Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El “Modelo Brasileño”
Eduardo García Gaspar
24 noviembre 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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La situación recuerda en algo lo que le sucedió a México a principios de los años 90. Se le consideraba  entonces un ejemplo mundial de política económica. Han pasado varios años y después de lo sucedido en 94-95, el glamour desapareció. Ahora el glamour y la moda están en los BRIC: Brasil, Rusia, India, China.

Y dentro de la región Latinoamericana, Brasil es visto con admiración. Admiración basada en cifras y proyecciones. De lo que he leído: ahora tiene un crecimiento del 5% y los pronósticos colocan a ese país, dentro de algunos años, como la quinta economía mundial rebasando a Gran Bretaña y Francia. El glamour no se detiene allí.

Su sistema democrático pone a Brasil por encima de China y en muchos sentidos, de Rusia; y su falta de conflictos internos, lo coloca por encima de India. Será sede del Mundial de Futbol y de las Olimpiadas. Total que estamos frente a una especie de celebridad mundial que inspira un modelo que, para muchos, es irresisitible de copiar.

¿Qué se ha hecho en Brasil? The Economist lo define como “Al fin, sentido común económico” (12 noviembre 2009): comenzando en los 90, se aplicaron principios naturales. Atacar la inflación, controlar gasto público, vender empresas estatales, autonomía del banco central, apertura comercial, buen trato a inversiones extranjeras.

No es una lista secreta. Se conoce ampliamente. Sólo es una cuestión de iniciar su implantación, pero sobre todo, tener talento para implantar las medidas y seguir su lógica. En pocas palabras, se trata de liberar a la economía de los lastres que la atan. El resto se da por añadidura… pero no de inmediato.

Conozco personas que, sin mucho pensarlo, urgen copiar “el modelo brasileño” y con eso piensan que han resuelto el problema en México. No creo que exista un modelo brasileño, pero sí existe un sistema económico general que es el que presenta el común denominador de bloque BRIC y se llama libertad económica.

Además, contrario a lo que se piensa, no todo en Brasil es color de rosa. Tiene sus problemas y no son simples. Allí, el gobierno, igual que en México y EEUU, sigue siendo demasiado grande y se expande más que su economía: si la tendencia sigue, las proyecciones no serán tan optimistas.

Y también tiene problemas como los mexicanos, de falta de infraestructura, de ciudades demasiado grandes, de una educación pobre, de criminalidad, corrupción e impunidad. Por un mencionar una extraña política internacional, como la extraña visita de Mahmoud Ahmadineyad.

Algo digno de señalar es lo que no suele verse. Es un clisé popular dar crédito a su presidente actual, Luiz Inácio Lula da Silva. Esto sigue la terrible costumbre del personalismo político que coloca la clave del éxito nacional en la elección del presidente correcto. Son pamplinas difíciles de erradicar.

La situación actual de Brasil tiene su origen en medidas anteriores a su actual presidente y, lo más importante, es necesario pensar en el futuro, cuando Lula ya no sea presidente. Lo que digo es que los presidentes son mucho menos importantes de lo que se dice. Lo que realmente importa es lo que sus gobiernos hacen, no importa quiénes sean.

Brasil tiene un largo camino que andar aún y no es el “modelo de Lula”, es un camino más amplio y menos personal, que incluye cosas parecidas a las que hay que hacer en Mexico, como quitar rigidez a las leyes laborales. Suelen llamarse reformas estructurales. No hacerlas es igual a aceptar tener una economía frenada.

El tema bien vale una segunda opinión para poner abiertamente sobre la mesa a la realidad. Pensar que el caso de Brasil ahora es digno de admiración, es igual a ver la mitad de la situación, es decir, es un engaño que lleva a malas decisiones. Brasil parece ir por el camino del sentido común económico y eso es bueno.

Pero la atención debe ser puesta aún en lo que no se ve fácilmente: no es una obra de Lula solamente, ni está exento de problemas futuros que pueden hacer trizas todas las proyecciones actuales. Más aún, no se trata de copiar a Brasil, o a India, o a China. Se trata de ver el común denominador de lo que han hecho y que es sólo el inicio de un camino.

Están en el principio, quizá el fin del principio, pero falta camino por recorrer y ésa es la prueba de fuego. Cualquiera de esos países BRIC puede sufrir retrasos y abandonar el camino que les llevará a ser potencia.

The Economist lo expresó bien cuando mencionó que en Brasil, al fin hay sentido común económico. Ese sentido, mucho me temo, no es común en la clase política. E insisto, no existe un modelo brasileño, o chino, lo que sí existe es un sistema de libertades económicas que en esos países se está implantando dentro de las circunstancias locales.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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