La falacia de la disyuntiva falsa. Un modo erróneo de razonar sustentado en el uso de alternativas extremas y simples que no son las únicas, ni se excluyen una a la otra. Más la historia del burro y sus opciones.

Varios nombres

Esta falacia es conocida como la de la disyuntiva falsa, de la falsa disyunción, del falso dilema. O cualquier otra expresión que exprese esa idea de alternativa, encrucijada, u opción que estén expresadas incorrectamente.

También es llamada «dilema falsificado, falacia del tercero excluido, falsa dicotomía, falsa oposición,​ falsa dualidad, falso correlativo o bifurcación».

Definición de la falacia de la falsa disyuntiva

Esta falacia es un modo incorrecto de razonar cuyo error consiste en un manejo inexacto de las alternativas que ofrece para dilucidar un asunto.

Ella ha sido explicada así:

«Se produce una falacia por falsa disyunción cuando los términos en disyuntiva no son exhaustivos o no son excluyentes. […] El argumento disyuntivo elemental consta de: Una disyunción que recoge dos únicas opciones alternativas. Dos proposiciones condicionales que analizan las alternativas para descartar una de ellas. Una conclusión». usoderazon.com

O bien de esta otra manera:

«La falacia lógica del falso dilema involucra una situación en la que se presentan dos puntos de vista como las únicas opciones posibles, cuando en realidad existen una o más opciones alternativas que no han sido consideradas. Las dos alternativas son con frecuencia, aunque no siempre, los puntos de vista más extremos dentro de un espectro de posibilidades». es.wikipedia.org

Ejemplos

Las afirmaciones siguientes muestran casos frecuentes de esta falacia del falso dilema.

  • No votaste por Barack Obama, por lo tanto eres un racista que discrimina a la gente de color.
  • Estás en contra de este gobierno de avanzada, lo que demuestra que eres un conservador intransigente.
  • El diputado X votó en contra del aumento del presupuesto de educación y con eso mostró que nada le importan los jóvenes y los niños.
  • El candidato ha planteado que sin su gobierno el país entero caerá en el caos. La gente debe elegir entre entre él y el colapso nacional.
  • ¿Eres ateo o aún sigues creyendo en supersticiones?

Estos ejemplos da una idea razonable del error cometido por la falacia de la disyuntiva falsa.

El error en las opciones

Para comprender la equivocación que se comete en esta falacia deben examinarse las alternativas que ofrece en su argumento. En su planteamiento está la equivocación, la que puede verse esquemáticamente:

• La falacia plantea un tema para el que ofrece solamente dos opciones de solución y nada más que eso. Generalmente dos posiciones extremas entre las que no admite ninguna otra posibilidad.

• Las dos soluciones pueden contener un error de exclusión de otras opciones posibles. Es decir, las dos alternativas son incompletas en su conjunto. No votar por Obama no significa necesariamente que la persona sea racista.

• Las dos soluciones pueden no ser excluyentes. Es decir, ellas no ofrecen una exclusión mutua. El desaprobar la prohibición de bebidas alcohólicas no excluye que quien lo haga sea un preocupado por los efectos del alcoholismo.

Un muy famoso caso concreto

La frase viene del discurso inaugural de J. F. Kennedy, pronunciado el 20 de enero de 1961.

Allí dijo, «Entonces, compatriotas, no pregunten qué puede hacer su país por ustedes, pregunten qué pueden hacer ustedes por su país».

La retórica es excepcional y se repite una y otra vez como un ejemplo de lo que debe hacer un ciudadano ejemplar. ¿Es verdad? No.

En una columna, de enero de 2009, Arturo Damm, la examina —y lo hace citando como primer paso a Milton Friedman (1912-2006):

«El hombre libre no se pregunta ni qué puede hacer su país por él, ni qué puede hacer él por su país».

Es decir la frase de Kennedy es irrelevante por dos razones.

Una, la posición del hombre libre y autónomo, que no pide a otros hacer cosas por él y no espera tampoco que se le obligue hacer cosas por otros.

La segunda razón de la irrelevancia es la imposibilidad de personificar a la nación —hacer algo por otros o que otros lo hagan por uno, necesita definir un quién, pero un país es un qué. Un buen caso de la falacia de la disyuntiva falsa.

Dice Damm,

«la existencia del país depende, sobre todo, de la existencia de las personas que lo integran, de tal manera que hacer algo por el país supondría hacer algo por todos los demás, sin exclusión de ninguno, y que el país haga algo por uno supondría que todos los demás, sin faltar alguno, hicieran algo por uno, siendo que ambos casos resultan imposibles».

Examinar la frase de Kennedy permite mostrarla falacia de la disyuntiva falsa —la que plantea sólo dos opciones entre las que se fuerza a escoger, ignorando que hay otras alternativas.

Pero también deja ver cómo la mentalidad estatista se cuela por todas partes contaminando las mentes de los ciudadanos.

Cuando hay elecciones

En el caso de las elecciones es falacia fue muy frecuente —los partidarios de los candidatos presuponen con frecuencia que si una persona no está a su favor es que está a favor de otro. Ignoran posiciones como el no estar a favor de ninguno y la de no ser un fan político.

Es una de las manifestaciones de posiciones radicales ideológicas, que colocan a las personas en una posición de sí o no.

Un ejemplo de comercio exterior

Madsen Pirie usa un ejemplo interesante.

Explica que si importamos bienes al país, eso significa que trasladamos nuestros empleos al exterior y si exportamos bienes entonces trasladamos nuestras propiedades al exterior, por tanto no debemos exportar ni importar.

El resto de los argumentos del comercio libre son ignorados.

Los gobernantes son los más duchos al presentar esta falacia de manera creíble y aceptable para muchos que no se dan cuenta de la trampa.

Por ejemplo, en el discurso inaugural de Obama, él dijo que la cuestión que nos planteamos hoy, no es si el gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona.

Es una variante de la falacia de la disyuntiva —plantea primero la cuestión del tamaño del gobierno y luego de la la eficiencia de su funcionamiento: a continuación descarta la primera y se queda con la segunda alternativa.

Es un bonito malabar intelectual que hace de lado a la opción que no le conviene, porque en realidad el asunto del tamaño del gobierno es básico, como también la de su eficiencia.

Desde luego, es una posibilidad de que en la realidad efectivamente solo existan dos opciones posibles —en cuyo caso la falacia no existirá: el reto intelectual radica en encontrar la existencia de opciones no planteadas por la disyuntiva.

Otro ejemplo

El presidente mexicano dijo recientemente sobre la selección de personas para puestos dee gobierno:

«“Si hablamos en términos cuantitativos, 90% honestidad, 10% experiencia. ¿Cómo la ven? ¿Porque antes cómo era? Al revés. 90% experiencia, buenísimos y además charlatanes. Pero eso sí, muy corruptos, de los que firmaban todo”, comentó». animalpolitico.com

Es obvio que la alternativa no está entre funcionarios honestos y experimentados. Existen otros criterios y, lo esencial, la experiencia y la honestidad no son excluyentes.

Bonus track: la historia del burro con una disyuntiva posiblemente falsa.

Las dos alternativas del asno

Por Eduardo García Gaspar

La historia

Dos reinos se encontraban en guerra peleando por el dominio de uno sobre otro. Esto tenía atemorizada a la población de ambas partes. Sus pobladores vivían en constante temor, pues no había semana en la que no vieran tropas enemigas marchar por sus tierras.

Un cierto día, en una pequeña pradera, cerca de un bosque, el leñador de palacio cargaba costales de su burro. Con la leña recolectada podría hacer buenos fuegos en el palacio y calentar las habitaciones reales. Estaba la carga casi lista cuando el leñador escuchó el ruido que más temía, el de las tropas enemigas que se acercaban.

De inmediato terminó de cargar la leña y trató de apresurar el caminar del burro, el que marchaba ahora más lento que de costumbre. Por más que lo jalaba del hocico y lo golpeaba en la cola, el burro se negaba a caminar con más prisa. Fue entonces que el leñador decidió usar su retórica.

Se puso frente al burro y con gran seriedad le explicó las razones por las que debería apresurarse. El burro, se cuenta, lo escuchó con gran atención. Terminada la exposición de las razones del leñador, fue ahora turno de hablar del burro.Lo que dijo fue más o menos lo siguiente:

¿Por qué debo apresurar el paso con carga tan pesada? ¿Por qué debo temer a quienes ya están a la vista? ¿Qué harán ellos conmigo? Bajo tu dominio llevo leña al palacio de un rey y bajo el dominio del otro rey harán lo mismo conmigo. No tengo nada que ganar ni que perder con uno ni con otro.

Esopo, que es quien cuenta esta fábula, hace explícita una moraleja: un cambio de amo no significa nada para la gente. Ellos permanecerán iguales bajo las órdenes de uno que de otro. No tiene para ellos ningún caso realizar nada extraordinario.

La mente del asno

La reacción del burro tiene un interés adicional. Le da lo mismo quién gobierne. Él se distancia del gobernante, al que ve con desgano y desinterés.

No camina de prisa, simplemente camina con lentitud. No tiene ninguna lógica el hacer más, ni el pensar más. Es una decisión absolutamente racional dentro de esa mentalidad de fastidio y desdén. La historia es curiosa más por esta reacción que por las palabras del burro. Si se vive dentro de un sistema en el que quien cuenta es sólo el que gobierna, el resto sale sobrando.

¿Es el pensamiento del asno un caso de falacia de la disyuntiva falsa? Es decir, ¿tiene otra opción en animal o no? Dejo al lector el examen de esta cuestión.

Otra historia, otro asno

El cuento es de un filósofo francés, Jean Buridan. Supóngase, dice la historia del asno, que este animal es un pensador frío y calculador, que puede pensar razonablemente como nadie más.

Un día, caminando por la granja en la que vive, el asno se encuentra en una situación muy peculiar. Está a una distancia exactamente igual de su alimento, dos pacas de heno que son idénticas.

Sus cálculos le indican iguales costos y beneficios en ambas direcciones, por lo que no puede tomar una decisión. Sigue pensando, pero tal igualdad le hace imposible decidir y termina muriendo de hambre en medio de su alimento.

Lo que puede concluirse de la historia es que el asno no era tan racional como pensaba, o que al menos tenía la mente muy cerrada, pues sólo había considerado dos opciones, las de los dos montones de heno. La falacia de la disyuntiva falsa en pleno esplendor.

Si hubiera tenido algo de imaginación habría visto otras opciones de decisión: se quedaba en medio dudando entre ambas pacas y moría, o seleccionaba cualquiera de ellas y vivía. Su objetivo era mantenerse con vida, no la selección de una paca.

El error del asno era uno de comprensión del problema, al que definió mal y por eso no podía tomar una decisión que pensara fuese conveniente. Es, insisto, un error de mal entendimiento de la decisión a tomar y que impide ver opciones mejores diferentes.

Alternativas artificiales, la falacia de la falsa disyuntiva

¿Control estatal de precios o inflación sin límite? ¿Igualdad o injusticia?

Estos y muchos otros más, son planteamientos comunes. Formas de definir problemas a manera de disyuntivas entre dos posibilidades. Una de ellas es la que debe seleccionarse. Una y solamente una.

Con frecuencia los asuntos políticos se plantean de esa manera, con dos alternativas únicas. El problema es que pueden ser reales esas alternativas, pero también pueden ser artificiales.

Los novios

Tome usted al novio que le pide la mano a su novia. Ella tiene a su disposición dos caminos que son obvios y no hay más que esos dos. ¿O hay más?

Posiblemente los haya. Quizá ella responda que no sabe y que prefiere esperar un tiempo antes de responder.

Pongamos un nombre a esto, el de la dicotomía o disyuntiva falsa, una falacia. Una que ofrece ella la ventaja de la simplificación, pero al mismo seguramente puede cometer un error de simplismo.

Igualmente, puede plantear opciones correctas, pero también es posible que haya más de dos, o incluso, que no sea real la disyuntiva, que no haya oposición dicotómica entre las alternativas.

Un profesor falaz

Hace ya tiempo un profesor de universidad planteó la idea de que los gobiernos tenían que decidir entre mantener un sistema económico injusto o dar entrada a medidas redistributivas que solucionaran la desigualdad.

No había opción adicional. «¿Injusticia o igualdad?», dijo él.

Bueno, cualquiera puede ver que no son esas alternativas opuestas que necesiten una decisión de selección. Más bien es una manera equivocada de definir un problema y esta es precisamente la falla que se comete al usar dicotomías artificiales. La decisión que se tome será también artificial.

Las alternativas de Shakespeare

Un libro que trata el tema nos previene de que si acaso nos volvemos unos fundamentalistas al respecto, perderíamos disyuntivas inspiradas, como «La vida es una gran aventura o es nada» (Baggini, Julian. 2009. The Duck That Won the Lottery: 100 New Experiments for the Armchair Philosopher).

Y como la quizá más artística disyuntiva jamás planteada:

«¡Ser, o no ser, es la cuestión! ¿Qué debe más dignamente optar el alma noble entre sufrir de la fortuna impía, el porfiador rigor, o rebelarse contra un mar de desdichas, y afrontándolo desaparecer con ellas?»

Este es un buen resumen de estas dicotomías:

«También es conocida como la falacia del blanco o negro o del dilema falso. Se han reducido el número de opciones a dos, siendo normalmente las más extremas. Así, el atacante acota el argumento y oculta las demás posibilidades, consiguiendo que no se tengan en cuenta otros factores. Es una falacia lógica porque se está simplificando y en consecuencia no se está teniendo en cuenta todo el espectro de opciones» falaciaslogicas.com

El problema, sin embargo, subsiste: es posible que en verdad exista ese dilema entre solamente dos opciones. Un amigo lo explica con el ejemplo de «se está o no se está embarazado, no hay tercera opción».

Y unas cosas más…

Conviene ver

[La columna fue actualizada en 2019-12]