Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Premio Desconocido
Eduardo García Gaspar
28 octubre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Me imagino que muy pocos lo saben y eso es una pena. Una pena porque resulta ser un ejemplo de mejores ideas sobre la realidad. Y, más aún, acaba siendo un contraste ilustrativo con relación al reciente Premio Nobel de la Paz (dado al presidente Obama).

Tomo datos de una columna (WSJ, 24 octubre 2009) y luego expreso mis opiniones. Existe algo que se llama Ibrahim Prize for Achievement in African Leadership, algo como el Premio Ibrahim por Logros de Liderazgo en África. Lo da una fundación y este año el premio fue declarado desierto. Sí, es una posibilidad real.

La idea y los fondos del premio son de un billonario de Sudán, Mo Ibrahim. Fue creado en 2007. Para ganarlo hay requisitos: ser un jefe de estado electo democráticamente, en un país africano y la persona debe haber dejado su puesto de poder tres años antes. Si gana, obtiene 5 millones de dólares repartidos en diez años, más 200 mil anuales de por vida. Ibrahim dijo que habría años en los que nadie ganaría.

El premio Ibrahim contrasta con el Nobel de Paz. En la página de este último, se establece que su ganador en 2009 lo fue “por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.  En 2006, el premio a Muhammad Yunus se debió a “sus esfuerzos para crear desarrollo económico y social desde abajo”. La mitad del premio fue dado a su banco, el Grameen Bank.

La impresión que se tiene es la de un premio flexible, dado con criterios muy sujetos a variación grande, incluso por intenciones nada más, en comparación a otro más estricto, con reglas más rígidas y posibilidades más reales de ser declarado desierto. Cualquiera puede ganar el Nobel, pero no el Ibrahim. ¿Criticable? No necesariamente, cada uno tiene sus reglas y son ellas las que dan los resultados. Los que sean.

Pero sí pueden ser criticadas las reglas, unas más específicas que otras. Bajo unas reglas, la oportunidad de ganar se abre a casi cualquiera, por cualquier motivo y eso produce un efecto colateral, la de creación de reglas no escritas que provienen de quien sea que otorga el premio, no del fundador. Es decir, al final, aunque no se quiera, hay reglas. Pero la única diferencia es que unas las puso el fundador y las otras las pusieron los que determinan al ganador.

En el caso del Premio Ibrahim, uno de los miembros del comité que lo otorga es Kofi Annan, no precisamente un personaje confiable y que daría el premio a cualquiera… si es que tuviera reglas flexibles. Pero las reglas del premio le impiden aplicar las suyas.

Total que al final de cuentas se tienen reglas en ambos casos. En el caso Ibrahim, su fundador las hizo explícitas y son rigurosas. En el caso del Nobel, no hay reglas específicas formales, pero las hay de todas formas: son las no conocidas, las implícitas, que imponen quienes deciden quién gana.

De acuerdo con lo anterior, es posible hacer predicciones más o menos razonables para ambos premios. Para pronosticar quién gana el Ibrahim, usted encuentra personajes que cumplan con esos requisitos, los que estableció su fundador. Y, para pronosticar el Nobel, usted usa otras reglas, las que imagina que tiene el comité que lo otorga.

Es decir, para pronosticar el Nobel, usted puede acudir a examinar los ganadores de los últimos años: Obama, Martti Ahtisaari, Al Gore, Muhammad Yunus, Mohamed ElBaradei, Wangari Muta Maathai, Carter, Kofi Annan, y otros más, entre los que están, Rigoberta Menchú y Yasser Arafat. Será un buen ejercicio encontrar comunes denominadores entre ellos.

Los comunes denominadores del Ibrahim se saben de antemano, pero no los del Nobel. Es decir, el Nobel se rige por las reglas no explícitas de su comité debido a la falta de criterios específicos.

Las críticas al Nobel dado a Obama, algunas de ellas sumamente razonables, oscurecen el fondo de la cuestión. Un premio dado por intenciones nobles resultaría inadmisible en el caso de Ibrahim, pero resulta el criterio central para el Nobel. Esta es una diferencia notable, que ayuda a evaluar la calidad del premio dado y que será muy variable en el caso del Nobel, pero no en el otro.

En fin, otro caso en el que mayor información conduce a mayor entendimiento de la realidad.


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