Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Fondo De Los Impuestos
Leonardo Girondella Mora
11 marzo 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Análisis
Catalogado en:


En una entrevista por la radio no hace gran tiempo, Cuauhtémoc Cárdenas dijo que quienes tuvieran más ingresos deberían pagar más impuestos, concretamente tasas o porcentajes mayores a los de los impuestos pagados por otros con ingresos inferiores.

El concepto es repetido con frecuencia y dado como cosa obvia, natural y lógica.

Mi intención en este ensayo es poner en tela de juicio esa idea (para lo que utilizo en parte la obra de Rothbard).

Todo empezó, quizá, con Adam Smith. La influencia del escocés es indudable. En una de las partes de su obra estableció lo que fue tomado como la serie de cuatro cánones sagrados que los impuestos deben tener.

Tres de ellos son descartados por M. Rothbard, el célebre economista, como banales, pero uno de ellos merece total atención.

“Los ciudadanos de cada estado deben contribuir al soporte del gobierno en una proporción tan cercana como sea posible a sus respectivas habilidades; esto es, en proporción con el ingreso que ellos respectivamente gozan bajo la protección del estado. El gasto del gobierno a los individuos de una gran nación es como el gasto de una gran propiedad, los que están todos obligados en proporción a sus intereses en el estado”.

Este párrafo (traducción mía) de Smith establece la idea de la proporcionalidad de los impuestos. El problema es, como dice Rothbard, que es “desesperantemente confuso”.

Usa dos criterios para la proporcionalidad de los impuestos: la capacidad de pago y el beneficio recibido, que son muy diferentes y, por tanto, hacen a la idea de la proporcionalidad un concepto poco inteligible.

Capacidad de pago es uno de los criterios de Smith y se pensaría entonces que quien tenga más ingresos ¿o patrimonio? debe pagar más. No discernir entre ambos es confuso.

Alguien con gran patrimonio puede tener escasos ingresos y viceversa. O personas con amplios ingresos pueden enfrentar gastos, médicos por ejemplo, o inversiones en proyectos, que los reduzcan significativamente.

La mala herencia de esta confusión se amplía con otra variable, la tasa de impuesto. Si ella es un porcentaje igual para todos se cumple la proporcionalidad.

Una persona con ingresos de 1,000,000 pagará 100,000 de impuestos si la tasa impositiva es de 10%; y otra persona que gane 10,000 pesos pagará menos, sólo 1,000 pesos. La condición de Smith se cumpliría así.

Pero también se cumpliría de otra manera, con tasas progresivas. Si ese mismo que tiene ingresos por 1,000,000 está sujeto a una tasa del 20%, sus impuestos serían de 200,000; y si la tasa de impuestos del que gana 10,000 es de 5%, pagaría entonces 500 pesos de impuestos.

También así, con otro tratamiento muy diferente, se cumpliría con la condición de Smith.

La vaguedad de la idea, sin duda, ha colaborado a que los gobiernos apoyen la que más ingresos les genera, al menos en su percepción. Por esta razón se han popularizado las tasas progresivas (recuerde a Obama y su plan fiscal de campaña).

El beneficio recibido es el otro de los criterios de Smith, quien lo confunde con el anterior pensando que son lo mismo. No lo son.

Veamos el criterio del beneficio recibido y que supone que los beneficios recibidos son directamente proporcionales a los ingresos de la persona. En otras palabras, la premisa de Smith para pagar proporcionalmente impuestos es que quien tiene más ingresos recibe más beneficios del gobierno.

No da ningún razonamiento que justifique tal premisa, pero ella puede examinarse.

Si la riqueza de una persona fuese lograda por el gobierno en algún monto, Smith tendría razón. Pero si la riqueza de la persona fuese lograda sin tener al gobierno como causa, entonces no vale el cobro proporcional.

Distinguir entre estas dos posibles causas de la riqueza o el ingreso personal es vital.

¿Cómo puede un gobierno ser causa u origen de la fortuna personal? No hay otra manera que la concesión de privilegios a ciertas personas. Pueden ser subsidios, concesiones proteccionistas, u otra situación que influyera directamente en el ingreso de la persona.

En este caso, sí puede decirse que alguien recibió más beneficios del gobierno y que, por tanto, debería pagar más impuestos.

Pero si no es el caso de recibir tratamientos especiales y privilegios del gobierno, la persona sin importar su nivel de ingresos no puede aceptar el argumento de que ha recibido más que otros beneficios del gobierno.

Si ni el muy rico, ni el muy pobre, ni el de la clase media han tenido una intervención especial del gobierno como causa de sus ingresos, el argumento de Smith cae por tierra.

Más aún, si se dice que el de mayores ingresos recibe más beneficios del gobierno que el de menores ingresos, hay la obligación de mencionar esos beneficios concretos.

Cuando el gobierno redistribuye los impuestos dando concesiones a la burocracia o a los de ingresos menores, debe aceptarse que los de mayores ingresos no solamente no reciben mayores beneficios, sino que los reciben menores.

Los beneficios de escuelas gratuitas están concentrados en las personas de menores ingresos y contradicen también la idea de Smith. Los servicios de policía son iguales para todos, igual que los de calles. El de gran ingreso tiene un beneficio al usar una cierta avenida en un carro de lujo, que es igual al mismo beneficio de tránsito del de menores ingreso que usa un transporte público.

Rothbard usa un ejemplo.

Dice que una persona cualquiera, A, paga cinco veces más impuestos que otra persona B; para justificar estos pagos deberá probarse que A recibe cinco veces más beneficios del estado que B. Probarlo en imposible. Pero hay más al tratar la razón por la que A paga más impuestos que B.

Si A paga cinco veces más impuestos que B, con una tasa de impuestos igual para todos, eso significa que A tiene cinco veces más ingresos que B. ¿A qué se debe esa diferencia de ingresos?

Si los ingresos de A no son causados por la intervención del gobierno, la diferencia se debe que a A ofrece algo que es valorado por la gente más que lo que ofrece B. Es decir, A colabora más al bienestar que B.

Pero sin importar esa diferencia, ambos se benefician igualmente del alumbrado público, de las calles; con alta probabilidad de que B, con menores ingresos, se beneficie más de la existencia de programas de gobierno como subsidios a transportes públicos que A usará con mucha menor frecuencia.

La conclusión de Rothard, ante lo anterior, es la opuesta a la de Smith.

No debe haber proporcionalidad en los impuestos: todos deben pagar la misma cantidad en términos absolutos. No es una propuesta fácilmente aceptada, aunque tenga solidez y se oponga también a la idea repetida por Cuauhtémoc Cárdenas y muchos más.

&&&&&

Hasta aquí lo que he tratado de hacer es poner en tela de juicio la idea de la proporcionalidad de los impuestos y que ha sido posiblemente sustentada en ese confuso párrafo de Smith.

No hay proporcionalidad de beneficios de gobierno que sea dependiente del ingreso, muy probablemente esa proporcionalidad es inversa. Y la habilidad de pago, dependiente del ingreso o el patrimonio, es difícil de definir.

Sin embargo, la realidad diaria confirma la popularidad y aceptación impensada de la proporcionalidad de impuestos.

Es una parte de la corrección política sostener que quien más gana o tiene, debe pagar más impuestos, sin que se dé otra causa que el mero hecho de tener más ingresos. Es un razonamiento circular.

Esa aceptación impensada se debe a otras ideas aceptadas como ciertas y que pueden ser las siguientes.

• Se argumenta que el gobierno necesita gastar más porque eso ayuda al progreso. El clisé tiene su popularidad entre personas que siguen creyendo que el gasto de gobierno reactiva a la economía.

Es fácil de negar esto: el dinero que gasta el gobierno fue antes tomado del ciudadano, el que con ese dinero hubiera logrado esa misma reactivación (en realidad hubiera causado un mayor bienestar general).

Si en verdad se piensa que el gasto de gobierno es mejor que el gasto personal, la situación ideal sería la de un impuesto con tasa de 100%, el que, desde luego, tendría el inconveniente de retirar incentivos de trabajo e inversión y trasladar todo el poder al estado.

• También se sostiene que el gasto de gobierno ayuda a resolver problemas de pobreza al redistribuir los ingresos y la riqueza. Esta creencia tiene todas las simpatías de quienes están preocupados por la pobreza y desean hacer algo muy directo y visible.

Es fácil de negar también: basta ver el desempeño de los programas de ayuda gubernamental y el costo que ellos tienen. Los verdaderos beneficiados por estos programas son los burócratas del estado de bienestar, porque ellos manejan los fondos recolectados.

La inercia inconsciente que produce la creencia en la proporcionalidad de los impuestos y las bondades del gasto gubernamental ha producido una multiplicidad de cobros gubernamentales que son difíciles de reunir mentalmente como lo mismo.

Es decir, las personas tienden a ver su caso individual solamente, sin darse cuenta de que los impuestos que pagan otros también los pagan ellas.

Hay impuestos al ingreso, pero también al patrimonio personales, al mismo tiempo que impuestos al consumo. Se paga impuestos por tener, ganar y gastar. Pagan impuestos las empresas, lo que eleva el costo de los bienes que producen y eso es pagado por los consumidores en adición al impuesto al consumo.

Hay impuestos especiales a productos calificados como dañinos. Hay cobros por emisión de permisos, licencias, pasaportes, mejoras, que son injustificables pues quien ya pagó impuestos no tienen por qué pagar por un permiso de construcción, o uno de conducir, ni por un cambio de propiedad.

Addendum

La gran obra seguida aquí es la de Rothbard, Murray Newton (1995). ECONOMIC THOUGHT BEFORE ADAM SMITH: AN AUSTRIAN PERSPECTIVE ON THE HISTORY OF ECONOMIC THOUGHT. Aldershot, Hants, England ; Brookfield, Vt., USA. E. Elgar Pub, pp. 469-471.

La quizá más cínica manera de explicar el arte de cobrar impuestos fue la que escribió Colbert, el mandamás económico de Luis XIV en Francia. Colbert era lo que hoy se conoce como mercantilista. Tenía muy claro lo que quería: más impuestos, ninguna importación, muchas exportaciones, gremios y todas esas cosas que se sabe que no funcionan.

Pero, lo que sí ansiaba era el dar más y más dinero al Rey Sol. Colbert (1619-1683) escribió que

“… el arte de cobrar impuestos consiste en desplumar de tal manera a un ganso que se obtenga la mayor cantidad de plumas con la menor cantidad de graznidos.”

Más o menos este ha sido el enfoque económico que ha tenido el estudio de los impuestos. El de concluir sobre la máxima cantidad posible de cobros a los ciudadanos con el mínimo de consecuencias negativas en sus vida. Es decir, la determinación del monto total de impuestos y la de quién debe pagarlos.

Incluso Tocqueville lo expresó de manera similar, al decir que los impuestos son razonables cuando las personas mantienen sus formas de vida.

 


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



2 Comentarios en “El Fondo De Los Impuestos”
  1. Nicolás Dijo:

    Aunque menos breve de lo que debería ser, esta columna explica con claridad lo que los impuestos son y por eso van mis felicitaciones al autor, al que creo que le faltó, sin embargo, la mención de los gobiernos como instituciones que aplican el criterio que más dinero les permite cobrar y que es el de los impuestos progresivos a tasas diferentes.

  2. Rubén Rodríguez Dijo:

    Estoy totalmente de acuerdo con lo expresado por el autor.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras