Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Rescate de “Régimen”
Selección de ContraPeso.info
1 mayo 2009
Sección: POLITICA, Sección: AmaYi
Catalogado en:


El tema de este resumen es el rescate de una palabra y su significado. Esa palabra es “régimen” y para explicarla se acude a una obra de Leo Strauss acerca de la historia del derecho natural. Concretamente a uno de sus capítulos, el de la concepción clásica del derecho natural.

No es una trayectoria sencilla y nos llevará hasta Sócrates, pero en el viaje habrá paradas fascinantes, como una definición de filosofía y una justificación de las opiniones personales. El destino final es el entendimiento de la idea de régimen, lo que ella revela de una sociedad y su superioridad sobre la más usada palabra en esto días, la palabra civilización.

La idea reportada fue encontrada en Strauss, Leo (1965). NATURAL RIGHT AND HISTORY. Chicago. University of Chicago Press. 0226776948, chapter IV, Classic Natural Right, p. 120 y ss.

El capítulo da inicio hablando de Sócrates, el fundador de la doctrina clásica del derecho natural y que fue desarrollada por Platón, Aristóteles, los Estoicos, y pensadores cristianos, notablemente Santo Tomás de Aquino.

Es la doctrina clásica y no la moderna, surgida posteriormente, en el siglo 17.

Un par de páginas después, Strauss menciona que Sócrates comenzaba con el entendimiento de las cosas, derivado de las opiniones sobre ellas. La opinión vale y está sustentada en una percepción acerca de algo.

La implicación es lógica: deshacerse de las opiniones tiene consecuencias, el poner de lado la forma más importante que poseemos para conocer. Las opiniones son como señales o porciones de la verdad que puede ser alcanzada.

Sobre esto es posible entender a la filosofía como el avance de las opiniones al conocimiento y la verdad. El camino hacia el conocimiento tiene peldaños que son las opiniones. La dialéctica de Sócrates es esa, la habilidad y arte de la conversación, del alegato amigable, la controversia civilizada.

Ella se realiza entre opiniones que por ser opuestas o contradictorias ayudan a avanzar.

Con opiniones opuestas, la conversación amigable reconoce esa contradicción y se fuerza a ir más allá de esas opiniones hacia la naturaleza de las cosas.

De esta manera se percibe la verdad parcial que existe en cada opinión y se adelanta a una mejor posición, más cercana a la verdad. Las opiniones son trozos de la verdad, porciones “manchadas” de lo real.

Por esto es que es posible comprender que existan opiniones diversas acerca de la justicia y el derecho. Nada irregular es eso, al contrario. La idea de una justicia y un derecho natural es perfectamente concordante con la existencia de opiniones variadas y contrapuestas sobre ellas.

El que existan diversas opiniones acerca de la justicia o del derecho puede provocar que se piense poder por eso objetar la existencia de justicia o de derecho naturales.

Pero de acuerdo con lo anterior, la existencia de una realidad no está condicionada al consenso o acuerdo de todos al respecto. Todo lo que se requiere es la posibilidad de un consenso al que puede llegarse.

Tómese, en una situación extrema, la más alocada opinión acerca de algo y puede estarse seguro que esa opinión va más allá de ella misma. Quien la sostiene al mismo tiempo la contradice de alguna manera y se verá forzado a ir más allá de su opinión si es que se tiene esa conversación dialéctica, la de las opiniones que se usan como formas de avance del conocimiento.

Ahora el autor pone lo anterior en términos más generales. Todo conocimiento, primitivo o refinado, supone una visión comprensiva dentro de la que ese conocimiento es factible. Ese conocimiento supone a su vez un entendimiento básico del todo.

Para tener opiniones el ser humano requiere ese entendimiento del todo.

Las visiones que se tienen del todo pueden diferir. Es el mismo todo, pero diversas sociedades y personas tienen opiniones distintas e incluso contradictorias.

Cada una de las visiones es una opinión que llama por sí misma a remontarla para avanzar y acercarse más a la verdad, pero sin garantía de lograr avances reales pasando de la etapa de la discusión a la del acuerdo.

¿Una tarea interminable? Sí, así es la búsqueda del conocimiento verdadero, lo que no es causa para darse por vencido y creer que la filosofía deba limitarse a una parte del todo, no importa qué tan importante sea. El significado de esa parte depende del significado del todo.

En el terreno de la ley natural, esa manera de pensar confrontó la idea de la identificación entre el placer y lo bueno, una opinión diferente a la que establece que el placer es esencialmente diferente de lo bueno, que es más fundamental.

Para resolver ese conflicto, puede argumentarse que las necesidades son anteriores a su satisfacción y por tanto al placer de satisfacerlas.

Esas necesidades no son todas iguales. Tienen un orden o jerarquía. Las necesidades varían dependiendo del ser que las tiene. No son lo mismo las necesidades de un animal que las de un hombre. El orden de las necesidades requiere conocer la naturaleza del ser.

Un ser es bueno si corresponde con su naturaleza. La naturaleza humana es la que da la base del derecho natural. Y siendo el ser humano uno que se distingue por la razón, lo bueno para él es vivir y actuar bajo la razón, que es su naturaleza.

Parte también de la naturaleza humana es lo social. No puede vivir sin otros y posee el habla, una habilidad eminentemente social. Esta cualidad es la base del derecho natural en su sentido más estricto. Requiere, por ser social, la virtud social básica, la justicia.

No existe en una relación de persona a persona en la que ellas puedan ser libres de hacer su antojo. Todos saben esto y toda ideología es un intento para justificarse a uno mismo o a otros, acciones que no van de acuerdo con el derecho natural.

Mientras la razón de la persona no sea cultivada, podrá tener ideas de muchos tipos que justifiquen sus libertades. Pero debe reconocerse que la libertad viene acompañada por un sentido natural de que no todo debe hacerse.

La perfección humana, de acuerdo a esta doctrina clásica, puede sólo realizarse en la ciudad, una sociedad pequeña en la que sus habitantes confían unos en otros porque se conocen, o al menos conocen a quienes conocen al resto. E incluso es justificable una sociedad cerrada.

Si el control y la contención son tan naturales a la persona humana como su propia libertad, se justifica la coerción. Es legítimo el tener fuerza que refrenar. La justicia y la coerción no son opuestas, ni irreconciliables. El fin de una ciudad coincide con el de la persona: una existencia pacífica acorde con la naturaleza humana.

A lo que se añade otro elemento. No es un llamado a la igualdad. Los seres humanos varían, lo que lleva a entender que para los clásicos la igualdad de derechos es injusta.

Para llegar a su realización total, debe vivirse en la mejor sociedad posible. Los clásicos le llamaban politeia: un gobierno de personas y no sólo administración de cosas.

Suele traducirse como “constitución”, pero eso connota la idea de una ley fundamental, la que se funda en la politeia, que es más bien el arreglo de las personas en cuanto al poder político, algo como la forma de vida de las personas.

Cuando se piensa en una constitución se piensa en un gobierno, pero no se piensa en un gobierno cuando se piensa en la forma de vida de las personas en una sociedad. Para los clásicos, la forma de vida de una comunidad era determinada por la forma de su gobierno, lo que puede llamarse régimen en su sentido más amplio.

Y entonces, Strauss llega a un punto vital: la conexión entre la forma de vida de una sociedad y su forma de gobierno.

Ambas están relacionadas de una forma: el carácter de una sociedad depende de lo que ella considere que es lo más digno de admiración. Al considerar a ciertos rasgos como los más respetables, la sociedad acepta la superioridad de las personas que poseen esos rasgos en mayor proporción.

Si la sociedad considera, por ejemplo, como admirables los rasgos comunes al ciudadano ordinario, respetuoso de las leyes, trabajador y esforzado, todo lo demás debe ser justificado por eso y lo que difiere de eso será rechazado o tolerado en el mejor caso.

Eso mismo es aplicable a la serie de rasgos admirados por la sociedad y que se encuentran en otros personajes, como el guerrero, el ministro religioso, el mercader rico, el caballero, o cualquier otro personaje.

Esos personajes deberán tener poder de decisión abierta en la sociedad para entender esta idea de régimen: la coincidencia entre lo que es admirado y el gobierno que se tiene.

La noción del régimen es en estos tiempos actuales un tanto confusa. La popularidad de la historia económica, cultural, social y demás ha olvidado a la historia política y la idea del régimen. De lo que ahora se habla es de civilizaciones. Ya no se habla de regímenes, sino de civilizaciones, algo que es tremendamente difícil de definir.

Si se pregunta sobre lo que constituye una civilización se dirá que su rasgo más distintivo es el de diferentes estilos artísticos. Y eso significa que las civilizaciones son comunidades que están marcadas por rasgos que rara vez son objeto de interés.

Las sociedades no entran en conflicto ni guerra por causas de diferencias estilísticas. La idea de régimen si explicaría los conflictos entre sociedades.

¿Hay un régimen ideal? Sí, es ése que se trata de tener. El que es congruente con la naturaleza humana, uno que es deseable según la doctrina clásica, pero que también debe ser posible. Uno que reconoce la naturaleza humana y la imposibilidad de extirpar sus defectos. Bajo situaciones imperfectas se tendrán regímenes imperfectos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras