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¿Discutir sobre el aborto?
Selección de ContraPeso.info
30 marzo 2009
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
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ContraPeso.info presenta dos ideas sobre el tema del aborto, reproducidos aquí gracias a la amable cortesía de Análisis Digital. La primera idea es de Max Silva, doctor en Derecho. La idea central del escrito es directa: no existen razones que siquiera justifiquen discutir la posibilidad de abortar.

Un intenso debate han originado las declaraciones del candidato presidencial de la Democracia Cristiana, en el sentido de estar dispuesto a debatir sobre el aborto terapéutico.

El tema del aborto, terapéutico o no, va mucho más allá de las solas creencias religiosas, como usualmente señalan sus partidarios. En realidad, es un viejo truco para desautorizar a quienes nos oponemos al mismo. De hecho, existen poderosos argumentos no religiosos contra el aborto.

Creo que la clave de toda esta cuestión es si somos o no coherentes con el valor de la vida inocente y su consideración como el principal derecho humano del cual dependen todos los demás. Porque en el fondo, el aborto conlleva desconocerle este derecho al no nacido, en pos de otros intereses, sin importar cuáles sean.

En efecto, si somos honestos con los genuinos derechos humanos, el respeto de la vida inocente no puede sufrir nunca excepción. Es por ello que se trata de un tema “no negociable”, porque jamás y bajo ninguna circunstancia es lícito matar a un inocente, cualquiera sea el estado en que se encuentre.

De ahí que resulte contradictorio sostener, como en este caso, que se es defensor de la vida y al mismo tiempo, estar abierto a debatir sobre la posibilidad de atentar contra ella. En efecto, si realmente es un asunto “innegociable”, el hecho de ponerlo en el tapete para su eventual revisión ya implica quitarle dicho carácter: si se dice defender la vida a brazo partido, ¿no es ya traicionarla siquiera plantear la posibilidad de acabar con ella?

Además, daría la impresión que el consenso tuviera la facultad para alterar o incluso crear la realidad a nuestro antojo, como en este caso, en que por esta vía, se quita la personalidad al no nacido, por mucho adorno que se le ponga a la cuestión.

Sin embargo, cualquiera entiende que existen muchas materias que nadie en su sano juicio admitiría debatir, precisamente por ser “innegociables” –al margen de la religión que se tenga–, y que sería absurdo calificar esto de “retrógrado”, “oscurantista” o lo que sea.

En efecto, ¿aceptaría alguien legitimar por consenso la pedofilia, volver a la esclavitud, extinguir deliberadamente a los elefantes o envenenar las aguas de los océanos, por ejemplo? Por mucha “apertura”, “progresismo” o “tolerancia” que se diga defender, nadie cuerdo pensaría siquiera abrir el debate sobre estos y otros muchísimos temas.

No existen, por tanto, verdaderas razones (entiéndase: razones lógicas, no intereses o conveniencias) para siquiera discutir el tema del aborto, terapéutico o no. Además, ya la historia de multitud de países ha demostrado que el llamado aborto “terapéutico” es sólo el primer paso para su total liberalización. No seamos tan ingenuos.

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La segunda idea es de Fernando Pascual, profesor de Filosofía. Su argumento en contra del aborto es el de la paradoja actual que incluye al mismo tiempo la preocupación por los derechos animales y la despreocupación por los derechos humanos.

Ocurre, en algunos lugares del planeta, que se concentran centenares de personas para protestar contra las corridas de toros o contra el modo de tratar a los animales en algunas granjas.

 En esos mismos lugares, y a veces cerca de donde pasa la manifestación antitaurina, hay edificios en los que se practica el aborto de embriones y fetos humanos.

Frente a esos edificios son escasas, y a veces están prohibidas, las manifestaciones de los grupos pro vida que buscan salvar a seres humanos muy pequeños y desprotegidos.

La presencia de gente en la calle no refleja, desde luego, la mentalidad de un pueblo. La vistosidad de una manifestación en favor de los animales no es sinónimo de que, para la mayoría, sea más importante la vida de un animal que la vida de los seres humanos.

 Pero surge la pregunta: ¿no merecerían los embriones humanos un esfuerzo constante y eficaz por parte de todos los defensores de la justicia para que no se llegue nunca a la opción de abortar a un hijo? ¿No falta una auténtica movilización de las conciencias para contrarrestar la muerte de tantos miles y miles de seres humanos por culpa del aborto?

Para tranquilidad de quienes defienden de modo correcto lo que merecen los animales, el esfuerzo en favor de los embriones humanos no implica despreocuparnos de las palizas que puedan sufrir los perros callejeros, ni tampoco desinteresarnos ante algunos sistemas de explotación excesiva en los que viven animales en las “granjas industriales”.

Pero a la hora de actuar, hace falta descubrir, desde una simple reflexión sobre la dignidad humana, que primero están los seres humanos, y luego los animales. No sólo porque también los seres humanos son “animales” dignos de respeto (aunque, por desgracia, hay quien prefiere estar entre gatos que entre hombres), sino porque en cada hombre y en cada mujer se esconde un tesoro de riquezas y de posibilidades por su apertura al conocimiento y su capacidad de amar.

Una de las urgencias de nuestro mundo consiste en tutelar la vida de los embriones humanos. No es justo ningún pueblo que permite cercenar en sus inicios la existencia de miles de hijos. La vida de esos seres humanos en pequeño merece ser tutelada, acogida, ayudada. Así algún día también ellos podrán tender su mano a otros seres humanos, y aprenderán que el respeto a la vida implica un trato adecuado (aunque nunca igual al que se ofrece a los hombres y mujeres que conviven con nosotros) a los animales que embellecen nuestras ciudades y nuestros campos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “¿Discutir sobre el aborto?”
  1. Rodrigo Dijo:

    La opinión de Max Silva, quien dice que no debe hablarse del aborto, ni dialogarse sobre el tema, es débil. Si siguiera su consejo, no habría siquiera escrito eso. La defensa del aborto implica por obligación la necesidad de hablar con los contrarios. La negación del diálogo no implica que se acepte la opinión opuesta.





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