En una columna que no recuerdo, volví a leer la misma frase: “Debemos comparar al capitalismo egoísta con el socialismo humano”.

De mil maneras ha sido dicha. Quizá se haya convertido en una creencia aceptada.

Sin mucho pensarla, pero creída. Sucumbo a la tentación de analizarla.

Primero, es una trampa intelectual muy primitiva. Podría volverse al revés y entonces hablar del “altruismo capitalista contra la voracidad socialista”.

Nada se gana. Todo se complica. Todo el mérito del uso de esos adjetivos es su repetición insistente.

Debe haber otra manera de examinar la frase. Y lo podemos hacer aislando elementos. Pongamos de lado a las palabras “capitalismo” y “socialismo”, para concentrarnos en las otras dos.

El egoísmo, como suele ser definido, es la consideración personal inmoderada que no toma en cuenta el daño que puede causarse en otros. No es complicado de entender. Y así podemos entender al altruismo como la consideración del bienestar ajeno aún por encima del bien propio. Tampoco es complicado.

Los dos, egoísmo y altruismo, son asuntos humanos, formas de conducta personal con millones de variaciones posibles. Esto ya es de ayuda para plantear una par de preguntas.

¿Cree usted que todas las personas en un sistema socialista actuarán de manera altruista? ¿O que todos en un sistema capitalista actuarán de manera egoísta?

La respuesta es no, un claro no a ambas preguntas.

Actuar de una manera o de otra es perfectamente posible para las personas. Ser altruista o egoísta no depende del sistema bajo el que se vive, sino de la decisión de cada persona. Es imposible calificar a un sistema como egoísta, o como altruista al otro.

Sólo existe una posibilidad que debe considerarse, el de un sistema como quiera que se llame que obliga a unos a dañarse ayudando a otros usando fuerza y coacción. Pero esto ya no es altruismo por parte del que da, pues no tiene el mérito de una decisión libre. Y quien recibe, en cambio, sí puede ser egoísta.

Mi punto es muy sencillo. Se puede ser egoísta o altruista dentro del socialismo y del capitalismo. Ninguno de los dos sistemas puede apropiarse esas virtudes y vicios. Quien intenta hacerlo está cometiendo un error o mintiendo.

Es posible ir más allá dilucidando el tema.

Si el ser egoísta en ese sentido de no importar el daño a los demás, o el ser altruista en el sentido de no importar el bien propio, la decisión sólo puede tomarse en un ambiente de libertades. Sin libertad no será posible ser ni egoísta ni altruista.

Ser cualquiera de las dos cosas necesita libertad de acción personal, algo que el socialismo tiende a limitar severamente.

Es decir, si usted quiere ser realmente egoísta o verdaderamente altruista, su mejor opción es vivir bajo un régimen de libertad, más capitalista que socialista.

Si usted renuncia a su libertad y no quiere decidir tener el mérito del altruismo o el vicio del egoísmo, opte por el socialismo, donde otros tomarán esa decisión por usted.

Pero eso no es todo. Suponga usted que dos personas quieren hacer su voluntad personal, que quieren realizar sus ambiciones y sueños.

Ese conjunto de deseos personales es grande y puede incluir ambiciones de altos ingresos, pero también contribuciones a obras de caridad. Es una especie de egoísmo que no tiene la característica de dañar a otros, al contrario.

Puesto de otra manera: es posible encontrar acciones egoístas en el sentido de ser definidas por la persona y que ellas incluyan ayudas a otros.

La clave está en entender que tomar una decisión personal e independiente puede ser visto como egoísta, pero contener acciones caritativas. Querer tener medios propiedad personal y con ellos ayudar a otros, es egoísta en cierto sentido, altruista en otro.

No quiero defender al capitalismo ni atacar al socialismo. Esa discusión ocupa otro lugar. Lo que sí quiero defender es el sentido común que llama a rechazar frases vacías y tramposas.

Si alguien quiere defender sus ideas diciendo “Debemos comparar al capitalismo egoísta con el socialismo humano”, le ruego no acuda a trampas del lenguaje, ni a un razonamiento que se le puede volver ocasión de burla.

El tema es muy serio como para tratarlo de una manera tan infantil.


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