Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Economía En Un Bar
Eduardo García Gaspar
19 mayo 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


Pedí un vodka en las rocas. El trago costaba en ese bar, 40 pesos.

Si en cada botella de un litro de esa bebida hay, digamos, 33 onzas, ella dará tragos por un total de 1,320 pesos.

El costo de esa botella en el mercado es de unos 100 pesos.

Total, el margen de utilidad de la botella es de unos 1,220 pesos.

Supongamos, de seguro, que salen menos tragos, unos 25, aún así el diferencial de precio es grande y suele ocasionar la queja de siempre.

Los clientes comentan que el bar vende en 40 pesos lo que cuesta tres o cuatro pesos. Claro que la queja es infundada, porque el bar no ha vendido al cliente una copa de vodka o de lo que sea que haya pedido.

Le han vendido más que una onza y media de vodka: agua quina, hielo, limón, vaso, silla, mesa, mesero, luz aire acondicionado, piso, techo, servilletas, limpieza… muchos elementos tangibles e intangibles que en total el propietario del bar creyó que el cliente estaría dispuesto a pagar con 40 pesos.

El fabricante de la bebida no puede quejarse de que el bar vende su vodka en 40 pesos digamos y que se está lucrando indebidamente con su marca.

Tampoco el cliente puede alegar que el precio es injusto porque puede comprar el mismo vodka en el supermercado a un precio mucho menor.

El productor de café está en el mismo caso: no puede alegar que las cafeterías venden su café a precios mucho mayores que lo que él cobró. Cada uno vende cosas diferentes.

Uno vende el café en grano, pero otro vende el café en un establecimiento, que es muy distinto.

Si alguien quiere tomar una onza de vodka a tres pesos, que vaya al supermercado, lo compre y luego abra la botella y sin vaso, al aire libre, beba de la botella. Si va a su casa, usa un vaso, hielo, agua quina, el costo será mayor, aunque no se dé cuenta.

Lo mismo va para una hamburguesa. Tomemos un kilo de carne molida a 65 pesos, con la que se hacen 8 piezas, con uno costo unitario de unos 8 pesos.

Si la misma hamburguesa se vendiera en un restaurante a 50 pesos, se creería, erróneamente, que la utilidad es de más de cuarenta pesos. Se olvida el pan, los aderezos, el cocinero, la parrilla, el gas, el empaque, la cajera, el mesero, las sillas.

Y la cosa se complica aún más por otra razón: en realidad poco importan los costos de producción de un bien.

Lo que en verdad cuenta es la valoración del comprador. Si él piensa que vale 50 pesos lo que costó producir 100, o que vale 100 pesos lo que costó producir 10, ésa es la opinión que cuenta.

Conviene aclarar estas cosas porque aún predomina la idea de que los costos de producción son los que determinan los precios de venta de los bienes y que los precios justos son los que suman una utilidad razonable a los costos de producción.

La realidad es exactamente la opuesta.

Son los precios que el comprador está dispuesto a pagar lo que determina los costos: el productor cree que puede vender sus bienes a cierto precio y sobre eso calcula sus costos, no al revés como suele creerse.

Por eso es irrelevante ver el costo del vodka en un restaurante sin considerar los costos adicionales, pero sobre todo porque lo que vale es la disposición del cliente a pagar esos 40 pesos, quizá más, quizá menos.

El tema bien vale una segunda opinión por la cantidad de decisiones que pueden tomarse bajo premisas equivocadas.

Es común entre gobernantes que se cometan esos dos errores. Uno es el creer que el costo de un filete de pescado en un restaurante es igual a lo que vale ese mismo pescado en un mercado a la orilla del mar.

El otro error, aún mayor, es creer que los costos de producción determinan los precios que los bienes deben tener.

Sería como pedirle a un pintor famoso que pusiera precio a sus cuadros de acuerdo con lo que le costaron la tela y las pinturas que usó. Son los precios, es decir, la valuación del comprador lo que determina los costos.

Todo esto prueba que un viendo la realidad de un bar y con un poco de perspicacia es posible estar en una clase de Economía, en muchas ocasiones más provechosa que sentarse frente a un profesor que traza curvas incomprensibles y anota fórmulas enigmáticas.

La Economía es una ciencia del comportamiento humano que está al alcance de todos y que resulta en extremo agradable cuando ella se examina con un vodka frío esperando que lleguen los amigos.

Post Scriptum

Un concepto de moda, el de comercio justo, ha sido empleado para mostrar supuestas injusticias en los  precios.

La cuestión no es tan simple, como se demuestra en ¿Ayuda a Los Pobres El Comercio Justo? Hay una crítica a la creencia de los costos de producción como base del precio en Venta: Dalí al Costo.

No sólo los bares pueden ofrecer clases de Economía, también la Milagrosa Lata de Jugo.

Quizá la herencia intelectual del marxismo sea la culpable de creer que los costos son los que determinan los precios, concretamente el costo del trabajo, dejando de lado los otros costos, pero sobre todo ignorando incomprensiblemente la valoración subjetiva de los bienes.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. 





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