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En Respuesta a un Lector
Selección de ContraPeso.info
11 diciembre 2009
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
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Un par de columnas de Leonardo Girondella produjeron el envío de la carta de un lector, que se reproduce abajo (editada) y que es respondida por el columnista. Las dos columnas son Curso: Promiscuidad I y Curso: Más Promiscuidad.

Sr. Girondella: habiendo leído sus dos columnas sobre la educación sexual que se da en las escuelas secundarias mexicanas, puedo decir que usted pertenece al grupo de reaccionarios conservadores que desean mantener vivos conceptos atrasados, por lo que le pregunto muy directamente,

• ¿qué tanta obsesión con el sexo por parte de los conservadores, como si se tratara de actos inmorales?,

• ¿Si una acción no daña a otros sino a mí mismo, o se realiza entre dos personas que dan su consentimiento, aún así debe ser prohibido?

• ¿Por qué tanta obsesión también con el homosexualismo, que no es más que un tipo de amor natural?


Usted hace tres preguntas que van al centro de muchas cuestiones —y que a continuación trato de contestar, no con la intención de convencerlo, pero sí con el propósito de explicar mi posición.

La primera de sus interrogantes cuestiona “¿qué tanta obsesión con el sexo por parte de los conservadores, como si se tratara de actos inmorales?”

La obsesión con el sexo en realidad no es original de los conservadores —es de los progresistas y su insistencia en tratar el tema una y otra vez. Basta ver películas, revistas, televisión para constatar el creciente número de contenidos con porciones importantes de sexo abierto y descarado. Si los conservadores ponen tanta atención en el sexo es porque los progresistas lo han hecho primero y son los obsesionados originales.

¿Son actos inmorales los sexuales? No, claramente no. Son parte de la naturaleza humana. Pero realizarlos sin control y sólo por el mero motivo del placer es erróneo. Degrada a la persona y la lastima, quitando al sexo su componente de creación de vida y torciendo para mal la sexualidad humana —en tal proporción que lleva a la renuncia de consecuencias usando medios como el aborto, que es un medio para continuar con el placer sin la responsabilidad.

Su segunda pregunta es, “¿si una acción no daña a otros sino a mí mismo, o se realiza entre dos personas que dan su consentimiento, aún así debe ser prohibido?”

Es un argumento común el que usted usa para justificar una actividad sexual sin limitaciones, según entiendo lo escrito por usted.

Si usted sabe lo que daña a otros sin duda tiene una idea de lo que lo daña a usted —pero si usted no sabe que algo lo daña, será muy difícil que sepa lo que daña a otros. Es decir, el argumento que usted usa produce ignorancia de lo que es daño en usted y en el resto. Justificará cualquier acción, la que sea en contra suya, o en contra de otros si es que ellos consienten realizarla. La ética basada en sólo no lastimar a otros es una ética coja y sin sentido, que hace de lado la noción central de dañarse a uno mismo.

Lo que usted plantea, en realidad es hacer válido el principio de que nada de malo tiene dañarse a sí mismo. Es una posición débil en el sentido ético. Si se aceptara, tendría que aceptarse la conversión del ser humano en uno estúpido, uno al que le es permitido dañarse.

Cuando hablo de daño, por supuesto me refiero a cuestiones corporales, como la propagación de enfermedades sexuales y conexas —pero también a un daño mental, que es ablandamiento de la fuerza de voluntad y del sentido de deber. Las personas nos convertiríamos en buscadores inmediatos de placeres momentáneos, sin prudencia para anticipar consecuencias.

La tercera de sus preguntas es, “¿por qué tanta obsesión también con el homosexualismo, que no es más que un tipo de amor natural?”

De entrada apunto que mi posición es opuesta a la aceptación de lo llamado orientación sexual —la que establece que cada persona puede seleccionar su sexo mental independiente de su sexo físico.

Una razón de esto es sencilla: el que alguien pueda seleccionar su orientación sexual abre las puertas a decisiones como el sexo con personas del mismo sexo, con menores, con lo que pueda pensarse. Abrir esa puerta es un error de consideración —pero considero en lo que sigue sólo el sexo con personas del mismo sexo, todas adultas.

Quizá sea básico, al inicio, señalar que no estoy en contra de los homosexuales, de sus personas, sino de sus actos —nada personal hay en esto, que es algo que suele estar en la mente de muchos. Igual que se reprueban actos de heterosexuales, se reprueban actos de homosexuales.

Un acto homosexual es contrario a la naturaleza humana en varios sentidos. Uno es el físico —nuestros cuerpos, con sus genitales y orificios, están construidos de tal manera que hacen a algunos actos sexuales contrarios a nuestra construcción corpórea. Esto, bien se sabe, tiene consecuencias en nuestros cuerpos.

El otro sentido es el mental —que es algo más complejo de explicar y que se refiere a nuestro entendimiento del sexo. La relación sexual tiene un propósito claro, que es la creación de descendencia, tener hijos. Pero la relación sexual también es un gozo físico que no puede negarse. Esos dos elementos están ligados naturalmente y desenlazarlos tiene consecuencias: convierte a las personas en buscadores de placer sexual sin la otra parte, la creación de vida.

Si lo único que se busca es placer sexual y eso fuera válido, serían admisibles las infidelidades matrimoniales, la realización de cualquier acto sexual y, por eso, el socavar la institución familiar como una responsable de hacer madurar a los hijos. Lo que digo es que la búsqueda de placer sexual por cualquier medio daña a la siguiente generación.

Por eso es que el sexo fuera de una relación de compromiso matrimonial es extraña a la naturaleza humana. El marido heterosexual que tiene relaciones con otras personas fuera de su matrimonio es culpable de lo mismo que tienen las relaciones homosexuales: se han concentrado en el placer físico haciendo de lado el propósito natural de tener hijos.

La posibilidad de tener sexo sin consecuencias de procreación crea una situación especial, la de la multiplicación de esos contactos y con eso los actos sexuales ya no son actos de amor y entrega al otro, son simples búsquedas egoístas de placer —lo que causa adicción y pérdida del sentido del sexo, el que ahora es un simple instrumento de gozo momentáneo.

Es usual, por último, que estas afirmaciones provoquen el lanzamiento de un calificativo inmediato —me llamarán homófobo. No tengo manera de impedir esto, que es muy lamentable, porque los epítetos no son sustitutos de la razón ni del diálogo que busca la verdad. Llamarme conservador atrasado, o algo similar, es una salida fácil.


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