Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dogmas de Texto
Leonardo Girondella Mora
14 septiembre 2009
Sección: ESCUELAS, Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en: ,


Los autores del libro de texto, dedicado a adolescentes de unos 13 años, prometen al inicio de su obra que no será dogmático su curso —dicen al alumno, “vas a cursar la materia de Formación Cívica y Ética sin esperar que el profesor te diga, de manera dogmática, que es lo que debes valorar y qué no” (p. 17).

Definen ellos mismos como “dogmático” a lo que no se cuestiona. Y, sin embargo, de la misma manera, sin cuestionamientos, tratan la inmensa mayoría de sus temas. Por ejemplo, sostienen (p.58) que existen conflictos entre las personas y que ellos deben resolverse por medio del diálogo entre las partes, que era, dicen, como lo hacía Sócrates.

Olvidan que en esos diálogos, por encima del ellos, existía la búsqueda de la verdad —la existencia de un criterio externo a las partes y que evitaba que el diálogo fuese una exposición sin sentido de razones personales.

Más tarde (p. 72) hablan del “amor de pareja”, esquivando totalmente, y en toda la obra, la idea de matrimonio —otro aspecto que tratan sin cuestionar, dando por sentado que no hay matrimonio, sino parejas.

Estoy examinando la obra de Ana Lilian Rodríguez e Ivonne Klein, Formación Cívica y Ética 1, para el segundo grado de secundaria, Ediciones SM, 2008 —y probando que contradicen su intención de presentar ideas cuestionándolas. Su presentación es esencialmente dogmática.

De lo más dogmático que imponen a los alumnos es tomar como causas de todo bien a los gobiernos y organismos internacionales —por ejemplo, (p.77) dicen que “Al Estado le toca establecer leyes que te protejan y aseguren tu bienestar”, lo que quiere decir colocar a la constitución y a la ONU, en otras ocasiones, como los protectores y fuente del bien, sin cuestionarlo.

Otra fuente del bien es la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, de 2000, en México, que establece entre otras cosas que esas personas a esa edad deben recibir información sobre anticonceptivos y disfrutar de libertad sexual (p.79). Aceptan lo que la ley establece sin dudarlo, ni examinar consecuencias y, más aún, recomiendan a los adolescentes demandar a la autoridad si eso no se cumple (p.97).

El tema continúa (p. 96), donde sin cuestionarse nada, se le dice al adolescente de unos 13 años que, “tienes derecho a recibir condones y píldoras del día siguiente en los centros de salud sin que te exijan un permiso de tus padres”. El joven que está a 5 años de la mayoría de edad, es retirado de la autoridad de sus padres por el gobierno. Nunca mencionan la necesidad de hablar con los padres, al contrario.

Y, allí mismo, se le dice que “las decisiones sobre tus parejas deben ser sólo tuyas” —no es error, dice “tus”, en plural. No hablan de la promiscuidad que esta recomendación acarrea.

Más adelante, (p.101) dicen que “en muchas culturas se espera que las mujeres… se preocupen por cuidar su virginidad… Estos estereotipos han traído como consecuencia prejuicios e injusticias” —no cuestionan su opinión, reconociendo que la opción de la abstinencia es real.

Se afirma en otra parte (p.247) que “a partir del descubrimiento y utilización de la pastilla anticonceptiva, la mujer tuvo posibilidad de planear y decidir su vida reproductiva y sexual” —una afirmación que supone que sólo evitando embarazos o suspendiéndolos puede tenerse vida sexual, algo que no cuestionan y establecen dogmáticamente.

En otra parte (p.127) mencionan que “Los métodos de prevención eficaces [de protección sexual] son el uso del condón, mantenerse adecuadamente informado y evitar cualquier contacto sexual con una persona que ha padecido” enfermedades transmitidas sexualmente —no cuestionan su punto, aceptando que existe otra manera, la abstinencia.

Aceptan sin cuestionar lo que digan los organismos que convienen a sus propósitos, como la dudosa definición de salud de la OMS — e insisten (p.161) en aceptar como fuente de moral a “una serie de luchas y conquistas sociales que hoy se encuentran plasmadas en la Constitución” de México.

Insisten en ese punto (p.189): “Tuvieron que pasar muchos siglos para que esos derechos fueran reconocidos. El cambio fundamental que posibilitó su reconocimiento en el siglo XVII fue pensar que las sociedades son organizaciones humanas y que por lo tanto dependen de los seres humanos y no de algún mandato divino”

La frase es lo bastante confusa como para llevar a interpretaciones varias, como la de retirar de los monarcas el derecho divino a gobernar, el que ellos trasladan a organismos como la ONU, la OMS y el gobierno. Pero contiene inexactitudes, ya que en realidad la dignidad humana es una noción básica de la cultura judeo-cristiana, mucho muy anterior al siglo XVII.

El punto es reiterado en otra parte (p.201), al decir que, “los derechos humanos representan una gran conquista por dos razones: por un lado, porque han sido determinados por acuerdo de diferentes comunidades, lo que ha  posibilitado la existencia de un trabajo en equipo; por otro lado, este proceso ha permitido establecer valores que deben regir universalmente”.

La afirmación es asombrosa —el poder dogmático para determinar los derechos está en equipos de trabajo, cuyas decisiones no se cuestionan y simplemente se aceptan para ser obligatorias en todas partes, como se insiste otra vez hablando de los derechos políticos y recurriendo a lo que la ONU establece.

He examinado porciones del libro de texto en cuestión —uno dedicado a la formación ética de adolescentes de alrededor de los 13 años y a quienes se prometió instruirlos sin dogmatismo, pero que en la realidad hace recomendaciones que no son puestas en tela de juicio, a pesar de tener un valor muy dudoso.


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