Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Imagen Del Hombre Libre
Eduardo García Gaspar
6 mayo 2009
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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En uno de sus muchos escritos, Lord Acton (1834-1902), el célebre pensador inglés, dijo que entendía por libertad a la seguridad con la que cada persona sería protegida al decidir hacer lo que ella piensa que es su deber, incluso en contra de la influencia de las autoridades, las mayorías, las costumbres y las opiniones.

Son palabras fascinantes para los creyentes en la libertad. Especialmente atractiva es la imagen de la persona que en lo individual cree en algo que es opuesto a lo que el resto piensa. La independencia de esa postura es una fascinante ilustración de la libertad, de la que posee quien no sucumbe a la presión de las mayorías, ni a la coerción estatal.

El Estado, añadió Acton, es competente al asignar deberes y establecer la línea que demarca al bien del mal, pero sólo en su esfera inmediata. Más allá de esa esfera no puede ir y  tan sólo puede indirectamente ayudar a “combatir la batalla de la vida” promoviendo lo que ayuda a evitar el mal.

Eso que evita el mal y que no corresponde al Estado, dice, es la religión, la educación y la ayuda a los demás. Se parece mucho esta idea a la que compara a la moral y la ética con una esfera muy grande, dentro de la cual está contenida otra, la de las leyes del gobierno.

El tema puede dar la apariencia de ser inocuo, pero bien vale una segunda opinión por las consecuencias que tiene: defender a la libertad es equivalente a defender la naturaleza humana. Quien reduce libertades, denigra a la persona, no importan los medios ni quién sea el que lo haga.

Los ataques a la libertad y, por tanto, a la dignidad personal, pueden venir de la autoridad política cuando ella sale de su esfera natural que es la defensa de esa libertad para todos. Pero no sólo vienen de la autoridad esos ataques a la persona, también pueden provenir de las opiniones mayoritarias, costumbres y creencias que oprimen la libertad.

¿Cómo defender esa libertad? Lo más obvio es evitar abusos de autoridad, sobre todo, leyes que oprimen. Pero lo menos obvio es quizá lo más importante. Todos podemos ver con claridad los abusos del poder político, como corrupción e impuestos elevados. Pero ver los otros abusos requiere cierta perspicacia.

Un caso puede ayudar a ejemplificar esto. Creo que fue en 2001. Carlos Abascal, entonces secretario del trabajo, en la administración de Fox, colocó una queja en la escuela en la que estudiaba su hija. La causa: en una de sus clases los alumnos debían leer Aura, una novela de C. Fuentes, en la que Abascal encontró al menos un pasaje que no creía conveniente para su hija.

Los hechos se convirtieron en una polémica que, en lo general, fustigó a Abascal, al que se acusó de católico y de imponer sus ideas en los demás. Lo que recuerdo de las defensas que apoyaron a Abascal, fue malo. Ninguna de ellas trató el punto central, que es el de la libertad.

El argumento de que Abascal, ya fallecido, quería imponer sus ideas no es válido y puede voltearse con facilidad extrema: quien obligó la lectura de la novela impuso las suyas. Pero lo que quiero señalar es de nuevo la maravillosa imagen de independencia y libertad: la persona que hace lo que cree que debe hacer y lo hace por encima de las presiones mayoritarias, de lo políticamente correcto.

En todo esto hay algo que es aún más difícil de ver, la fuente de esa libertad. ¿Por qué somos libres por naturaleza? Una respuesta es obvia, no somos libres porque el gobierno nos concede esa libertad. Si esto fuese cierto, el gobierno también podría anular la libertad y hacerlo con legitimidad. Debe ser otra fuente.

Una de ellas es la misma naturaleza humana. Somos por esencia libres. Es el campo del derecho natural y tiene una ventaja maravillosa, que es la defensa de nuestras libertades ante los abusos de autoridad. Seremos nosotros quienes tienen la razón al defendernos de los abusos de gobierno.

La otra fuente es la religión, al menos la que considera que Dios nos ha creado a su imagen y semejanza, dentro de lo que se incluye a la libertad. Es decir, la religión se vuelve un defensor de las libertades en contra de abusos de autoridad y de imposiciones mayoritarias. Me alegra mucho, en verdad, que mi religión coincida con mi otro gran valor, la libertad.

Post Scriptum

En una columna de mediados de 2008, traté sobre los héroes como los definió Paul Johnson en su libro sobre el tema y que señala que unos de los rasgos de los héroes es la independencia de pensamiento.

La idea de la religión como una defensora de la libertad humana es explorada en Un Aliado Ignorado.


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