Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Educación y ahorro
Eduardo García Gaspar
21 mayo 2009
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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Una de las preocupaciones mayores de todo país es la educación de su gente. La preocupación tiene una causa real: la preparación de la gente es vital para la elevación de su bienestar personal. A más preparación, más ingreso, se piensa, aunque la cuestión no es tan clara. Un amigo lo pone de manera un tanto brutal. Dice que

“está bien eso de a más educación, mejor para todos, pero también depende de qué han estudiado, porque hay educación que de nada sirve, al contrario”.

Según él se necesitan habilidades matemáticas, de razonamiento y solución de problemas y no carreras que son formas de adoctrinamiento ideológico. Tiene su buen punto mi amigo.

Pero a lo que voy es que tanto énfasis en la educación produce el olvido de otra variable de la prosperidad, el ahorro. Usted puede tener a la gente mejor preparada y capaz, que si no existe ahorro en el país, de poco servirá. Esa gente emigrará a donde exista ahorro. La razón es obvia.

Sin ahorro no hay inversión y sin inversión no hay empleo. Por eso, las formas de promocionar el ahorro son cruciales y, por eso mismo, los impuestos son fatales para el desarrollo y la prosperidad. Con impuestos bajos, las personas podrán ahorrar más y con más ahorros, habrá más inversión. Más fondos disponibles en créditos tenderán a hacer bajar las tasas de interés y aún más en un estado de derecho.

Por esta misma razón, son veneno las ideas que hacen ver al ahorro como negativo e indeseable, pues lo que producen es una falta de fondos para la inversión, es decir, menos empleos para la gente. Tener gente preparada sin tener ahorro es desperdiciar esa gente, la que quizá emigre a donde sí haya inversión. Se le conoce como fuga de cerebros.

Supongo que nadie en su sano juicio pensará en que reducir la inversión es algo conveniente a la economía y que a menos inversión, mejor vida para todos. Sin embargo, esto es exactamente lo que proponen quienes apoyan la idea de que la gente debe dejar de ahorrar para consumir. Lo asombroso es que exista esa opinión.

Sin ahorro, por tanto, no puede elevarse el nivel de vida de las personas. Y esto es muy reconocido en el buen recibimiento de la inversión extranjera: ella es un sustituto del ahorro nacional. Los ahorros de otros en otras partes se transfieren a un país y elevan la inversión, lo que produce empleos y mejora ingresos.

Ahorrar es bueno y deben quitarse los obstáculos a su realización. Obstáculos como la enfermiza idea de que no debe ahorrarse para elevar el consumo. Como impuestos elevados, que quitan fondos que podían haberse convertido en inversión y no en gasto corriente de gobierno. Como un estado de derecho que reduzca las preferencias de tiempo de dinero y logre ahorros de largo plazo. Como quitar impuestos a las reinversiones de las empresas.

Esas cosas y otras similares permitirán inversión y más empleos mejor remunerados, porque así se producirá la profundización de la producción: procesos cada vez más largos de producción, es decir, no limitarse a, por ejemplo, ensamblar, sino hacer los componentes y las máquinas que los hacen y las máquinas que hacen esas máquinas…, en un proceso que eleva productividad y los ingresos también.

Por consecuencia, si se toma a la gente preparada y a ella se suman recursos disponibles, se tendrá un buen resultado. Este es el binomio vital que hace tiempo señaló R. Brenner: la gente preparada también necesita recursos a su disposición. Esos recursos proceden del ahorro de la gente, no del gasto de gobierno.

Las oportunidades de inversión siempre existirán y se necesita esa combinación de gente preparada y recursos para invertir. Más desde luego, un factor mental: la razonable confianza en un futuro estable de largo plazo, que es la función central de un gobierno, el proveer esa confianza en el tiempo. El resto lo hace la gente, la educación y el ahorro.

Es un asunto de mero sentido común. Si alguien decide pasar varios años mejorando su educación y ahorrar para un mejor futuro dentro de otros años más, necesita tener confianza en un futuro razonablemente positivo.

Post Scriptum

La obra a la que hice referencia es la de Brenner, Reuven. The Force of Finance : Triumph of the Capital Markets. New York : London: Texere, 2002. Existe un resumen de ella en Talento Más Capital.


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