Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Emprendedores no Bastan
Selección de ContraPeso.info
19 junio 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Instituto Acton el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es señalar lo olvidado: la acción emprendedora no existe en el vacío, ella se torna creadora de riqueza bajo condiciones adecuadas, pero se transforma en productora de parásitos bajo otras.

Mientras la recesión global continúa destruyendo riqueza y empleos en el mundo, es reconfortante saber que algunas personas no están mirando al gobierno para resolver todos sus problemas económicos.

Desde pequeñas aldeas en países en desarrollo hasta en los alguna vez poderosos centros de las finanzas internacionales, miles de personas están volviéndose hacia su mayor recurso —ellas mismas—, y tratando de crear nuevas corrientes de progreso mediante el poder del descubrimiento emprendedor.

Los emprendedores han sido un tema popular durante ya un tiempo, pero no fue siempre así. En mucho del siglo 20, la mayoría de los economistas trataron muy poco al emprendedor. El economista, Israel Kirzner observó que “conforme la teoría económica se hizo más refinada, conforme el análisis marginal y la teoría de equilibrios de mercado se conformaron más cuidadosamente, el emprendedor retrocedió más y más de la visión teórica”.

En los últimos 30 años, sin embargo, los emprendedores han recibido una atención renovada en parte por la inmensa riqueza generada por los adelantos de la tecnología de la información. Pero también porque mucha gente se ha dado cuenta de que no tenían otra opción que la de ser emprendedores si es que querían escapar de los cementerios económicos que crearon el comunismo y el socialismo.

Esta vuelta a la actividad emprendedora, sin embargo, no sólo fue un asunto circunstancial. También refleja lo que somos como seres humanos. Sólo necesitamos leer la Biblia, Aristóteles, o a Schumpeter para darnos cuenta de que el emprender es algo propio del ser humano.

Contrario a los animales, la gente posee imaginación, razón y voluntad libre. Por tanto, somos capaces de ser creativos y volver realidad nuestras intuiciones de eso que creemos puede ser de valor para otros.

El darse cuenta de la habilidad emprendedora para transformar a sociedades enteras, ha florecido de tal manera que parece que todos están hablando de los emprendedores. El tema está lentamente yendo de la periferia de los planes de estudio de las escuelas de negocios a convertirse en una materia obligatoria.

Las ciudades compiten ahora para ser anfitrionas de ferias de emprendedores. Muchas organizaciones occidentales trabajan en naciones en desarrollo tratando de cambiar el énfasis de dar ayuda a enseñar habilidades emprendedoras. Incluso hay prisiones en los EEUU en las que líderes de negocios enseñan a los prisioneros esas habilidades, elevando por tanto las oportunidades de crear nuevas vidas e ingresos legítimos después del cumplimiento de las sentencias.

Pero en medio de este entusiasmo, corremos el riesgo de olvidar que la capacidad de los emprendedores de crear riqueza está fuertemente afectado por el medio ambiente en el que vivimos.

En muchas escuelas de negocios es posible estudiar hoy habilidades emprendedoras sin ninguna referencia al papel que juegan factores como el estado de derecho, los derechos de propiedad y los impuestos bajos, para estimular la acción emprendedora que crea riqueza.

En resumen, el emprendedor no sólo depende de un particular entendimiento de la naturaleza humana. Su carácter creador de riqueza también requiere de un arreglo moral e institucional.

Si los impuestos son elevados, si los derechos de propiedad no se protegen y la corrupción es la norma, entonces el medio ambiente contiene obstáculos enormes para la creación de riqueza de la acción emprendedora. ¿Por qué razón la gente debe arriesgarse con acciones emprendedoras cuando ella piensa que sus ideas pueden ser robadas, o que sus propiedades pueden ser confiscadas?

Como prueba de esta afirmación está un fascinante estudio del desarrollo económico actual de China. En Capitalismo con Características Chinas (2008), Yasheng Huang afirma que el despegue económico en los años 80 fue alimentado por emprendedores privados, lo que se facilitó con una mayor flexibilidad microeconómica, acceso a capital y mayor protección de la propiedad privada.

Sin embargo, el autor muestra que en los años 90 los mayores indicadores económicos mostraron un deterioro en la economía de China. Sostiene que esto fue el resultado de la sutil reafirmación de control sobre partes de la economía china. La privatización, por ejemplo, estuvo cada vez más acompañada por la retención o adquisición del gobierno de  porciones importantes de acciones en empresas grandes.

El resultado fue el declive de la actividad emprendedora en partes del territorio chino, incluyendo Shanghai. La lección, según el autor, es “perder incentivos es perder emprendedores”.

Debemos, sin embargo, preguntar también lo que sucede cuando los incentivos para los emprendedores se desalínean y se encuentran en la política, no en la economía. En estos casos, los emprendedores ya no son cuestión de crear ideas o productos que otros valoran.

En su lugar, los emprendedores lo son, identificando y aprovechando contactos políticos y oportunidades burocráticas para acumular poder o transferir riqueza a sí mismos y a sus clientes y apoyos. Bienvenidos al mundo del cabildeo, los abogados de juicios, la Venezuela de Chávez, la Rusia de Putin. Si se deja sin curar, resulta en el reemplazo de una próspera clase media por parte de una clase política parasitaria.

La implicación es que cualquiera que tome en serio a la acción emprendedora que crea riqueza, en algún momento debe poner su atención en cómo el medio ambiente moral, legal y político alínea los incentivos.

Hacer esto, involucrará sin duda temas de controversia, desde en impacto de los impuestos en los emprendedores hasta asuntos políticamente incorrectos como el de la influencia de ciertas culturas en la creación de riqueza.

La acción emprendedora —como todas las cosas— no existe en el vacío. Ya pasó el tiempo de creer que puede hacerlo.

Nota del Editor

Sobre el tratamiento económico de la función emprendedora conviene ver El Emprendedor.

Un punto sutil y poco explorado es el que Gregg hace al señalar que el talento emprendedor sigue existiendo aún cuando los incentivos son incorrectos: ese mismo talento se usa ahora de manera vil, no para crear riqueza y bienestar, sino para alimentar parásitos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras