que sea un caso aislado el que presenta ese razonamiento —consiste en un argumento que tiene lógica interna. Una persona cualquiera pasa por una situación indeseable, como la enfermedad de un familiar, y piensa en Dios, a quien pide la salud de su familiar, quien no mejora de inmediato o incluso muere.

La reacción ante situaciones genéricas de ese tipo es comprensible —la persona ha solicitado un favor al ser que piensa lo puede hacer  todos y el favor no es concedido, de lo que se deduce que tal ser no existe pues no se conmovió ante el sufrimiento de quien le ha pedido un favor.

Dije que esa situación tiene consistencia interna —pero descuida el entendimiento del fenómeno, que es lo que intentaré explorar con brevedad a continuación.

En primer lugar, debe examinarse el escenario opuesto al explicado antes —si la persona no obtuvo de Dios el favor pedido, ahora debe verse la otra situación, una en la que todo favor pedido es concedido. Todos sin excepción.

Si esto llegara a ocurrir, no tengo duda de que las personas transformarían su vida de forma radical. Podrían ellas lograr su deseo con tan sólo pedirlo, cualquier deseo. Podrían pedir el alivio de su cáncer, el ganar la lotería, el buen matrimonio de sus hijos, lo que sea, hasta ganar en Las Vegas.

El problema de esta situación es la conversión de Dios en una versión mejorada del genio de la lámpara que sólo concedía tres deseos —este Dios concedería todos los deseos, los que sean. Esto cambiaría las cosas porque así el ser superior sería convertido en un criado al servicio de las personas y por eso ya no sería el ser superior.

En segundo lugar, si se entiende a Dios como el ser que no tiene un superior y que él reúne lo infinito de la virtud y la sabiduría, sólo queda la opción de razonar que él sabe más que nosotros y que debe existir una razón por la que algunas de las peticiones que se le hacen no son concedidas.

El genio de la lámpara es un simple mago con capacidad de conceder sin límites —¿quieres ser muy rico?, presto, allí está la fortuna mayor del mundo, o las mujeres más bellas, o un reino al que gobernar sin límites. El genio concede todo, lo bueno y lo malo, sin consideración a los efectos que eso produce.

Si Dios es el ser superior que por definición suponemos, no podría actuar de ese manera. Tiene que seguir ciertos principios, como quizá los siguientes.

A. Concederá a la persona lo que él sabe que es mejor a la larga para ella —sin duda una idea difícil fácil de comprender cuando quizá se le pida tener una fortuna monetaria considerable. Pero mucho más compleja de entender cuando se le pide por la salud de la esposa.

B. Dios pide además fe, una confianza absoluta en él, total y sin condiciones. La idea va más allá de lo que suele ser entendido como fe: el creer como cierto lo que otro dice. Para comprenderlo, cito el texto del Catecismo Católico:

1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que El nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque El es la verdad misma. Por la fe ‘el hombre se entrega entera y libremente a Dios’ (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. ‘El justo vivirá por la fe’ (Rm 1, 17). La fe viva ‘actúa por la caridad’ (Ga 5, 6).

1816 El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: ‘Todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia’ (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: ‘Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos’ (Mt 10, 32-33).

Si combino las dos consideraciones, A y B, con lo absurdo de un Dios que todo lo concede, sólo queda una salida: confianza en Dios por encima de la concesión o negación de los favores que le pedimos.

¿Satisface lo anterior a todos? Por supuesto que no. Muchos podrán alegar que Dios no hace nada frente al sufrimiento, que deja que las personas padezcan sin causa ni necesidad —ante lo que reaccionan diciendo que un Dios así, si es que existe, no puede ser bueno y no merece respeto.

En esta reacción, comprensible, falta el elemento clave de la fe, que es esa entrega completa y voluntaria a Dios —lo que me lleva a considerar otro escenario, adicional al del genio de la lámpara, el de una situación en la que no haya necesidad de fe. En este caso, se supondría que la existencia de Dios quedara demostrada científicamente y sin dudas, lo que provocaría la creencia obligada en él. En este escenario tampoco habría necesidad de fe.

Concluyo que la clave se encuentra en esa palabra, fe.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


1 comentario en “Dios Como El Genio”
  1. Oscar Recio Dijo:

    Además, somos como el niño que desde el piso vemos a nuestra madre bordar y no visualizamos bien lo que borda. Al momento que estemos en su regazo y veamos "desde arriba" el bordado, lo entenderemos.

    Saludos





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