Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impuestos Justos
Leonardo Girondella Mora
27 abril 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Un impuesto es, en última instancia, una confiscación forzada de dinero —un gobierno retira dinero del ciudadano y le disminuye así la cantidad de recursos que él tiene para sí mismo. A ese retiro de dinero debe agregársele un elemento esencial, el de hacerlo por la fuerza, de manera coercitiva.

La justificación del pago de impuestos por la fuerza es razonable: el dinero retirado del ciudadano se usa para pagar las funciones de gobierno, una serie de servicios que son de utilidad general y permiten la aplicación de la ley, además de crear bienes públicos.

Vistos así, los impuestos son un costo para el ciudadano, o mejor dicho, el pago forzado de un bien, como servicios de policía, tribunales, calles y demás. La naturaleza de los impuestos hasta aquí es simple —todas las personas reciben los mismos beneficios, de lo que podría concluirse que, entonces, todos deberían pagar lo mismo.

Pero “pagar lo mismo” es una expresión en extremo vaga. Podía significar que todos los ciudadanos pagaran una cuota anual al gobierno, digamos, 2,000 pesos al año, o alguna otra cantidad razonable. “Razonable” significaría que no alterara el estándar de vida del ciudadano.

Pero, “pagar lo mismo”, también podría significar pagar una proporción igual de los ingresos. Por ejemplo, establecer impuestos del 10% de los ingresos, sean los que sean —pagará esa tasa quien gane 5,000 pesos al mes y quien gane 500,000 o más. Esto es lo que se conoce como flat-tax, o impuesto parejo o plano.

No es una idea mala, al contrario. Tiene un gran efecto secundario, el de simplificar el pago de impuestos —no se necesitarían abogados fiscalistas, ni contadores. Al total de ingresos que cada quien tiene se le aplica esa tasa y se entrega al gobierno. No sería un mal mundo y haría entender que cuanto más bajos sean, mejor para todos. Ningún sector de la sociedad propondría elevación de la tasa impositiva, porque le afectaría.

Sin embargo, ese mundo sencillo de pago de impuestos se ha complicado hasta convertirse en uno de extrema incomprensibilidad debida a la introducción de dos variables: la de poderes crecientes del gobierno y la de poderes crecientes de grupos de interés, las que operan en sentidos opuestos. Las explico a continuación.

El poder del gobierno siempre tiene una tendencia a crecer —siempre y sin excepción. La ampliación del poder político requiere dinero: si el gobierno establece un Instituto para la Protección del Consumidor, necesitará fondos para pagar instalaciones, equipo, personal y otras cosas. Esto ha llevado a la autoridad política a crear nuevas formas de impuestos.

Una de ellas es la conversión de la tasa única de impuesto, el flat-tax, a una tasa progresiva —ya no todos pagan en la misma proporción, sino en diferente y discriminada. Por ejemplo, quien tiene ingresos por 5,000 al mes paga 10%, pero quien gana 500,000 paga 30%. Cuando se establece este principio de diferencias en la proporción, se abre la Caja de Pandora: en cualquier momento futuro, las tasas pueden elevarse a ciertas personas pero no a otras. Se ha roto así la solidaridad ciudadana anterior: ahora quienes no sean afectados por tasas progresivas las apoyarán.

Bajo un sistema de tasa única aplicable universalmente, ningún ciudadano creerá conveniente que esa tasa sea elevada —existirá un freno positivo al crecimiento del poder gubernamental, otra manera de realizar el principio democrático de la división del poder. Pero cuando las tasas son progresivas, se rompe ese freno al poder y será posible que muchos estén de acuerdo con tasas grandes porque ellos no las sufrirán.

No sólo hay ese rompimiento de la cohesión ciudadana en contra de elevaciones de impuestos —también se fomenta la envidia y la sospecha entre los ciudadanos. Para cobrar proporcionalmente más impuestos, los gobernantes alegarán por necesidad que ellos usarán mejor ese dinero que quienes crearon la riqueza, lo que es falso, pero convence al ingenuo que cree en el gasto social del gobierno.

Desde luego, e gobierno creará otras maneras de entrar en los bolsillos de las personas, por ejemplo, con permisos de todo tipo, impuestos a la venta, a exportaciones e importaciones, a los perros, a las ventanas, lo que sea.

Las tasas progresivas complican la situación en sí mismas, pero también hay otra variable que logra mismo —la existencia de grupos de interés, organizaciones formales e informales que cabildean en el gobierno para lograr tratamientos fiscales preferenciales. Por ejemplo, los cultivadores de trigo pedirán que se les exente del impuesto normal, que se les aplique otra tasa, o cosas similares.

Cada uno de los grupos de presión, entonces, complicará las leyes de impuestos con excepciones y situaciones especiales —a lo que se añadirá la inclinación de los gobernantes por favorecer proyectos favoritos, quizá colocar exención de impuestos a quienes tengan establos de vacas en su estado, o cosas por el estilo.

Conclusión

Es así como una situación sencilla, que facilitaría la vida a todos y lograría un gobierno eficiente, se convierte en un mundo complicado e injusto. Estas son buenas razones para retomar la idea de un reforma impositiva basada en un impuesto único, de tasa igual universal baja. Habría ventajas de cohesión entre los ciudadanos, de menor evasión y mayores incentivos al esfuerzo personal —con menores costos de recolección y sin distorsiones de búsqueda de rentas.

Implantar un impuesto reducido universal tendrá varios enemigos —los principales serán aquellos que ahora se benefician de excepciones fiscales quienes ejercerán una enorme presión por mantener sus privilegios. Pero habrá también opositores intelectuales, los que piensan que la creación de riqueza debe castigarse. Creo que ellos no serán fácilmente convencidos de que en realidad quienes más ganan pagarán más aún con una tasa única.

Y, seguramente, el principal opositor será el mismo gobernante, quien pensará que esa tasa única le quitará poder al retirarle fondos —con dificultad se le podrá convencer que con menos evasión y una economía más boyante, los ingresos gubernamentales podrán crecer aún con tasas más bajas (en Rusia con una tasa única de 13%, retirando los impuestos progresivos que iban hasta 30%, los impuestos recolectados se elevaron 62% en 2001).

Esta es la idea central de la reforma fiscal más necesitada y que significaría un estímulo a la economía de cualquier país.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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