Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Crisis, Una Peor
Eduardo García Gaspar
4 agosto 2009
Sección: ETICA, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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La crisis es económica, al menos en la superficie. Es lo que puede palparse, lo que se ve y de lo que hablan los medios a diario. Mencionan cifras, índices. Hablan de recuperación y de caídas. Pero, también, la crisis ha ocasionado algo más profundo.

En la superficie están las menciones que buscan explicaciones, algunas razonables, pero otras sustentadas en la búsqueda del culpable al que se pide sacrificar. No es malo buscar explicaciones sólidas o razonables, como en los antecedentes de una política monetaria laxa y la aplicación de criterios políticos a cuestiones económicas.

Pero ha habido una serie de comentarios que son más profundos. Sí, son menos numerosos, pero de mayores consecuencias. Es esa serie de reflexiones que en común buscan explicaciones morales, las que van al fondo de la vida humana. En lo general, esas reflexiones muestran un común denominador.

Y ese común denominador lo conocemos como pérdida de valores: el dejar de considerar como valiosas creencias en el esfuerzo, la honestidad, la rendición de cuentas, la prudencia, el respeto por el mérito y la capacidad… No sigo porque se sabe de lo que se habla, cosas como el dominio sobre sí mismo, la costumbre de hablar con la verdad, la intención de no lastimar a nadie.

Una persona lo expresó bien cuando dijo que hay algo podrido en las sociedades que exaltan al futbolista que mete goles con la mano y se enorgullece de ello, o que consideran celebridad a quien se droga y emborracha, o a quien se acuesta con quien sea. Es una buena manera de expresar lo que quiero decir.

Lo he escuchado expresar de otra manera, una muy ruda y cruel: ha sido dicho que las cuestiones morales son ahora un asunto que se decide entre abogados y juicios de demanda. Quien gane un juicio es el que ha hecho algo moral y lo contrario. Ser moral, en esto, es ser lo suficientemente hábil como para hacer lo indebido sin ser sorprendido.

Todo esto está expresado en esa frase de pérdida de valores, el poner de lado a los principios que por decisión propia guían la libertad. Recuerdo a una conferencista auto designada como experta sexóloga, que predicaba la opresión que tiene la persona cuando ella no puede dar rienda suelta a sus instintos sexuales. Controlar los instintos, dijo, era contrario a la naturaleza humana.

Esa pérdida de valores  ha sido fabricada intencionalmente. Por ejemplo, con el fomento extremo de la tolerancia, ella ha sido convertida en una excusa de inacción: nadie puede ser juez de lo que otro haga o piense, así sea caer en lo más bajo de la existencia humana. Es como una conversión malévola que invierte el papel de la moral, a la que vuelve opresiva y limitante de la libertad.

Es un descartar a la ética porque ella oprime. Ya no se necesitan preceptos en épocas modernas. Las reglas morales son vistas como pasadas de moda, pensamientos atrasados que sólo son imposiciones indebidas de entidades como las religiones o filosofías que han sido rebasadas.

Es un juego en el que la persona pierde siempre a la larga. Creyendo que defiende sus libertades, las pierde. Pensando que aprovecha una creciente lista de derechos, renuncia a los más centrales. Está dispuesto a defender la vida de algún animal, pero usa medios que lastiman a personas. Se preocupa por el estado de la atmósfera, pero miente cuando eso hace. Defiende a la humanidad, pero mata personas.

Sí, existe una crisis económica considerable y solucionarla es una prioridad. Pero también esta situación es una oportunidad para mostrar que hay otra crisis más grave aunque menos tangible: la pérdida de la capacidad para distinguir lo que está bien de lo que está mal. Ahora el mejor de los estados mentales, es imaginar que nada hay por lo que vale la pena luchar (la letra de la canción de Lennon).

La real crisis es una en la que no se puede depender ni de las soluciones de mercado, ni de los dictados gubernamentales. Ni mercados ni gobiernos son fuentes de moral. Son sujetos de moral, no sus creadores. Y la moral es un ente externo, real, que no se ignora sin consecuencias.

Las cifras de desempleo cuentan una historia dramática, pero aún más grave es lo que no aparece en números: pérdida del sentido religioso, burla de las normas éticas, ausencia de sentido común moral, exaltación de los excesos como admirables, desprecio de las virtudes como indeseables.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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