Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobernantes como Adictos
Eduardo García Gaspar
26 mayo 2009
Sección: GOBERNANTES, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La más reciente legislación electoral en México tuvo como intención principal el hacer campañas limpias y de caballeros. Por ejemplo, se prohiben mensajes negativos sobre los opositores y está prohibido el uso de recursos gubernamentales para propósitos electorales.

Quien creía que eso sería respetado, bien podría hacer un añadido a la Utopía de Tomás Moro. En México habrá elecciones el 5 de julio. En uno de los estados, Nuevo León, se disputa la gubernatura entre el PRI y el PAN. ¿Cree usted que los partidos respetarán las normas que ellos mismos se impusieron?

Quien lo crea, vive en un ensueño. La realidad es otra muy distinta: el gobernador del estado ha realizado acciones dignas de mencionar. Una es dejar de cobrar boletos del Metro en el área metropolitana de Monterrey, donde se concentra la mayoría de la población. Otra es dejar de cobrar los consumos de agua por debajo de cierto monto.

También ha regalado despensas con alimentos. La causa de tales acciones, expresada por el gobierno, es dar apoyos en momentos de crisis económica. Nadie puede entrar en las neuronas del gobernador de Nuevo León y confirmar si esa motivación es o no cierta. No quiero descartar de manera absoluta que efectivamente el gobernador se haya apiadado de los de menos ingresos y con sinceridad haya tratado de hacer algo, aunque sea así de tonto.

Pero, a pesar de no poder saber eso, lo que sí puede hacerse es tener una actitud escéptica al respecto y apuntar que hay una muy grande probabilidad de que el gobernador busque otras cosas mucho más pedestres. Esto puede justificarse con sencillez. Para un político el poder es su meta máxima, la razón de su existencia. Y hará todo por conseguirlo. Todo.

Bajo ese contexto, las acciones del gobernador no dejan de ser sospechosas. La situación empeora por otra razón: uno de los candidatos del mismo partido del gobernador está aprovechando esas acciones para fines electorales, una violación de la ley que desde luego pasará sin sanción.

En resumen, la ley electoral mexicana queda en palabras bonitas y ese será el tema de las discusiones. Yo quiero ir algo más allá de los comentarios comunes que ya se dan. Primero, quiero señalar una realidad por aceptar: las campañas electorales nunca serán un juego de reglas limpias. Jamás.

Por eso es que tener leyes que traten de hacerlo es inútil. Es mejor dejar las cosas abiertas y con pocas reglas. Si se quieren hacer campañas negativas, que se hagan. Si se quieren usar recursos públicos para ellas… en realidad ya se hace con los subsidios a los partidos.

¿Por qué no puede ser una competencia de fair play? Por una razón simple: en una elección se arriesga el todo por el todo para un largo período de tiempo. El perdedor, cuya máxima ambición es lograr el poder, desaparece después de meses de campaña y años de carrera política. Esto es lo que le hace estar dispuesto a todo con tal de ganar. A todo.

La cosa empeora por otra razón. El gobierno cuenta con una enorme cantidad de recursos a su disposición y sobre los que rinde muy escasas cuentas. Que se empleen partes de esos recursos en cuestiones electorales es consecuencia inevitable. Si el gobernante tiene acceso a tantos recursos será muy extraño que no recurra a ellos para que su partido gane elecciones.

La situación en Nuevo León es una circunstancia concreta de una regla universal: en la mente del político todo se vale para alcanzar en poder. Es la realidad desnuda que debemos aceptar y, creo, dejar que ella se haga abiertamente. Tener leyes idealistas que traten de impedirlo, sólo logra que sean violadas y las acciones sean más ocultas e hipócritas.

Pero lo que más importa es la lección que esto da al ciudadano que vota: nunca debe él poner esperanzas altas en gobernante alguno. Nunca. La ambición del político es estar en el poder. Esa es la droga a la que está adicto. Y si acaso habla de su vocación de servicio, lo mejor que puede hacer el ciudadano es sonreír con incredulidad.

No es esto algo que justifique la eliminación de los gobiernos, pero sí es una visión más realista de la gente que los ocupa. No podemos ir por la vida creyendo que elegir a unos y no a otros es la clave de la salvación de las naciones. Como dijo Lord Acton, nadie está preparado para gobernar. Nadie. No es que la clase política no esté preparada para gobernar, desde luego no lo está… el problema es que ninguna clase está preparada para hacerlo.

Post Scriptum

Lodo Bajo el Mármol es una lectura obligada sobre el tema. Contiene un resumen de J. Greenfield sobre la naturaleza de las elecciones. Sin rodeos y al grano.


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