Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Busca de Consejos
Eduardo García Gaspar
3 diciembre 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El joven dijo querer hablar conmigo y lo dijo sin sonreír. “Debe ser serio”, pensé. Quedamos de vernos en una cafetería. No tenía la menor idea de qué quería hablar, pero pronto de di cuenta.

Después de los saludos usuales, volvió a ponerse serio y planteó su problema: estaba saliendo al mismo tiempo con varias chicas y estaba confuso al respecto. De él, ellas esperaban cierta fidelidad, pero él no entendía por qué debía salir con una nada más. Con un par de ellas, además, sostenía relaciones sexuales y el resto, me dijo, son divertidas.

Descrita esa situación, le pregunté cuál era su problema, pues bajo los estándares actuales de muchos, su situación podía ser juzgada como envidiable, aunque no lo fuera. Con muchas dudas y vacilaciones, al fin respondió. Dijo sentirse insatisfecho y con dudas sobre cuál de las chicas le convenía a futuro, pues pensaba en el matrimonio dentro de algún tiempo.

Se quedó callado, esperando que yo hablara. Comencé con lo siempre digo cuando me encuentro en estas situaciones. Digo siempre que sólo puedo intentar dar ideas que permitan al otro tomar decisiones. No me puedo poner en el plano de dar consejos, sólo dar ideas. A lo que añado que diré las cosas directas y sin disfraces. Hablar con delicadeza extrema en estos casos no ayuda.

Le dije, primero, que no está mal salir con varias chicas al mismo tiempo, pero que está muy mal que se tenga sexo con siquiera una de ellas si antes no hay un matrimonio en el que se entienda una promesa de fidelidad de por vida. Sí, el sexo está mal antes del matrimonio. Devalúa a la persona.

Le dije que si decidía salir con una chica, saliera con la que él creyera que habría posibilidades de matrimonio futuro. Si no estuviera seguro sobre eso, las salidas con ella le ayudarían a pensar si efectivamente podría él verse casado con ella y vivir así el resto de su vida. Si no lo creía, le dije, tendrías que dejarla y no hacerle perder el tiempo.

Y si sale él con alguna chica sólo porque puede tener sexo con ella, su base de decisión está equivocada. Salir con una chica sólo porque con ella se va a la cama, es igual a ignorar el resto de la persona, que es lo que uno va a amar el resto de la vida. Sí, le dije que suspendiera el sexo con esas chicas, que era algo demasiado serio para ser ejercitado en situaciones sin compromisos de largo plazo.

Me miró extrañado y desconsolado. Me dijo que el sexo era parte de lo que ellas esperaban y que sin sexo, seguramente lo dejarían. Le respondí que si ellas buscaban sexo nada más, que las dejara… pero que se preguntara si no era él quien buscaba el sexo y no ellas. No me dijo nada.

Aproveché el silencio para hacer un resumen. Le había dicho que se abstuviera de dos cosas. Una, de salir más o menos formalmente con chicas con las que él pensara que no podría casarse, lo que dejaba fuera de alcance a muchas, supongo. Y también, que se abstuviera de sexo antes del matrimonio.

Volvió la cara y me dijo que sólo le había puesto reglas y muy duras, que le había pedido que renunciara a posibilidades. Le dije que sí, que eso mismo le había sugerido, pero que él era libre y que debía aceptar las consecuencias de sus actos. Que esas abstinencias a la larga daban buenos resultados. Los excesos jamás son buenos.

“Pero eso es lo que hacen todos y uno se siente presionado. Las chicas le hablan a uno y se vuelven tentadoras”, me dijo. Le respondí que no todos lo hacen y que si eso pasaba con unas, que cambiara de amigas. Sí, que cambiara su círculo de amistades si en el actual no se sentía a gusto.

Me dijo que eras demasiadas reglas y que de mí esperaba ayudas y no reglas. Le dije que yo hablaba con las mejores de las intenciones y que no buscara en mí justificaciones de lo que hacía. Si en mí había querido encontrar racionalizaciones para mantener su conducta, había acudido al lugar equivocado. Además, una de las mejores ayudas que uno puede tener es el conocer reglas de conducta.

Las reglas son necesarias, le expliqué. Si no las seguimos sabemos bastante bien qué sucederá más tarde. Los divorcios, le dije, son en buena parte producto de una mala decisión personal, especialmente el creer que el estar enamorado todo lo vence. Eso sucede en las telenovelas, con sus personajes idiotas y situaciones ridículas.

“Es que estoy de cierta manera enamorado de todas”, me dijo. Le dije que lo creía, pero que no se trataba de estar enamorado, sino de amar. Y amar es una decisión no un sentimiento. Volteó su cara y me miró. “¿No son lo mismo?”, preguntó.

No, absolutamente no. Se despidió diciendo, “Gracias, me ha dicho lo que yo tenía miedo que me dijera. Todo es difícil”.


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