Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Francisco Suárez
Textos de un Laico
23 octubre 2009
Sección: FAMOSOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea sobre Francisco Suárez. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es destacar un aspecto del pensamiento de Suárez, sobre la división de los poderes. Suárez, uno de los Escolásticos, es un personaje que debe ser tenido en cuenta ahora, cuando los gobiernos han entrado en una nueva clase de divinización.

“…si un príncipe legítimo gobierna tiránicamente y no se encuentra otro medio de autodefensa que la expulsión y destitución del rey, entonces el pueblo, actuando como un todo…puede destituirlo.”

Durante el siglo XVI irrumpió en la escena política una mezcla de ideas profanas y sagradas caracterizadas por la aparición de la doctrina del Derecho Divino de los Reyes.

A lo largo del norte de Europa, particularmente en Francia, los monarcas demandaban para sí mismos soberanía divina del mismo modo que la iglesia lo había hecho respecto a su autoridad moral divina.

El resultado fue una divinización del Estado que permitió al monarca proclamar que no era responsable ante la iglesia ni ante los individuos, sino solamente ante Dios.

Francisco Suárez (1548-1617), en contra de defensores de este derecho divino como Jaime I de Inglaterra, defendió las instituciones sagradas en contra de la perversión secular que amenazaba la integridad tanto de la iglesia como del Estado.

Suárez, padre Jesuita y profesor de teología de la Universidad de Salamanca creía que ningún monarca podía tener el atributo de sagrado.

Suárez argumentó que la iglesia era la única institución establecida a través de una intervención divina que, ejercida por Cristo, le confirió derecho divino. En cambio, la autoridad del Estado no tiene origen divino sino humano.

Es la gente la que consiente ser gobernada por una autoridad política, y no directamente por Dios. Es por eso que el pueblo, en casos extremos, puede destituir al rey.

Mientras el cometido de la iglesia es la salud de cada alma individual y su salvación espiritual, el Estado, cuya jurisdicción es únicamente temporal, se ocupa del bien común en la vida secular.

Dada la primacía de lo espiritual sobre lo temporal, la iglesia es superior al Estado. Sin embargo, esto no quiere decir que el poder temporal de la iglesia sea ilimitado. La autoridad legítima del Papa concierne a los asuntos espirituales y teológicos y no a los seculares y políticos. Entre sus obras más importantes destacan De Legibus y Defensor Fidei. La primera trata del derecho, mientras que la segunda es una defensa de la iglesia en contra del rey Jaime I.


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