Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacia de la Intención
Leonardo Girondella Mora
19 marzo 2009
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La falacia de la intención, que también puede ser llamada falacia del objetivo, es una equivocación del razonamiento cuando la intención es usada para invalidar o aceptar sin otro argumento una conclusión.

Un mejor entendimiento de la definición puede apreciarse en el ejemplo de las promesas electorales que proponen la implantación de programas de ayuda para los pobres —casos en los que la sola intención es usada para validar la conveniencia del programa: el programa de ayuda a los pobres debe ser implantado porque su objetivo es ayudar a los pobres.

Es un razonamiento circular que conduciría a la aprobación de cualquier conclusión por causa de la intención que persigue —el error se encuentra en el poner de lado los argumentos que justifiquen que podrá alcanzarse el objetivo. La falacia, por tanto, es una que comete un error de justificación: trata de validar una conclusión, la que sea, usando como base la intención que se tiene.

Esto conduciría a, por ejemplo, aprobar el aumento de circulante en una economía porque ello pondría más dinero en manos de la gente —o a prohibir el uso de autos porque así ya no habría accidentes automovilísticos. O a aprobar todo programa de ayuda a los pobres, el que sea y sin pensar en su efectividad.

En marzo de 2006, ContraPeso.info publicó La Falacia del Motivo —una explicación del error que se comete cuando se alega que la intención de una acción invalida tal acción. Es cierto, pero no es una explicación completa y debería incluir la acepción anterior.

El caso que en esa columna se explica es el de corrupción gubernamental —un gobernante cualquiera es encontrado culpable de esa falta y él se defiende afirmando que quienes lo acusan tienen la intención de desprestigiarlo: no se defiende de los cargos, sino que cuestiona la intención de quienes lo acusan.

Es ésta otra modalidad de la falacia de la intención y que comete el mismo error, el de alejarse de las argumentaciones que importan para usar el motivo de la acción como una herramienta que invalida la conclusión: “no soy corrupto porque, sin mencionar mi riqueza inexplicable, quienes me acusan son mis rivales políticos”.

Por consecuencia, la falacia de la intención tiene un uso doble —puede ser usada para defender una conclusión, pero también para atacarla. En ambos casos existe una táctica que distrae la atención de los temas medulares, a la que con demasiada frecuencia se sucumbe.

Para dejar clara la idea, pueden usarse los siguientes ejemplos:

• Un gobernante propone que se aumente el salario mínimo legal de los trabajadores en una cierta nación y en su defensa alega que la medida debe ser aprobada porque tiene la intención de mejorar el ingreso de los trabajadores. Nadie puede negar que la intención es positiva, pero ignorar otras argumentaciones es el error que se comete —se elevaría el costo del trabajo produciendo desempleo y se elevarían los ingresos de quienes permanezcan empleados solamente.

• Un empresario propone la adquisición de una empresa porque ella incrementaría el volumen de ventas —elevar las ventas es un buen objetivo, pero no puede justificar totalmente tal decisión: muchas otras cosas deben ser consideradas.

• Un medio noticioso da a conocer una situación de mala administración de un gobernante, señalando una sospechosa selección de proveedores de obras públicas —y el político se defiende de tal situación alegando que se trata de una campaña de desprestigio: desvía la atención de la acusación arrojando sospechas sobre las intenciones ocultas el reportaje.

Sea para defender una conclusión o para atacarla, la falacia de la intención es una argumentación errónea pero muy efectiva en medios culturales en los que las teorías de conspiraciones son creídas con facilidad. El éxito de la falacia se basa en su gran capacidad para desviar la atención del asunto medular y las argumentaciones que importan.

No es que deban ignorarse por completo las intenciones, que en verdad pueden dar información complementaria sobre la argumentación —pero sí es un asunto de considerar otros argumentos que añaden riqueza a los razonamientos.

En los casos criminales, en los que una persona es, por ejemplo, asesinada y deja una herencia cuantiosa a un heredero, suele ponerse un peso enorme en el motivo o intención —lo que haría sospechoso en primer lugar a ese heredero, aunque eso no bastaría como prueba total y suficiente.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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