Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gasto de Gobierno: Tonterías
Eduardo García Gaspar
2 noviembre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Más que ningún otro momento, la etapa baja del ciclo económico, la depresión, saca a la superficie la pregunta que muchos se hacen: debe o no gastar un gobierno más dinero para reactivar a la economía.

Unos dicen que sí, otros que no. Pero lo que se pierde de vista en esa discusión es la naturaleza del gasto de gobierno. Es esto lo que quiero tratar en lo que sigue, para destapar rasgos que casi nunca se ven. Veamos, si usted quiere, el gasto realizado por usted mismo y que puede ser de cuatro tipos.

Primer tipo.

Usted gana su dinero con su propio trabajo, digamos como carpintero. Y usa ese dinero que ganó en la compra de bienes y servicios que usted consumirá. Digamos, la compra de alimentos en un supermercado, o de discos de Mozart. ¿Cómo gastará ese dinero? De la manera más cuidadosa posible, elevando en todo lo que se pueda la satisfacción de sus necesidades. Buscará rebajas, tratará de sacarle todo el provecho posible a lo que produjo su trabajo.

Segundo tipo.

Sigue usted de carpintero y vive de la venta de sus servicios. Pero ahora usted gastará parte de sus ingresos comprando bienes para otros. Suponga que lo invitan a una boda y, por eso, los novios esperan recibir un regalo. Ya que el dinero es suyo, ganado por medio de su trabajo, también tendrá un incentivo para sacarle provecho. Tratará de quedar bien gastando lo menos posible. Quizá no le interese tanto si el regalo es inútil para los novios, pero de todas maneras será cuidadoso en el gasto.

Hasta aquí, en esos dos tipos de gastos, usted es el carpintero y gana dinero vendiendo sus servicios a otros. Es la situación clásica de casi cualquiera, pero que se modificará en los siguientes dos tipos de gasto. En ellos usted no gana ese dinero con su trabajo, sino que recibe su ingreso por medio del cobro obligatorio de dinero a otras personas.

Tercer tipo.

Ahora usted ya no es carpintero. Usted es un gobernante y recibe sus ingresos por medio del cobro obligado de impuestos para gastarlos en usted mismo. Si acaso falta dinero, se podrían elevar los impuestos. Las cosas cambian notablemente. En este tipo de gasto, el cuidado del dinero es menor, ya que siempre puede existir la posibilidad de pedir más presupuesto, o elevar algún impuesto o pago que es obligatorio para el resto de las personas. No hay más esfuerzo personal, sólo una órden de cobrar más a otros. Y va a gastar ese dinero en usted, en cosas para usted, digamos, muebles para su oficina, vestimenta para verse bien. Con ese dinero de otros, usted fijará su propio sueldo.

Y puede gastar ese dinero en proyectos favoritos, que a usted le gustan por alguna razón, como la construcción de un nuevo edificio para las oficinas de su gobierno o el financiamiento del partido al que usted pertenece o la celebración de un evento cultural que a usted le agrada. Ya que usted no ganó ese dinero en intercambios voluntarios, sino por medios coercitivos que no le representaron esfuerzos, tenderá a usarlo de manera menos cuidada que antes, cuando usted dependía de convencer a la gente de comprar sus servicios. Usará ese ingreso de manera más pródiga y suelta, en lo que a usted personalmente más le convenga, como contratar a amigos y parientes.

Cuarto tipo.

En este caso, usted sigue recibiendo dinero cobrado por la fuerza a otros, pero ya no lo gastará en las cosas que usted quiere, sino en hacer cosas para terceros. Por ejemplo, la construcción de carreteras o escuelas. Va a gastar dinero que no le costó trabajo conseguir en beneficio de terceros que usted no conoce. Los incentivos para realizar un gasto eficiente y de calidad son mínimos. Si usted hace una casa para usted con su  prropio dinero, va a cuidar su inversión al máximo. Pero si usted hace una casa con dinero de otros para que la habiten personas que ni conoce, las cosas son muy diferentes: no hay incentivos para gastarlo con cuidado. Hará casas de mala calidad.

El gasto de gobierno es de los tipos tres y cuatro, las ocasiones en las que menos incentivos existen para gastarlo con eficiencia, cuidado, ahorro y máximo beneficio. Es por esto que quien propone grandes gastos gubernamentales, en realidad está proponiendo que los recursos de la gente se usen de manera descuidada, ineficiente, dispendiosa y sin medición de beneficios.

No son asuntos ideológicos, sino de simple sentido común. Por esto es que el gasto de gobierno no es remedio contra la depresión económica. Es un medio para prolongarla.

Post Scriptum

Una fuerte evidencia en favor de calificar al gasto de gobierno como uno realizado en favor de sí mismo es la reciente publicación de datos sobre el gasto gubernamental dedicado a pagar sueldos de burocracia, según OCDE: en México, casi el 80% del presupuesto de egresos se dedica a eso. En los EEUU es de 50% y es el más bajo. Ambos son inaceptables.

La tipología de los gastos que usé es de Friedman, Milton, Friedman, Rose D (1990). Free to choose : a personal statement. San Diego. Harcourt Brace Jovanovich. 0156334607, Chapter 4, Cradle to Grave, The Fallacy of the Welfare State, pp. 115-119. Hay un resumen más amplio de esos gastos en Estado de Bienestar.

Los economistas usan un buen sistema de evaluación de proyectos a realizar, el de costo beneficio, y que se basa en el costo de oportunidad, que tiene el efecto de colocar a los gastos en un orden lógico de prioridades, lo que ya es ganancia.

Sin embargo, aún en un orden razonable de prioridades de gasto realizado por un gobierno, no se tienen incentivos para realizar gastos con calidad. Los proyectos gubernamentales contienen serios defectos esenciales: véase Tuvieron Buenas Intenciones.


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