Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Domingo Ramos B
Textos de un Laico
3 abril 2009
Sección: Sección: Asuntos, Y TEXTOS DE UN LAICO
Catalogado en:


• La segunda lectura (Filipenses 2, 6-11) nos da una gran visión de los sucesos recordados este domingo. “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte en cruz”.

Es el mayor acto de amor jamás realizado. Nuestro mismo creador se hizo semejante a nosotros y se humilló por nuestra salvación hasta padecer la muerte. Ése es nuestro punto de partida en este domingo: Dios, nuestro Creador, convertido en hombre y sujeto a un sacrificio voluntario por causa de nuestra salvación.

• Antes, en la primera lectura (Isaías 50, 4-7), había palabras proféticas. “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a los que tiraban mi barba; no oculté la cara ante los insultos y salivazos. El Señor me ayuda, por eso soportaba las ofensas, por eso endurecí mi cara como una piedra, sabiendo que no quedaría defraudado”.

Las ideas son similares a las del salmo responsorial. “Todos los que me ven se ríen de mí, hacen muecas, menean la cabeza… Me acorrala una jauría de perros, me cerca una banda de malvados: taladran mis manos y mis pies, puedo contar todos mis huesos… Se reparten mis ropas, se sortean mi vestido”.

A lo que después se añade, “Pero tú, Señor, no te quedes lejos, fuerza mía, date prisa en socorrerme… Anunciaré tu nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea. Los que respetan al Señor, alábenlo; glorifíquenlo, descendientes de Jacob, témanlo, descendientes de Israel”.

Es decir, ese acto de Dios mismo tiene un objetivo, nosotros mismos, nuestra salvación. Jesús es nuestra fuerza, nuestro socorro y nosotros anunciaremos su nombre como salvación.

• El evangelio de hoy (Marcos 14, 1-72; 15, 1-47) narra la Pasión de Jesús. Inicia diciendo, “Faltaban dos días para la fiesta de pascua y de los panes sin levadura. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando el modo de arrestar a Jesús… Estaba Jesús en Betania… cuando llegó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un perfume de nardo puro, que era muy caro. Rompió el frasco y lo derramó sobre la cabeza de Jesús… la criticaban. Pero Jesús les dijo: ‘Déjenla. ¿Por qué la apenan? Ha hecho conmigo una buena obra. A los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden socorrerlos cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se anuncie la buena noticia será recordada esta mujer y lo que ha hecho’”.

Continúa la narración: “El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, sus discípulos preguntaron a Jesús: ‘¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de pascua?’. Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: ‘Vayan a la ciudad y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo, y allí donde entre digan al dueño: El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi sala, en la que voy a celebrar la cena de pascua con mis discípulos?’ El les mostrará en el piso de arriba una sala grande y bien alfombrada. Preparen todo allí para nosotros’. Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, encontraron todo tal como Jesús les dijo y prepararon la cena de pascua”.

Posteriormente, “Durante la cena, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió, lo dio a sus discípulos y dijo: ‘Tomen, esto es mi cuerpo’. Tomó luego un cáliz, pronunció la acción de gracias, lo dio a sus discípulos y bebieron todos de él. Y les dijo: ‘Esta es mi sangre, la sangre de la alianza derramada por todos. Les aseguro que ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día aquel en que beba un vino nuevo en el reino de Dios’”.

Más tarde, “Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, dijo Jesús a sus discípulos:
‘Siéntense aquí, mientras yo voy a orar’. Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan; comenzó a sentir miedo y angustia, y les dijo: ‘Me muero de tristeza. Quédense aquí y velen’. Y avanzado un poco más, se postró en tierra y suplicaba que, si era posible, no tuviera que pasar por aquel momento. Decía: ‘Padre, todo te es posible. Aparta de mí este cáliz de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú’.

Se presenta ahora un tumulto de personas que “se abalanzaron sobre él y lo arrestaron… Condujeron a Jesús ante el sumo sacerdote y se reunieron todos los pontífices, los escribas y los ancianos… buscaban una acusación contra Jesús para darle muerte, pero no la encontraban… Entonces el sumo sacerdote tomó la palabra en medio de todos y preguntó a Jesús: ‘¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?’. Jesús contestó: ‘Yo soy, y verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo’… Todos juzgaron que merecía la muerte. Algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole la cara, le daban bofetadas… luego llevaron a Jesús atado y lo entregaron a Pilato”.

“ Pilato le preguntó: ‘¿Eres tú el rey de los judíos?’ Jesús le respondió: ‘Tu lo dices’. Pilato lo interrogó de nuevo, diciendo: ‘¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan’. Pero Jesús no respondió nada más, de modo que Pilato se quedó extrañado… Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús para que lo azotaran, y, después, lo crucificaran”.

“Los soldados lo llevaron al interior del palacio… Lo vistieron con un manto rojo y, trenzando una corona de espinas, se le pusieron. Después comenzaron a saludarlo, diciendo: ‘¡Salve, rey de los judíos!’. Lo golpeaban en la cabeza con una caña, lo escupían y, poniéndose de rodillas, le rendían homenaje. Después de burlarse de él, le quitaron el manto rojo, lo vistieron con sus ropas y lo sacaron para crucificarlo”.

“Condujeron a Jesús hasta el Gólgota… Le daban vino mezclado con mirra, pero él no lo aceptó. Después lo crucificaron y se repartieron su ropa, sorteándola, para ver qué se llevaba cada uno… Los que pasaban por allí lo insultaban, haciendo muecas… de la misma manera los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban de él… Hasta los que habían sido crucificados junto con él lo insultaban”.

“Al llegar el mediodía, toda la región quedó a oscuras hasta las tres de la tarde. A esa hora Jesús gritó con voz potente: ‘Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní? Que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’… Entonces Jesús, dando un fuerte grito, expiró. La cortina del templo se rasgó en dos de arriba abajo. Y el oficial romano que estaba frente a Jesús, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: ‘Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios’.

Estas palabras son las que resuenan y se quedan. Imposible es decir nada más. Realmente era el Hijo de Dios. Dios mismo hecho hombre, padeciendo por nuestra salvación.


La idea de Textos de un Laico nació en 2004: el intentar encontrar los comumes denominadores de las tres lecturas de la misa católica de cada domingo. La colección completa de los comentarios sobre los textos dominicales de la misa católica pueden ser encontrada en ContraPeso.info: Textos de un laico.

Eclesiastés 3

1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.





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