Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Dinero de Otros
Eduardo García Gaspar
11 diciembre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


En México hay varios casos de sofomes y no se trata de una enfermedad. Son las siglas de una figura legal, la llamada Sociedad Financiera de Objeto Múltiple. La crearon los legisladores para, en teoría, hacer más accesible el crédito y reducir su costo. Tienen una peculiaridad curiosa.

No pueden captar depósitos de clientes (abrir cuentas de inversión privadas), pero sí pueden captar fondos por medio de emisiones de deuda en el mercado de valores, lo que en realidad es otra manera de tener depósitos. En fin, el caso es que, según lo reportado, las sofomes no sirven para lo que en su origen pensaron los gobernantes.

Ellas, por ejemplo, dan crédito a proyectos de riesgo superior, lo que, se quejan, no hace posible bajar costos de financiamiento. Esto es algo que se estudia en jardín de niños: los créditos más riesgosos siempre tienen tasas mayores. Desde antes se sabía esto. No es sorpresa alguna encontrar otro caso de ignorancia del legislador.

Fue reportado que uno de los burócratas que supervisa estas cuestiones afirmó que no debe dejarse que las sofomes tengan altas utilidades y que ellas deben dar el crédito con costos bajos. Tampoco es sorpresa, a la burocracia le fascina ordenar a otros lo que deben hacer y que ellos no harían en lo personal. Quieren que el dinero de otros se use como quieren los burócratas.

Porque, la verdad, si el burócrata quiere que otros no ganen dinero, lo que se podría sugerirle es que haga eso mismo con su dinero: que preste con bajos intereses a proyectos de riesgo alto. Pero también, hubo otra queja, la de que las sofomes no daban servicio en las regiones menos desarrolladas, sino en las áreas urbanas.

No es sorpresa tampoco. Si usted pone un negocio que da créditos, de loco va a las zonas que no son de buen potencial y tienen mayores riesgos. Y de nuevo, si eso es lo que quiere el burócrata, se le puede decir que adelante, que él lo haga con su dinero… pero que no fuerce a otros a hacerlo.

El caso es ooootro más de miopía burocrática y de una larga tradición de estulticia gubernamental. El gobernante, que poco contacto tiene con la realidad, busca por todas partes problemas que arreglar e intenta solucionarlos con leyes. El problema es que esas leyes están basadas en presuposiciones irreales.

Este caso es casi una lección académica, para explicar a estudiantes qué no hacer. El problema a solucionar es el obvio: crédito escaso y caro. Todos reconocemos esto. Y el remedio es lograr que exista más crédito, más barato. Hasta aquí, no hay conflicto.

Pero veamos cómo quiere resolver el problema el gobierno: quiere que el dinero ganado por ciudadanos comunes sea prestado a proyectos riesgosos a un costo bajo. Es decir, quiere que el ciudadano sacrifique lo que ha ganado. Quiere que invierta en un mal negocio. Y, cuando ello no sucede, el burócrata se sorprende y lamenta.

La clave de la situación es simple de entender: el burócrata no tiene idea de lo que sucede en el mundo real y supone que si crea una ley cualquiera, el ciudadano se comportará de acuerdo con la fantasía en la que cree el burócrata. Piensa que el dinero que usted y yo ganamos va a ser usado de acuerdo con sus deseos y no los nuestros.

Imagine usted esta posibilidad, la de que un ángel bajara del cielo y viviera como cualquiera de nosotros. Sus intenciones serán las más altruistas y benignas del mundo. Trabajará para ganar dinero y con él hacer mucho bien. Hará las cosas racionalmente, con inteligencia. Tratará de hacer los mejores negocios posibles y ganar dinero para con él hacer mejores cosas.

Si le piden invertir a tasas bajas en proyectos riesgosos, lo rechazará, porque hacerlo es irracional y así perderá su capacidad de hacer el bien. Desperdiciaría sus recursos, ganados con esfuerzo. Al final de cuentas, lo que las sofomes suponen es que las personas son tontas y estarán dispuestas a desperdiciar sus recursos. El ángel quiere hacer el bien, pero no es tonto.

No sólo es una cuestión de que el burócrata no entiende cómo funciona el mundo real, ni cómo piensa la gente. También es un asunto de responsabilidad en el uso de recursos que son escasos. Queriendo hacer el bien, terminan haciendo males indecibles.

En cambio, quien busca hacer negocio y ganar dinero, logra grandes bienes que se multiplican por todas partes. Sí, el mundo real funciona de maneras más complejas que el mundo de fantasía que el burócrata ha creado.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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