Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En una ocasión…
Eduardo García Gaspar
7 enero 2009
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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El 27 de febrero de 1989 publiqué en El Norte (Monterrey, México) un texto titulado Productividad Ejecutiva: una visión personal de las diferencias entre los ejecutivos latinos y los americanos.

Las empresas, todas ellas, tienen una personalidad, o un estilo, como quiera llamarse. Son rasgos que las diferencian de otras, reales o imaginarios. Esos rasgos los producen los ejecutivos principales y sus accionistas. Lo que sigue es una exploración personal de rasgos ejecutivos.

Concretamente, una comparación de estilos ejecutivos entre mexicanos y estadounidenses. La comparación está sustentada en mi experiencia personal y nada más, la que incluye tratos con ejecutivos de diversas empresas en la Ciudad de México, Monterrey, Chicago, Nueva York, y otras ciudades más, incluyendo a algunas de América Latina, como Bogotá, San Juan, Caracas y Sao Paolo.

Mi tesis central es la que establece que en general existe una eficiencia menor en los ejecutivos mexicanos en general que en los estadounidenses. Por eficiencia entiendo productividad, hacer más con menos. Las causas de la menor eficiencia son las siguientes. No es una lista exhaustiva, pero sí intenta mencionar las principales causas.

No molestes con los datos, ahorita lo decido

Los ejecutivos mexicanos, en general, tienen un maravilloso poder para improvisar contando con escaso tiempo y poca o nula información. Esto es posible gracias a una intuición muy desarrollada, mayor a la de los estadounidenses. Esta virtud, sin embargo, tiene una contrapartida indeseable.

La improvisación es una buena táctica en situaciones específicas, pero es una terrible costumbre como estrategia continua. Se crea el hábito de desechar información, aunque se tenga y se carece del poder para interpretarla. Confiados en la buena intuición, descuidan los mexicanos datos útiles que mejorarían sus decisiones.

En una ocasión, se presentaron al director general los datos de una investigación de mercado usados para justificar una campaña publicitaria que atacaba un problema complejo de una marca. El director dijo que abreviaran la reunión sin los datos, vio la campaña, la rechazó y en ese momento creó una nueva que no resolvía el problema. Cientos de horas de mucho talento se desperdiciaron y varios millones de pesos se perdieron.

Nos vemos en principio a las once

La impuntualidad, un hábito legendario del mexicano, tiene costos por la pérdida de tiempo que produce en otros. A esto se une un uso flexible del tiempo, creyéndolo abundante en todos, causa por la que las reuniones son más prolongadas en México y llegan a menos acuerdos menos concretos.

En una ocasión, un alto ejecutivo me pidió una reunión y me dijo que “en principio” nos reuníamos a las nueve de la mañana. Pregunté qué quería decir eso, pero no obtuve respuesta. La conocí cuando fui recibido a las once, sin disculpas y la mañana fue desperdiciada en una conversación que nunca llegó a acciones decididas.

Podemos resolverlo todo

Quizá sea que el mexicano tiene una visión más global o integral y el estadounidense más analítica, pero la realidad es que la determinación de prioridades es más sencilla con este último, lo que ayuda a jerarquizar actividades y orienta la acción del resto. Para el mexicano, todo puede hacerse al mismo tiempo y hay menos señalización de prioridades.

En una ocasión, varios ejecutivos de una empresa, nos llamaron para examinar un problema de mercado de su principal marca. Cada uno de esos ejecutivos habló sin orden durante una reunión que duró todo el día y jamás pudo llegar a determinar las facetas del problema, ni la importancia con la que debían atenderse.

No te pago para pensar

Me refiero a la costumbre de obstaculizar la delegación en la toma de decisiones, la que se acumula en el superior e impide el desarrollo de los subalternos. El tramo de control del ejecutivo se vuelve mayor y eso eleva las posibilidades de error. El estadounidense tiende a delegar más libremente y asignar responsabilidades por errores.

En una ocasión, recibí instrucciones específicas para la realización de una investigación de mercado. El ejecutivo incluso me dio el cuestionario a usarse, el que contenía errores básicos. Expliqué las causas por las que la investigación no daría resultados útiles. Se realizó, se comprobó que los datos eran inútiles y el ejecutivo me asignó la culpa del fracaso.

Lo tratamos en la comida

El horario de trabajo del ejecutivo mexicano dura más. Puede comenzar en el desayuno y alargarse hasta la cena. Todo por tratar asuntos de trabajo. Las comidas se vuelven ocasiones de negocio, aunque no lo merezcan. La consecuencia es un uso mayor de tiempo con menores logros.

La rutina del estadounidense es más restrictiva y las comidas son eso nada más, no tanto para negocios como regla, sino como excepción. Esto coloca más presión en el uso del tiempo y menos desperdicio.

En una ocasión fui invitado a comer con un cliente de la empresa. Tres horas después seguíamos en el restaurante sin haber llegado a nada concreto y me despedí. Me dijo que en otra ocasión, con más tiempo, trataríamos el asunto que le urgía.

Me llevo muy bien con el jefe

El énfasis en resultados y logros es mayor entre los estadounidenses, que entre los mexicanos. Para estos, las relaciones personales tienen una mayor relevancia que para aquellos. Por consiguiente, las evaluaciones de desempeño son muy diferentes, en las que los mexicanos dan prioridad a las amistades y relaciones personales.

En una ocasión, la evaluación de mi desempeño anual había sido extraordinaria. Todos los objetivos habían sido alcanzados y yo esperaba un bono alto. No lo obtuve. Busqué a mi jefe para preguntar la razón. Me dio la razón en cuanto a los objetivos, pero me negó el bono porque entre él y yo no había cercanía como con el resto de quienes le reportábamos.

Me dijo que yo lo hiciera

La organización de la empresa tiene niveles y especialidades. Cuando estos se pasan por alto, se genera confusión. Los  mexicanos son algo más inclinados a violar niveles y especialidades: pueden responsabilizar de un trabajo al no especialista de otra área, o pueden brincarse al superior inmediato.

En una ocasión fui llamado a la oficina del jefe de mi jefe en la que recibí instrucciones de hacer lo opuesto de lo que había prometido hacer a mi jefe inmediato. Pero aún, se trataba de una tarea que era responsabilidad de otros, no mía.

Urge hacerlo, mañana lo quieren temprano

Me refiero a los trabajos de última hora, encargados por algún alto ejecutivo que tiene una reunión al día siguiente y hace pasar a su personal toda la noche trabajando. Suele ser que al llegar la hora, el trabajo ya no se necesite o tenga que repetirse por cualquier razón. Quizá ni siquiera era necesario.

En una ocasión, después de ver a su jefe, la persona habló con quienes le reportaban. Les dijo que el jefe tenía una reunión con el director general para ver el plan de medios de una de las marcas bajo el supuesto de un presupuesto nuevo, más bajo. Eran las seis de la tarde y trabajaron hasta la madrugada. A las nueve entregaron el trabajo. Su jefe había salido de viaje.

Los estados financieros indican…

Los estados contables son vitales, pero para los mexicanos llegan a ser los únicos parámetros de negocio. Los estadounidenses también padecen la enfermedad, pero en menor grado y dan cabida a otros datos de mercado. No los mexicanos.

En una ocasión, fui llamado a las oficinas del director general. Quería ver información sobre el marketing de una de las marcas y los resultados de una campaña publicitaria que había iniciado un año antes. Me recibió usando al Estado de Resultados como sistema de evaluación.

Estoy con la agenda saturada

Me refiero a la carencia de tiempo libre. En general, lo que he visto, indica menos flexibilidad en la agenda del mexicano para abrir espacios necesarios, al mismo tiempo que se emplea el tiempo en bajas prioridades. Las agendas estadounidenses emplean menos tiempo y dan más oportunidades para imprevistos.

En una ocasión quise ver a mi jefe inmediato para tratar con urgencia una decisión que yo había tomado, pero que quería que él supiese antes de conocerse. Me dijo que era imposible verle ni cinco minutos. Le mencioné que era urgente, que no podía esperar. Decidí ir adelante para luego recibir un regaño por no avisar. Él había ido a comer con unos amigos, supe luego.

Finalmente, todo lo anterior tiene un aspecto negativo y menciona experiencias un tanto desoladoras. La realidad es mucho menos extrema y tiene muchos más momentos agradables que desagradables. Señalar lo malo cumple con un objetivo, el intentar corregirlo.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.



No hay comentarios en “En una ocasión…”
  1. Alberto Recio Dijo:

    Excelente artículo, el cual motiva a eliminar esas actitudes, manteniendo lo positivo, que claro existe, en nuestra cultura. Errores en el texto: Me llevo muy bien con el jefe El énfasis es [EN] resultados y logros es mayor entre los estadounidenses, que entre los mexicanos. Urge hacerlo, mañana lo quieren temprano Me refiero a los trabajos de última hora, encargados por algún alto ejecutivo que tiene una reunión al día siguiente y hace pasar a us [SU] personal toda la noche trabajando.[nota del editor: errores corregidos, en verdad gracias]





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