grandes ideas

Educación para triunfar en la vida. El éxito que lleva a pertenecer a un círculo social muy exclusivo de personas que curiosamente están ansiosas de tener más amigos. Ese círculo de personas tan especiales está en las bibliotecas.

La pregunta que debe contestar todo padre de familia con respecto a la educación de sus hijos. ¿Qué tipo de educación debe ellos tener para que sean exitosos en su vida?

Por ejemplo, ¿Acaso no sería fantástico que los hijos formaran parte del círculo social en el que también están Aristóteles, Tocqueville, Cervantes, Chesterton y otros muchos más?

Esta es la idea que trata Ruskin, refiriéndose a la gran fuente de esas ideas, los libros a los que el autor ve en parte como un círculo social lleno de personas con las que todos ambicionarían relacionarse.

La idea de esta carta fue encontrada en Bacon, Francis, Swift, Jonathan, et al. Ensayistas ingleses. México. Conaculta Océano, «De los Tesoros de los Reyes», de John Ruskin, pp 285-296. Ruskin manifestó estas ideas en una conferencia, de la que se han tomado sus partes iniciales.

Punto de partida

El autor se apresura a aclarar al inicio: no hablará de riquezas, ni de monarcas en el sentido en el que puede alguien imaginar de inmediato. Su tema se refiere a otras riquezas, no de los tesoros de los reyes.

Quiere hablar de libros y de los tesoros secretos que allí se encuentran.

Quiere hablar del modo de encontrarlos y de perderlos. El tema es amplio y el autor señala que sólo dará algunas ideas al respecto.

Inmediatamente, se declara con cierta experiencia en cuestiones escolares y educativas. Parte de la experiencia es conocer de primera mano la serie de opiniones de los padres acerca de la educación de sus hijos.

Los padres opinan

Uno de los puntos más importantes de esas opiniones se refiere a la «posición en la vida» que la educación dará a los alumnos. Hablan los padres de la educación conveniente a sus hijos para enfrentar ciertas situaciones de sociedad.

No hablan los padres de una educación buena en sí misma, sino de una educación que permita triunfar en la vida futura del estudiante.

La excelencia abstracta de la educación, que en sí misma es un triunfo, es ajena a esos comentarios de los padres. Esta educación excelente en sí misma es más sencilla de obtener de lo que se piensa y constituye en una victoria por sí misma.

Educación para triunfar en la vida

Pero los padres hablan de la «educación para triunfar en la vida», por lo que esta expresión debe ser clarificada.

Se le entiende comúnmente como el logro de una posición dentro de la sociedad, que es admirada y respetada por los demás. No se trata solo de tener ingresos monetarios, sino de ser vistos como personas que alcanzan grandes fines.

En resumen, triunfar en la vida es recibir aplausos de los demás.

La educación para triunfar en la vida lleva a querer tener al final la admiración ajena, algo que desean todos. Si bien en las grandes personas es la menor de las debilidades y en las personas comunes la mayor, esa búsqueda de fama es la meta.

No es algo que Ruskin quiera atacar o defender. Simplemente lo señala.

Es la vanidad el estímulo de nuestras acciones, como el marinero que desea ser capitán no tanto porque puede dirigir mejor que otros un barco, sino principalmente porque será llamado con ese título, capitán. Lo mismo quien desea ser obispo, para ser llamado Monseñor. O monarca, para ser llamado Alteza.

Entrar en la buena sociedad, la meta

Definida así la educación para triunfar en la vida, ahora el autor señala una consecuencia de esa victoria, el entrar en la buena sociedad. No es tanto el ser parte de esa buena sociedad, sino el que los demás vean que se es parte de ese grupo.

En este momento de la conferencia, Ruskin solicita a la audiencia su acuerdo con lo que ha dicho. Quiere saber cuántos de quienes le escuchan están de acuerdo con la idea de que los humanos tienen como estímulo más fuerte la admiración ajena y en un lugar secundario colocan el cumplimiento del deber.

Los registros indican que unas doce personas levantan la mano, pero que podían ser más si la audiencia no hubiera sido tímida o el autor se hubiera expresado con más seriedad.

Ahora Ruskin dice que habla totalmente en serio y plantea la pregunta al revés. Quiere saber cuántos de los asistentes piensan que el cumplir con el deber es un motivo menor que el de lograr fama en los ojos ajenos. Los registros indican que una mano se levantó.

Frente a esas respuestas, el autor señala que cree que la audiencia concuerda con él: el deber es un motivo secundario o incluso inferior.

En los deseos de triunfo el obtener un logro es un deseo colateral, menos importante que la admiración del resto y que en eso juega un papel la asociación con otras personas.

Se prefiere pertenecer a un grupo de gente sensata, juiciosa y reflexiva que tener la compañía de tontos e ignorantes. Es preferible ser visto junto a quien también es admirado que asociado a quienes no lo son.

La selección de los amigos de los hijos

El triunfo en la vida, pues, dependerá del juicio que se tenga al seleccionar a esos amigos. Sin embargo, a pesar del buen juicio, se tienen fuertes limitaciones al hacerlo.

La oportunidad de hacer amistades juiciosas está limitada por la casualidad y la existencia de un rango estrecho de oportunidades.

Quienes están en los niveles más altos de la inteligencia, esos a quienes se querría tener como los mejores amigos, se abren al resto de manera momentánea y solo en parte.

Si hay suerte, se podrá tener la oportunidad de acceder a un escritor grande un instante, o hacer una pregunta a un científico.

Llegar a pertenecer a esos niveles que mostrarían el triunfar en la vida tiene problemas. Si acaso se llega a hablar con un gobernante, sus palabras serán embaucadoras y breves, quizá despectivas.

Pero se ambiciona hablar con personajes como esos, estar en sus círculos, tener acceso a ellos, a sus grupos de difícil o nulo acceso. Estar con ellos y ser vistos con ellos sería triunfar en la vida. Ahora entra Ruskin en su gran idea acerca de la educación para triunfar en la vida.

El gran y posible círculo de amigos

Dice que existe otra sociedad, otro círculo que está accesible a nosotros todo el tiempo formado por personas juiciosas, inteligentes, reflexivas.

Más aún, esas personas quieren hablar con nosotros no importa quiénes seamos. Estarían agradecidos de que los escuchásemos.

Para ver a un rey se necesita solicitar audiencia, pero en este círculo son los sabios quienes nos piden audiencia. Ese círculo siempre dispuesto a hablarnos. Está en las bibliotecas.

Continúa ahora Ruskin señalado una objeción. Alguien dirá que es preferible ver la cara de ese de cuyo grupo queremos ser parte, que los libros y bibliotecas no nos dejan ver la cara de los que ansían hablar con nosotros. Que es preferible tratar de hablar con el que nos despreciará que con el que desea que lo escuchemos.

Pero, dice Ruskin, supongamos que podemos escuchar a los vivos con quienes ansiamos asociarnos y que lo podemos hacer escondidos tras un biombo, siendo testigos de sus palabras y conversaciones diarias.

Podemos también estar tras otro biombo, uno más pequeño, de dos hojas y no de cuatro, de menor talla escuchando no conversaciones sino algo mejor: exposiciones ordenadas de los hombres más sabios.

Se dirá también que las personas vivas con las que deseamos asociarnos hablan de la actualidad, de lo que ahora sucede y que por eso es preferible ser parte de su grupo.

Pero, la realidad es que esas mismas personas vivas explicarán mejor sus ideas en las exposiciones ordenadas de sus libros que en conversaciones informales. Aún así, es comprensible que se prefiera lo breve de una conversación impreparada que la más larga exposición de los libros.

Los libros de ahora y los de siempre

Basado en lo anterior, el autor propone que todos los libros son posibles de clasificar en una de dos categorías, los de la actualidad, las obras del momento y los libros que son de siempre.

Este criterio de clasificación es uno de calidad que señala que un buen libro permanece pero no uno malo. También es uno relacionado con el tiempo y que separa a los libros que son buenos para el momento y los libros que son buenos siempre. Igual que hay libros malos para el momento y malos para siempre.

El buen libro de actualidad es uno que crea una conversación de utilidad o agradable con una persona con la que de otra manera no podría hablarse. Una conversación que ha sido creada para nosotros. Nos habla de la actualidad y lo hace bien, como si se tratara de una reunión en la que escuchamos a un amigo talentoso.

Son de provecho y debe estarse agradecido de que existan, pero ellos pueden ser muy mal usados si sustituyen a los libros de siempre, que son los verdaderos.

Los buenos libros del momento no son en realidad libros, dice Ruskin, sino algo como cartas o diarios que han sido creados con calidad para el momento.

Los verdaderos libros no son del momento, se escriben para quedarse y permanecer. El libro del momento amplifica la voz de quien escribe, la multiplica, pero el libro de siempre se crea para perpetuar esa voz. Su autor piensa que está diciendo algo bello, cierto, de utilidad que quizá nadie más ha dicho y que expone de manera clara y con belleza si es posible.

Es la obra de un hombre sincero, su obra de arte, que mezclará fragmentos malos con buenos, que son los que constituyen el libro real.

Estas obras, los libros de siempre, han sido creados en todos los tiempos, por pensadores, estadistas, caudillos y están a nuestra disposición en ese grupo que ansía hablar con nosotros. Son parte vital de la educación para triunfar en la vida.

Costo de oportunidad

Siendo la vida breve, si se lee algo eso quita la oportunidad de leer lo otro.

¿Con quién preferimos sostener una conversación? ¿Con un ignorante cuando se tiene la oportunidad de hablar con un rey o un gran pensador?

Podemos entrar en ese grupo de gente admirable y permanecer en él siempre sin nadie que se atreva a echarnos de allí. Si salimos de ese grupo será por nuestra propia decisión.

Más aún, nuestra posición en la sociedad de los vivos será valorada por nuestra pertenencia a ese grupo seleccionado de muertos.

El círculo de los autores amigos muertos

Esos muertos nos invitan a pasar y ser parte de su círculo. Nos dicen que podemos elevarnos hasta ellos pero ellos no pueden descender hasta nosotros. Tendremos que querer estar entre ellos, que amarlos y demostrar ese cariño.

Primero, con el deseo sincero de conocer sus ideas no de encontrar las nuestras, pues siendo más sabio que nosotros sus ideas no serán iguales a las nuestras. Y si es menos sabio que nosotros, no tiene caso leerlo.

Segundo, podemos felicitarnos de encontrar coincidencia de opiniones, pero el pensamiento justo no es ese, sino el de pensar que lo leído no se nos hubiera ocurrido y que debe ser verdad. Es una actitud humilde, la de quien aprende y sin juzgar antes de conocer.

Más aún, los buenos autores no son comprendidos a la primera, no porque no quieran ser entendidos, sino porque les es imposible decirlo todo y extrañamente no quieren decirlo todo como si guardasen eso como un premio que debemos merecer.

Ante un buen libro de siempre, el lector debe preguntarse si está dispuesto a ser un minero y a trabajar arduamente como él, buscando el significado como se busca oro, en cada palabra.

Por eso a esos autores se les llama hombres de letras y no hombres de literatura. Pueden leerse todos los libros de una biblioteca y permanecer iletrado, pero leer un solo libro con real atención y ser alguien con educación.

En resumen

Ruskin nos ha llevado del objetivo buscado en la educación de los hijos para triunfar en la vida, que persigue ser un instrumento de éxito perteneciendo a los círculos sociales adecuados, al descubrimiento de los libros como parte de ese triunfo.

Los libros son en realidad otro círculo social formado por las más grandes mentes de todos los tiempos y al que es posible tener acceso.

Y algo más…

Otras columnas relevantes sobre el tema de la educación:

Bonus track, más sobre libros, educación y triunfar en la vida

Hay libros y hay libros

Por Eduardo García Gaspar –

Hace algún tiempo, hablando con un librero de gran tradición, me dijo que los libros de mayor venta son en general los que se describen como de “superación personal”. Los que persiguen dar educación para triunfar en la vida.

Usted sabe, del tipo de los de Motívese a sí mismo y el de los 7 hábitos, más otros entre los que, me dicen, destacan los de Cuauhtémoc Sánchez. Eso que el librero dijo, pone a pensar.

La parte optimista es confirmar que alguna gente al menos tiene inquietudes, que quiere mejorar, que quiere superarse, que tiene inquietudes. Que quiere triunfar en la vida.

Claro que del otro lado, un pesimista vería eso mismo diciendo que existe un vacío en la preparación de las personas, que su educación fue mala y cosas similares.

Los dos tienen razón.

Libros motivadores y recomendaciones

Mucho me temo, soy terriblemente suspicaz de esos libros «motivadores», no los leo y eso me impide hablar de sus contenidos para criticarlos objetivamente. En toda mi vida he leído solo unos tres de ellos.

Dos fueron una porquería y el tercero tenía mucha lógica, pero podía haber sido escrito en tres páginas y no en trescientas. Con eso en mente, me tomo la libertad de hacer las siguientes recomendaciones sobre el tema general de los libros de más venta, los motivacionales y algunos otros.

La primera es simple: olvídese de leer esos libros. No hay recetas para la felicidad, ni la motivación es el secreto del éxito. Sí, puede haber trucos y consejos, más algunas sugerencias.

Pero si alguien desea encontrarse a sí mismo, explicar su vida, saber quién es y cosas por el estilo, esas obras no le van a dar respuestas válidas.

Si en realidad quiere entrar a temas de ese tipo, váyase con los que sí saben y lea lo que pueda en tres campos, filosofía, historia y religión.

En filosofía, empiece con Platón, Aristóteles y demás. Si no tiene tiempo para tomar un curso de historia de la filosofía, haga lo que yo, compre un par de libros de esa historia y léalos tranquilamente.

Eso es más difícil que leer cualquiera de los libros de mejora personal, pero el asunto de la felicidad es complejo y no va a ser remediado con una dieta, ni con una agenda.

Si quiere saber del tema religioso, léase unos tres libros de historia de las religiones, especialmente le recomiendo comenzar con dos de Paul Johnson sobre el cristianismo y otro sobre el judaísmo. Amigables y llenos de información.

La persona mejora conforme tiene ideas y las ideas verdaderas vienen de esos campos, religión, filosofía e historia. Lea, vea y compare. No se vaya con la finta de alguna escuela particular de pensamiento sin compararla con otras.

Claro que eso cuesta trabajo y toma tiempo, mucho más que leer Terapia Sexual para Unir Matrimonios o como sea que se llame el libro que vi hace tiempo. Si usted es católico como yo, estudie el Catecismo.

No se contente con lo que reportan en los periódicos, ni con lo que dice el Discovery Channel sobre el tema. Y si usted tienen otra religión, estúdiela en serio, de las fuentes originales.

El punto de todo eso es ver que si existe un vacío espiritual en esta época, ese vacío puede estar siendo llenado por ideas simples que ignoran la naturaleza humana y dan explicaciones superficiales. Si usted, por ejemplo, quiere saber de política, no busque en los libros que hablan de los chismes de la primera dama en turno.

Allí no hay nada que valga la pena, pero sí lo hay en libros como el de Democracia en América de Tocqueville. Los libros de revelaciones escandalosas, de chismes personales y de teorías de complots no aportan nada, igual que los de recetas simplificadas para ser felices.

Lo que esos libros producen es terrible, porque generan mentalidades que creen que saben, cuando son en realidad aún más ignorantes que el que no lee. La vida es maravillosa, todo un regalo y un don.

Por eso es que resulta una pena reducirla a la visión simplista de un libro o varios que pretenden tener la verdad y el secreto de esa vida. Pero, quien posee curiosidad e interés, no tiene otra alternativa que echarse un clavado en ese mar de complicaciones y complejidades que es nuestra existencia.

Le digo, para saber siquiera un poco, allí están los libros, pero los libros serios que tratan de historia, de ideas, de religión.

Y, si me permite usted una sugerencia última, ella es la de leer de economía. No hay ciencia más rica que ésa para aprender sobre comportamiento humano. Comience con Economía en una lección.

[La columna fue actualizada en 2019-10]