Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacia de la Imposición Oculta
Leonardo Girondella Mora
8 septiembre 2009
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Hay palabras que garantizan ganar cualquier discusión —decirle “fascista” al opositor es una de ellas. La otra es acusarlo que “querer imponer sus ideas”. La discusión se gana, por motivos falsos, pero se gana por lo general.

Un caso —que exploro a continuación—, es buena muestra de una falacia a la que puedo llamar, falacia de la imposición oculta. La persona A discute con la persona B con respecto a cualquier cosa y A acusa a B de querer imponer su idea, la que sea, terminando así la discusión con la imposición oculta, pero inevitable, de la idea de A.

Por ejemplo, Andrés habla con Benito sobre el aborto. Andrés lo aprueba y Benito está en contra. La discusión en algún momento hace que Andrés le diga a Benito, “¡Estás tratando de imponer tu idea de que el aborto es un crimen!”.

Con esa frase Benito puede ser derrotado, no porque no tenga razón, sino porque se le percibe como una persona dura que quiere imponerse sobre el resto. Pero al final, si pierde Benito, el resultado inevitable es la imposición de la idea de Andrés.

El siguiente es un ejemplo real —el 18 de junio de 2009, Roberto Blancarte escribió una columna en la que critica al Episcopado Mexicano porque en uno de sus documentos se afirma que la tarea de los clérigos católicos “es formar conciencias, defender la justicia, la verdad y educar en la dignidad individual y política”. Blancarte critica lo dicho por el episcopado; la crítica usa la falacia de la imposición oculta —cito sus palabras:

“El episcopado, sin duda alguna, puede asumir dicha tarea. Únicamente, tendrá que recordar que, en ese derecho a formar conciencias, no defenderá “la” justicia, sino “su” justicia y no defenderá “la” verdad, sino “su” verdad… nadie puede imponerle a los demás su verdad y su justicia, sino que éstas deberán basarse en la pluralidad de concepciones…”

Es un argumento hábil y efectivo, que causa impresión en el incauto —en este caso hace ver al episcopado como un tirano que intenta imponerse sobre el resto. A nadie le agrada que sobre él se impongan ideas. Se connotan ideas de fuerza indebida y eso causa rechazo. Se ha ganado la discusión, pero sobre una base falsa: no ha demostrado que lo sostenido por el episcopado es falso, ni que lo dicho por Blancarte es cierto.

A lo que dijo el episcopado, le ha puesto un ropaje encima y, sin más análisis, lo rechaza. Como muchas falacias, ésta tiene la falla de ignorar las premisas del opositor. No me interesa en este ejemplo defender al episcopado —lo que quiero examinar es el uso de la falacia que se usa para ganar una argumentación con el pretexto de que el opositor quiere imponer sus ideas a todos.

El resultado final es, por supuesto, la imposición de las ideas del que acusó a otro de querer imponer algo —pero esto es poco notado por el incauto, que termina siendo engañado con vileza.

Los siguientes son rasgos de la falacia de la imposición oculta:

1. Reduce la discusión a un conflicto de poder —el que quiere imponer contra el que impone ocultamente al final. No se examinan los argumentos, ni las premisas, todo de abrevia a una lucha de poder para imponer.

2. Reduce la discusión a dos únicas opciones, negando la existencia de otras posibilidades —o es una posición o es la otra y nada más.

3. Reduce la discusión al duelo entre dos “verdades” —una de las cuales quiere ser impuesta, mientras la otra sobrevive sin argumentación que la soporte. En el ejemplo de Blancarte es muy obvio, cuando habla de “su verdad”, presuponiendo que él tiene “la” verdad. Si la tiene o no, no lo argumenta con solidez.

4. Reduce toda discusión a la justificación de la existencia de pluralidad de opiniones que son todas válidas y ninguna de ellas puede imponerse —el efecto neto es en verdad la imposición de otra opinión, la de que la pluralidad de opiniones impide toda argumentación que las defienda.

5. Reduce la discusión al relativismo, al evitar el uso de criterios externos, de realidad, que sirvan de validación a los argumentos de cada parte —sin nada externo, ajeno a la voluntad de quienes discuten, todo lo que puede hacerse es intentar imponerse por medios ajenos a la razón.

Esto último debe expandirse —las opiniones sobre cuánto mide un terreno puede ser comprobadas con una medición externa, en la que la voluntad de las personas no interviene. Solamente con una pistola en mano alguien convencerá al otro de que está en lo cierto.

En las discusiones de temas como el que trata Blancarte puede recurrirse a criterios externos, ajenos a ambas partes, de los que se derivan conclusiones lógicas que son las que pueden discutirse. Pero intentar anular la posición contraria argumentando que es una imposición de ideas, es una manifestación de bajo poder de razonamiento que se aprovecha de la ingenuidad de terceros.

Nota del Editor

Un buen comienzo para el lector curioso en el terreno de las falacias es La Falacia del Insulto.


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