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Economía Sin Matemáticas
Selección de ContraPeso.info
9 enero 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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Hay una interesante discusión en los terrenos económicos —que en palabras comprensibles se tiene por causa de dos opiniones: unos dicen que es posible reducir a expresiones numéricas y sus refinados tratamientos el comportamiento económico de las personas; los otros dicen que no es posible tal uso de las matemáticas.

Toda la discusión quizá se concentra en aceptar o no, si las leyes económicas son cualitativas o cuantitativas —por ejemplo, ¿puede medirse la utilidad que un bien cualquiera representa para las personas, digamos un kilo de tomates? Unos dicen que sí, otros que no.

La impresión mía, general, está inclinada con fuerza a una posición negativa. No pienso que la conducta humana pueda ser sujeta de tratamientos matemáticos que consideran posible el uso de números. Una decisión de compra necesita sin duda supuestos por parte del comprador; supuestos acerca de la utilidad del bien comprado en un momento dado dentro de una situación de recursos limitados y una comparación contra decisiones alternas.

A lo más que puede ambicionarse es a entender que en un momento dado, bajo circunstancias muy concretas ambientales y personales, una persona cree que una acción es mejor que otra y, por eso la realiza —se trata, cuando mucho, de una colocación ordinal de acciones alternas circunscritas a un momento. No hay nada más allá que apunte a la existencia de cálculos de utilidad de mayor precisión que la ordinal.

Un comprador, por tanto, calcula que algo es mejor que el resto de las opciones posibles de acción, y la realiza —el mayor refinamiento posible es esa colocación de decisiones en un orden de utilidad percibida, que no mide la distancia entre las acciones, tan sólo el orden: similar en una carrera de maratón en la que los tiempos no se miden, sino únicamente el orden de llegada a la meta.

Esto, que sucede en la mente de cada comprador y dentro de sus circunstancias concretas puede verse en principios cualitativos ciertos: las reducciones de precios producen mayores compras y viceversa. Esto equivale a decir que las leyes de oferta y demanda son cualitativas, más que cuantitativas. Una gráfica de oferta y demanda sirve para explicar un principio cualitativo, más que para medir una realidad con exactitud.

De hecho, creo que no hay otra manera de ver a la oferta y a la demanda que partir de la persona misma —cada una de ellas, en cada momento, tiene su oferta y su demanda, cambiantes por naturaleza. Un bien cualquiera y una persona cualquiera tienen entre sí una relación única y diferente al resto en cada instante. Para unos las espinacas pueden ser de gran valor, para otros, indiferentes, o incluso repulsivas y esa valoración es dinámica con efectos inmediatos.

Acumular en grandes totales esas valoraciones personales es imposible —intentarlo sólo podrá conducir a errores graves de comprensión, lo que es deseable señalar dadas las creencias de economistas y gobernantes que sobre ellas toman decisiones de impacto nacional. Creyendo que las personas, por ejemplo, reaccionan todas de igual manera matemática, será posible decretar controles de precios o fomentos al consumo, como medidas admirables.

La tesis que pretendo señalar es una que apunta en la dirección de ver a la Economía como una ciencia con grandes poderes para explicar el comportamiento humano, si ella coloca su atención en las personas, una por una, y deja de lado los tratamientos matemáticos de ese comportamiento. Eso ayudará, en gran proporción, a evitar la existencia de políticas económicas nacionales sustentadas en esas matemáticas.

No descarto que los números puedan usarse —pero sí sostengo que su utilidad sea escasa y deban usarse con precaución. El uso de matemáticas, por ejemplo, es culpable de hacer creer a demasiados que la Economía es una ciencia predictiva, similar a la Climatología, cuyo valor central se encuentra en pronosticar si mañana lloverá. De esta manera, se pierde el gran valor de la Economía: su gran poder para explicar la conducta humana con principios cualitativos.

La única posible forma de poder usar las herramientas matemáticas en la Economía es poderlas también usar en la conducta humana —significaría esto poner en un plano objetivo valoraciones subjetivas que sólo pueden ser expresadas en relaciones ordinales momentáneas: en un momento dado específico y concreto, la persona decide realizar una acción, como comprar medio kilo de tomate dejando de realizar otras acciones cuyo número es enorme.

Una valuación subjetiva, ordinal y momentánea es imposible de ser usada en la mayoría de los tratamientos matemáticos —dos personas incluso pudieron haber decidido la misma compra, de un kilo de tomate, ambas con valoraciones diferentes del bien. Más aún, la persona misma carece de capacidad para expresar con claridad suficiente sus acciones y sin esa expresión, la aplicación de matemáticas es imposible.

Para un creyente en los números, por otro lado, el valor de un bien cualquiera podrá ser entendido como la suma de los trabajos que lo produjeron —el clásico error que ignora que el valor de un bien radica en la utilidad que en él perciba su comprador, no su productor. Y esa es una utilidad percibida individualmente por quienes conocen el bien solamente. Todo lo que puede hacer un productor es acomodar sus costos de producción para que sean inferiores a lo que él piensa que los compradores percibirán.

Es la percepción de beneficio personal lo que determina el precio de un bien, no sus costos de producción —y esto es una intuición en la mente del productor, o mejor dicho, del emprendedor: su idea parte sin remedio de lo que él piensa que otros pensarán de la utilidad del bien que ha ideado.

El conocido ejemplo de las perlas es una prueba de lo anterior —existen personas que están dispuestas a zambullirse en el mar en busca de perlas naturales y lo hacen porque algunas personas están dispuestas a pagar altos precios por las perlas: las perlas no tienen ese precio porque algunos van a las profundidades del mar, sino que están dispuestos a hacerlo porque algunos pagan esos precios altos. El mismo trabajo significaría extraer rocas marinas, sin que esas rocas tuvieran el mismo precio de las perlas.

Lo que he dicho, creo con firmeza, tiene repercusiones de largo alcance —entre ellas, coloca a la Economía más allá de sus terrenos naturales de producción, consumo y distribución de bienes: podrá explicar, por ejemplo y como ya se ha hecho, la conducta del criminal que al fin y al cabo es una conducta humana en la que una opción es valorada por encima de otras.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.





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