Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Cordero que Razonaba
Eduardo García Gaspar
7 julio 2009
Sección: EDUCACION, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en: ,


Y el lobo le dijo al pequeño cordero, “No importa que tengas razón y refutes cada uno de mis argumentos, de cualquier manera te comeré”.

Así termina una de las fábulas de Esopo. Esas pequeñas historias, que contienen una lección y desafortunadamente han caído en desuso.

Quedan sólo, quizá, algunos restos de ellas, en frases como la de “se quedó como el perro de las dos tortas”.

Una fábula es una historia muy breve, que contiene la narración de una situación muy específica que acontece entre personajes, muchos de los cuales son animales.

Esto le hace tener un engañoso tono infantil.

La narración sirve como trampolín para mostrar una faceta humana, muy a menudo una lección de buen o mal comportamiento, o de sagacidad y prudencia.

Son una especie antigua de los modernos casos de Harvard: más complejas de lo que aparentan y con el mérito de hacer muy memorable alguna meditación sobre la vida al alcance del más simple de los intelectos.

En la fábula cuyo fin mencioné, su inicio establece que en cierta ocasión un cordero apenas nacido encuentra a un lobo. Alejado del rebaño y sin pastor que lo cuide, el pobrecito establece un diálogo con el malvado, quien le dice, “He sabido que el año pasado hablaste mal de mí y que me lanzaste terribles insultos. Por eso te devoraré”.

El corderito, responde que eso es imposible, pues él lleva unos pocos meses de vida y que nunca ha hablado mal de nadie. Ante eso el lobo afirma, “También sé que has comido alimentos que me pertenecen, como la hierba que crece en estos campos”.

El corderito contesta que él aún no prueba esos alimentos y que hasta donde sabe los lobos no comen hierbas.

Sin responder a esa objeción, el lobo continúa, “Todas esas faltas que has cometido contra mí merecen que te coma. Además has bebido agua del arroyo que es mío y eso agrava el castigo que te daré”. El corderito argumenta que él aún no bebe agua, que todo lo que hace es amamantarse de su madre, a la que ha perdido.

Es entonces cuando el lobo afirma, “No importa que tengas razón y refutes cada uno de mis argumentos, de cualquier manera te comeré”.

Esopo sigue la costumbre de añadir una moraleja a esa historia, es decir, la lección que debe aprender quien la lee. Dice que la fábula muestra que el tirano siempre encontrará un pretexto para realizar su voluntad. Ninguna razón, por sólida que sea, le apartará de su propósito.

Es absolutamente comprobable que la historia es más efectiva para recordar la moraleja, que si ella sola es enseñada en abstracto, como algo por memorizar. No importa que la historia sea irreal, con animales que hablan y piensan, la historia es efectiva y más aún: con un poco de imaginación puede cada persona aplicarla a otros casos.

A mí, por ejemplo, esta fábula me recuerda la cantidad de ocasiones en las que se conversa con gente terca y obcecada. Para ellas, los más razonables argumentos pasan sin que les hagan mella.

Esta es la maravilla de estas historias breves, que uno puede aplicarlas a casos que se han vivido, o a los que uno puede hacer referencia fácil.

En el Antiguo Testamento, la Biblia contiene muchas de historias que acontecen a personas reales y que las muestran como humanas, cometiendo errores, faltas, pero también aciertos y grandes méritos.  La historia de la casta Susana, por ejemplo, no sólo tiene un valor didáctico, sino que también ha inspirado pinturas.

Somos en gran parte seres a quienes gustan los cuentos y sus variaciones. Las parábolas del Evangelio son parte importante de lo más recordado de la Biblia. Persiguen mostrar algo concreto, un pequeño suceso en la vida de alguien, pequeño en apariencia, pero de grandes consecuencias.

Las parábolas del buen samaritano, del hijo pródigo, de los talentos, son parte de nuestra forma de entender al mundo. Relatos simples, escuetos, que todos pueden repetir, pero que nos provocan a sacar conclusiones sobre lo que debemos y no debemos hacer.

Lo que más agrada de las fábulas es la hipótesis de la que parten. Sus autores suponen que quienes las leen pueden pensar, son libres y responsables de sus acciones. Sin estos supuestos, ni las fábulas ni las parábolas tendrían sentido.

¿Que sentido tiene narrar una fábula a quien no piensa que es libre ni responsable de sus acciones?


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “El Cordero que Razonaba”
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