Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Dinero no es Malo
Eduardo García Gaspar
21 septiembre 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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La historia inicia con un viejo avaro a quien alguien ofrece una barra de oro. El viejo la ve con codicia extrema y no pudiendo resistir la tentación, vende sus posesiones para adquirirla. Una vez en su poder, pasa noches y noches admirándola.

Pero también sufre, y mucho, pensando en el riesgo que corre su preciada posesión. Tanta pesadumbre tiene que decide buscar el sitio más seguro para guardarla. Durante días cavila buscando lugares dónde guardar la barra de oro. Busca por todas partes en el pequeño pueblo en el que vive, hasta que se decide por un lugar.

Un sitio por el que casi nadie camina y muy pocos visitan. Detrás de una muralla mitad derribada hay un recoveco muy oculto a las miradas de extraños. Cava allí un hoyo en el que guarda la barra de oro y tapa con piedras.

Acude todos los días a su trabajo y a la hora del regreso a casa, cuando todos caminan hacia el pueblo, él toma otra dirección, hacia la muralla. Allí desentierra la barra y pasa una hora admirándola. Regresa a su miiserable casa, cuando ya todos están en las suyas y pueden verlo por sus ventanas caminando alegremente.

Pasan así varias semanas, hasta que la curiosa conducta del viejo avaro llama la atención a uno de sus compañeros de trabajo, quien decide espiarlo. Y haciéndolo, descubre el secreto del avaro. Sigue pasando el tiempo. El avaro mantiene su rutina visitando a su posesión, admirándola y acariciándola durante una hora, mientras es espiado por ese compañero de trabajo.

Un cierto día, sin embargo, cuando el viejo avaro desentierra la barra de oro para volver a admirarla, encuentra que ella ha desaparecido. Desconsolado se pone a llorar con abundantes lágrimas y fuertes gritos de lamento, tirándose de los pelos y rasgando su tosca camisa.

El compañero de trabajo, que lo sigue espiando, sale de su escondite y dice al avaro, “Viejo perverso, no hagas tanto escándalo porque alguien te robó su oro, ve y toma una piedra del río, entiérrala e imagina que es tu tesoro. Te servirá igual para que la admires y acaricies. Cuando tenías esa barra en realidad no la poseías, ya que nunca la usaste de manera alguna”.

La fábula, que es de Esopo, y he narrado con algunas variaciones, ilustra bien la mente del avaro para quien la posesión de bienes lo es todo. Recuerda la historia del avaro rico que al salir del más caro hotel, lo hace sin dar dar propina al bell boy. Sin embargo, el muchacho lo acompaña hasta su limusina.

Y mientras le ayuda a cerrar la puerta, le dice, “Señor, en caso de que llegue a su casa y averigüe que ha perdido su cartera, sólo quiero recordarle que no fue aquí donde la sacó”.

Más allá de lo obvio que resulta ver en la historia de la barra de oro la tonta conducta de un avaro, hay otra posibilidad de aprendizaje: la del papel del oro en el cuento. Para el viejo miserable, es sólo un objeto de admiración y nada más. Pero, el oro no queda allí. Si se le valúa es por varias razones mucho más poderosas.

Su escasez, el hecho de poder acumular gran valor en cantidades pequeñas, de poder dividirse sin perder valor, todo eso lo hace un medio de cambio extraordinario, con valor intrínseco (mucho mayor que el papel moneda). Si se desea tener oro no es precisamente porque uno quiera ponerlo en un marco y admirarlo todo el día.

Se desea el oro, o cualquier otra moneda, no en sí mismo, sino por lo que puede hacer. El dinero sería absolutamente inútil si con él no se pudieran comprar cosas, o hacerlas. La verdadera causa del deseo de tener dinero, no es otra que lo que con él se puede hacer. Y es eso lo que se valora, no el dinero en sí mismo.

La motivación del que sin mucho raciocinio compra un billete de lotería para soñar que gana un premio, no quiere en realidad ese premio. No va a quedarse admirando los billetes y sus colores. Lo quiere porque es un medio para hacer otras cosas. Quizá quiera ir de viaje, comprar una casa, o gastarlo en los más execrables placeres.

Esto, tan sencillo, es algo que pocos ven: critican el dinero, lo consideran un mal en sí mismo, cuando no lo puede ser. Un objeto físico en sí mismo no puede ser moral, ni inmoral. Es el uso que le da una persona lo que puede o no ser moral. Con el dinero puede hacerse mucho mal, pero también mucho bien. La persona es la diferencia.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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