Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Gobierno como Intermediario
Eduardo García Gaspar
4 marzo 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Un paquete de rescate es un conjunto de recursos que el gobierno otorga a una o varias empresas estatales o privadas que enfrentan dificultades de supervivencia y son de un tamaño tal que su desaparición tendría efectos económicos mayores, típicamente el desempleo de miles de trabajadores, o bien una severa afectación del sistema financiero.

La definición anterior de paquete de rescate da una clara idea de lo que es: una transferencia de recursos gubernamentales a instituciones en peligro de desaparición. Esos recursos gubernamentales fueron antes recursos de particulares. El efecto neto de un paquete de rescate es, por eso, una transferencia, con el gobierno como intermediario, de recursos particulares a instituciones privadas o públicas que desaparecerán en caso de no recibir esas ayudas.

La justificación del paquete de rescate viene de los efectos negativos de la quiebra de esas empresas, como el desempleo que generaría, lo que se menciona ahora en el caso de las empresas automotrices en EEUU y, a su vez, el desempleo en los proveedores de esas firmas. Eso es lo que se percibe y por medio de esa lógica superficial, los rescates suelen ser aprobados.

Pero hay más de lo que se percibe. No suele pensarse en esto, pero un paquete de rescate lastimará a la economía en general. La razón es obvia: se usarán recursos que podían ser mejor usados en otras partes, se crearán menos empleos, se fundarán menos empresas, se tendrá menos investigación. Esto es inevitable, aunque sea difícil de percibir. Es lo mismo del refrán que habla de no meterle dinero bueno al malo. Un ejemplo claro es el siguiente:

El Gobierno de Estados Unidos anunció [ayer] que inyectaría otros 30 mil millones de dólares a [AIG], pero no hay dinero que alcance para seguir rescatando a empresas sin futuro. En el 2008 AIG recibió 150 mil millones de dólares de los contribuyentes. ¿Cuánto más habrá que darle en los próximos meses? Parece, como Citigroup, un hoyo sin fondo. (S. Sarmiento, Grupo Reforma, 3 marzo 2009)

Lo paquetes de rescate pueden ser momentáneos y urgentes, pero los hay también perennes y establecidos. Los conocemos como subsidios y son muy típicos en la agricultura y la ganadería. Son ambos lo mismo: esa transferencia de fondos de los particulares a terceros que pudieron convencer al gobierno de hacerles un favor. Su efecto neto es estancar a la economía, frenarla.

Los paquetes de rescate de cualquier tipo crean hábitos. Los de acudir al repartidor de beneficios y solicitar sus favores. Cuando una industria pide un rescate y lo obtiene, eso crea más peticiones de rescate en otros sectores y promueve el mantenimiento de los subsidios. Un ejemplo:

“(Se debe) estimular la demanda nacional [de coches] mediante esquemas fiscales urgentes, como la eliminación del ISAN y la tenencia durante el 2009 y 2010″, propuso [Eduardo Solís, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz], quien también demandó medidas para detener la importación de autos usados. (Grupo Reforma, 3 marzo 2009)

A esto se une otro tipo de paquetes de rescate. Son los paquetes de rescate que el gobernante crea para los ciudadanos que quiere defender y de los que obtiene votos. Estos son muchas veces los créditos fiscales, la atención médica gratuita, facilidades de crédito, préstamos preferenciales y cosas similares, que son en última instancia también paquetes de rescate: esa transferencia de recursos de los particulares al gobierno como intermediarios y de allí a grupos favorecidos. Un ejemplo:

“La Reserva Federal y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lanzaron una línea crediticia para deuda respaldada por consumo que generaría préstamos por mil millones de dólares… Estos créditos incluyen a los segmentos de autos, tarjetas crediticia, préstamos para estudiantes y créditos garantizados por el Gobierno para pequeñas empresas. ” (El Universal, 3 marzo 2009)

Los rescates, sean los tradicionales que se conocen en una crisis económica, o los más acostumbrados, son una transferencia, con resultados netos negativos, de recursos tomados de la población y otorgados por motivos políticos, ajenos a todo criterio de inversión productiva. Por esto llevan a economías frenadas.

En un mercado libre, las personas usan sus recursos de la manera que piensan es la más productiva, ofreciendo al resto bienes y servicios que se necesitan. El resultado neto de las decisiones libres es una elevación general de la riqueza. La única labor gubernamental es la protección de las libertades personales y la abstención de realizar acciones como la de los paquetes de rescate, es decir, hacer desaparecer a los grupos de intereses especiales.

Si una empresa, del tamaño que sea, está en peligro de desaparecer, será mejor que se valga por sí misma, sin acudir a favores especiales. Esto es sano y mucho mejor que mantenerlas con vida artificial. Hacerlo significaría quitar recursos a la gente en beneficio de otros. Más el problema de riesgo moral.

Los paquetes de rescate son un acto injusto, que hace pagar a unos los errores de otros. Son un problema de efectividad, pues frenan a la economía, y con eso lastiman a todos. Cometen un gran error, el de diseminar la responsabilidad en todos, retirándola de quienes debían enfrentar las consecuencias de sus acciones, como los sindicatos automotrices en EEUU.

El único valor que tienen los paquetes de rescate es el crear una buena percepción del gobierno entre quienes sólo perciben los efectos visibles que se tienen. Los paquetes de rescate son sólo una transferencia de recursos que el gobierno primero quita y luego da a su antojo: no crean nada nuevo y distorsionan las decisiones.


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