Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igualdad o Libertad
Leonardo Girondella Mora
19 mayo 2009
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Pareciera suceder que al considerar a la libertad y a la igualdad, se pensase que ambas son grandes valores dignos de todo respeto y que, para evitar discusiones, las dos deben ser tratadas como iguales —es decir, colocadas en el mismo nivel y con la misma deferencia. No es posible hacerlo.

Una de las dos —libertad o igualdad— debe recibir una mayor prioridad. La decisión que se tome, debe ser una meditada razonablemente.

Mi parecer es esto que he dicho: no puede darse igual valor a las dos, una de ellas debe prevalecer sobre la otra —sin que eso signifique desaparecer, simplemente ser un valor importante pero secundario al otro.

Si se intenta colocar a la igualdad al mismo nivel que la libertad de inmediato surgirán conflictos originados por la consecuencia que tiene la libertad unida a la diversidad humana —diferentes habilidades, personalidades, aptitudes y talentos, producirán resultados desiguales en la persona y sus propiedades. La libertad ocasiona falta de igualdad.

Para lograr igualdad de los resultados que la libertad ocasiona, sería indispensable limitar la libertad con medidas distributivas que quitaran a unos para dar a otros —entonces la igualdad producirá falta de libertad.

Todo lo anterior sucede por una razón, la igualdad ha sido definida como la similitud de resultados producidos por la libertad —es decir, tener ingresos similares, o patrimonios parecidos, o propiedades comparables.

Pero podría ser que la igualdad fuese definida de manera distinta, dejando de significar igualdad de resultados y querer decir, igualdad de libertad: todos son igualmente libres, tienen los mismos derechos y desde luego, las mismas obligaciones.

La visión es ahora más clara —la libertad produce consecuencias en las personas y esas consecuencias no son iguales, por lo que debe reconocerse que la libertad ocasiona desigualdad.

La afirmación tiene una connotación que para muchos puede ser triste y que causará indignación, pero la reacción debe ser afinada al reconocer que la libertad ocasiona desigualdad de resultados, pero que ello no es necesariamente malo.

No lo es,  primero, porque se ha partido de la única posibilidad real de tener a la libertad al mismo nivel que la igualdad: todos son igualmente libres, lo que es una igualdad de derechos. Segundo, porque la desigualdad de las consecuencias de la libertad igual para todos no significa que las personas sean dañadas.

Lo que estoy afirmando va en contra de la opinión de algunos, que piensan que la libertad ocasiona desigualdad definida como pobreza y que por eso, debe limitarse a la libertad e igualarse sus consecuencias.

Digo lo opuesto: la libertad igual para todos no ocasiona pobreza, pero sí desigualdad de resultados —que no son lo mismo.

En resumen, propongo las siguientes ideas:

• La libertad y la igualdad no pueden ser colocadas al mismo nivel y con la misma importancia —una de ellas debe ser superior a la otra.

• Lo anterior es cierto cuando la igualdad es definida como la similitud de los resultados obtenidos por las acciones libres de las personas —porque ellas son distintas y esas diferencias causarán diferencias en resultados.

• Sí es posible hacer compatibles a la igualdad y a la libertad, en un mismo nivel, cuando la igualdad deja de ser definida como similitud de resultados de la libertad y es definida como igualdad de libertades: todos son igualmente libres.

• Existe un problema de entendimiento de estas cuestiones cuando la desigualdad de resultados que la libertad produce es confundida con pobreza y, con este fundamento, se propone alterar la desigualdad de resultados de la libertad. Quiero elaborar algo más esta idea.

Es una opinión más o menos común la de reaccionar de una cierta manera ante la situación de pobreza que se padece en algunas partes del mundo —muy lógicamente se reacciona tratando de encontrar la causa de tal pobreza sabiendo que al conocer la causa podrá también saberse el remedio a la pobreza.

Lo que deseo señalar es que en el reconocimiento de la causa de la pobreza se cometen errores como los siguientes.

Se confunde pobreza con desigualdad. Es cierto que si hay pobreza hay desigualdad, pero si hay desigualdad no necesariamente hay pobreza —lo que me hace sugerir que se deje de hablar de desigualdad y se hable de pobreza, para tener mayor exactitud de significados.

Se suele pensar que la causa de los pobres es la existencia de ricos —es decir, los ricos se han apropiado para sí bienes que de pertenecer a los pobres permitirían que estos dejaran de serlo y que es precisamente lo que se hace por medio del poder gubernamental: diversos tipos de medidas expropian bienes de los ricos para llevarlos a la autoridad y de allí distribuirse entre los pobres.

La relación causal entre ricos y pobres es cierta si se cumple un requisito fundamental —sin ese requisito, esa relación causal es falsa. Para que unos se apropien de bienes de otros es necesario tener una sociedad basada en distribuciones de los bienes existentes: unos se apropian de lo que otros podrían tener y lo hacen por el único medio posible, el de la coerción.

Pero la relación causal entre ricos y pobres es falsa si se tiene una sociedad basada en intercambios voluntarios —aquí no existen distribuciones y por lo tanto la pobreza de unos puede ser explicada de otra manera: sus intercambios no son valiosos.

Con otras expresiones, lo que he propuesto antes es que la pobreza puede ser explicada de dos diversas maneras dependiendo de la sociedad en la que se padezca:

• Dentro de una sociedad en la que predomine el uso de la fuerza usada en la distribuciones de bienes, puede asegurarse que existe una relación causal entre riqueza y pobreza —supongo que pueda en esto hacerse referencia a la noción de juegos de suma cero.

Esta es una sociedad cerrada, sin libertades y desigualdades profundas, las que sólo podrán ser remediadas con nuevas distribuciones forzadas. Aquí la igualdad de resultados ha sido colocada como el mayor valor.

• Dentro de una sociedad en la que predominen los intercambios voluntarios entre las personas, ya no puede darse una relación causal entre riqueza y pobreza porque no existen repartos ni distribuciones —y la pobreza sólo puede ser explicada como el escaso valor que poseen los intercambios que realizan los pobres.

Esta es una sociedad de igual libertad para todos, en la que la pobreza podrá ser remediada elevando el valor de los intercambios futuros de los pobres. Aquí la libertad ha sido colocada como el mayor valor.

Termino insistiendo en el punto de que la libertad y la igualdad sólo pueden coexistir en el mismo nivel cuando se piensa en una libertad igual para todos —pero no pueden hacerlo cuando se piensa en igualar los resultados del ejercicio de la libertad.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



5 Comentarios en “Igualdad o Libertad”
  1. Ana Victoria Dijo:

    Excelente!

  2. Ignacio Paredero Dijo:

    Una defensa vacua de la libertad como valor central. Elimina la desigualdad como elemento a rechazar y, por tanto, la fomenta. NOTA DEL EDITOR: en realidad no elimina a la desigualdad, la intenta desaparecer por medio de igualdad de libertad.

  3. keltty ospina Dijo:

    interesante!

  4. Lucas Dijo:

    Yo elijo igualdad, entre todos se crea la libertad.

  1. ¿Que es Igualdad? | Contrapeso




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