Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Ideología de Opresión?
Selección de ContraPeso.info
17 diciembre 2009
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Laura Martí del Moral. Agradecemos a Análisis Digital el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es presentar los rasgos de la Teología de la Liberación, de manera que el lector pueda tener una definición clara de ella. Y, después, examinar las consecuencias de esos rasgos.

Uno de los debates más intensos que ha vivido la Iglesia Católica en los últimos cuarenta años ha sido el relativo a la llamada Teología de la Liberación,

• corriente doctrinal que apareció en América Latina tras el Concilio Vaticano II (1962-1965) y la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Medellín (1968)

• y cuyos caracteres esenciales quedarían definidos en la vida y obra de los sacerdotes Gustavo Gutiérrez (Perú) Leonardo Boff, “Frei Betto”, Juan Bautista Libânio, Pedro Casaldáliga y Helder Cámara (Brasil), los jesuitas españoles Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría (El Salvador), el teólogo Ronaldo Muñoz (Chile) y el jesuita Juan Luis Segundo (Uruguay).

En líneas generales, la Teología de la Liberación —que surge como reacción en el contexto de extrema pobreza y marginación que sufren muchos pueblos iberoamericanos, sobre todo indígenas—, representa una corriente de pensamiento que propone una nueva interpretación de la fe y de la existencia apartada radicalmente de la fe de la Iglesia constituyendo una negación práctica de la misma.

Aunque existen divergencias significativas entre los teólogos de la liberación, fruto de su distinta formación académica y experiencia vital, en la mayoría de sus escritos encontramos reiterados sus argumentos fundamentales:

• Una implacable acusación moral contra el capitalismo como sistema injusto.

• Aplicación de las enseñanzas de la Revelación a las profundas injusticias sociales que sufre Latinoamérica asumiendo para ello el análisis marxista de la realidad y sus principios, entre ellos el materialismo histórico, que se emplea como instrumento para comprender las causas de la pobreza, las contradicciones del capitalismo y las formas de la lucha de clases.

• La opción preferente a favor de los pobres y la solidaridad con su lucha de emancipación social.

• El desarrollo de comunidades cristianas de base entre los pobres como una nueva forma de Iglesia y como alternativa al modo de vida individualista impuesto por el sistema capitalista.

• La lucha contra la idolatría como enemigo principal de la religión: el consumismo, la riqueza, el poder, la seguridad nacional, el Estado, los ejércitos…

El resultado de tan parcial concepción de la realidad social es, desde el punto de vista teológico, una completa desfiguración del dogma y de la fe cristiana. Así:

• Jesucristo no es considerado como verdadero Hijo de Dios que con su muerte y resurrección ha redimido al hombre, sino como un símbolo de la humanidad que lucha por la liberación de los opresores y que muere en defensa de los pobres.

• La Iglesia debe tomar parte en la lucha, su neutralidad es imposible ya que equivale a estar con los poderosos. De ahí que deba tener una opción preferencial por los pobres y constituirse en “Iglesia del pueblo” que reconoce a la jerarquía eclesiástica como clase dominante que debe ser combatida.

• Los sacramentos son celebraciones del pueblo que lucha por la liberación: se debe adoctrinar al pueblo por medio de homilías para que tome conciencia de clase y se le anime a luchar contra la clase dominante. La Iglesia se convierte así respecto a los pobres en lo mismo que el Partido Comunista pretende ser respecto al proletariado.

• La meta de la liberación es una sociedad sin clases en la que se habrá hecho verdad el amor cristiano y la fraternidad universal.

Los errores de esta doctrina han sido fácilmente aprehensibles desde la ortodoxia católica y han ocasionado un fluido y vehemente debate en el seno de la Iglesia en un intento de conciliar posturas y aproximar opiniones que no siempre ha tenido éxito.

a) Como equivocación fundamental se ha señalado el propio criterio hermenéutico con que se pretende interpretar el Evangelio: el materialismo histórico de Marx, que niega la prioridad del ser y del pensamiento sobre las fuerzas de producción y su actuación en la lucha de clases.

Este criterio ha demostrado sobradamente su falsedad y ha sido uno de los motivos del estrepitoso fracaso del socialismo real, pese a la resistencia de algunos regímenes todavía existentes a reconocerlo (Cuba, Corea del Norte, etc).

b) La lucha de clases es un error porque es contraria a la caridad al fomentar la violencia y, sobre todo, porque se la concibe como algo necesario e ineludible, negando así la libertad de la persona y su capacidad para cambiar el mundo.

c) Además de negar verdades fundamentales sobre la divinidad de Cristo, la función de Iglesia o el sentido de los Sacramentos, la Teología de la Liberación conduce en la práctica a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no sólo ajena a su misión salvadora, sino coincidente con el socialismo real, en el que la persona no cuenta como individuo ni se le reconoce su dignidad como ser vivo e hijo de Dios.

Todo esto no implica, como ha defendido el Papa Benedicto XVI en múltiples ocasiones, que no exista y sea defendible una verdadera Teología de la Liberación, pero entendida ésta como liberación del pecado y de sus consecuencias.

Además, la enseñanza de la Iglesia en materia social ha aportado brillantes orientaciones éticas para la actuación de los poderes públicos, las autoridades eclesiásticas y la comunidad laica en la permanente lucha contra la pobreza y la opresión de los pueblos.

Nota del Editor

La autora Laura Martí del Moral tiene gran mérito al dar en un breve espacio elementos suficientes para comprender a un concepto novedoso en algun momento, pero de significado resbaloso. Puede así fácilmente verse a la teología de la liberación como un trabajo intelectual que con buena intención reaccionó ante condiciones económicas y políticas notablemente malas, especialmente en América Latina.

Y que quiso encontrar un remedio en la unión de ideas religiosas que tomó del Catolicismo y de nociones filosóficas que tomó del socialismo ortodoxo, especialmente del marxismo. El resultado fue una mezcla extraña y poco afortunada que sólo podía funcionar distorsionando las ideas originales católicas, casi creando una nueva iglesia con fines sólo terrenales y con un plan de políticas económicas gubernamentales sustentadas en el socialismo. Fue en otras palabras una variante socialista con credenciales religiosas.


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