Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Inflamación Noticiosa
Leonardo Girondella Mora
7 abril 2009
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Un caso interesante, que enseña a razonar, es el narrado en el libro de Brafman, Ori, and Brafman, Rom (2008). SWAY: THE IRRESISTIBLE PULL OF IRRATIONAL BEHAVIOR. Broadway Books, pp 90 y ss. Tomo los datos allí dados y a ellos agrego mis comentarios.

• La enfermedad conocida como trastorno bipolar afectaba en los EEUU a 25 de cada cien mil personas menores de 19 años. La cifra es de 1994.

• El trastorno o desorden bipolar es una condición mental que alterna estados de gran depresión con estados de gran excitación.

• Diez años después, en 2003, la cifra de menores de esa misma edad había aumentado —el aumento fue de 40 veces.

Me imagino que en manos de los medios dominantes estas cifras habrían sido tratadas con sensacionalismo y tomadas como verdad absoluta (en lo general, lo que tiene números es creído sin cuestionarse y el razonamiento más perfecto que no los tiene es tirado a la basura).

Una mente más o menos escéptica habría tenido una reacción inmediata, la de examinar eso con más detenimiento. Los autores apuntan una manera de corroboración: los que sufren esa enfermedad tienen altas tendencias al suicidio, lo que permitiría pronosticar una elevación de muertes entre esas personas.

• En ese período no hubo elevación de suicidios en ese grupo de edad —en realidad bajó.

Esta manera de buscar corroboraciones no es un hábito y crea una situación que los gobernantes valoran mucho: una investigación revela un problema y los gobernantes de inmediato proponen leyes. Quizá en este caso habrían propuesto la creación de un Instituto del Adolescente Bipolar.

• Hay otra explicación que debe considerarse —la que también proponen los autores: puede ser que el número de padres que hayan acudido a un médico especializado haya aumentado y que las cifras anteriores no mostraran la realidad. Esto significaría una elevación enorme de visitas a psiquiatras, lo que resultó falso.

No hay suicidios juveniles ni infantiles, no hay visitas masivas a doctores —a lo que sigue más búsqueda de explicaciones. Puede haber varias explicaciones. Una de ellas, la de números erróneos. Otra era digna de explorar también: los doctores diagnosticaron más trastornos bipolares en sus pacientes en esos años.

La población infantil siguió su tendencia demográfica. Tampoco tuvo grandes variaciones el número de visitas a psiquiatras. Puede ser que el cambio se encuentre dentro de la oficina del doctor —diagnosticó más trastornos bipolares.

• Los autores encontraron una explicación razonable —era la ampliación de los síntomas que exhibían los maniacos depresivos y que ahora son llamados bipolares. De la definición de síntomas anteriores, más limitados, ahora se pasó a síntomas más laxos. Si antes no se consideraban síntomas el hablar mucho o el exhibir fatiga, ahora si se incluían, lo que generó una elevación de enfermos.

No es una mala explicación, pero como en muchos casos, las explicaciones únicas no son suficientes. Ellos ofrecen otra, la de un fenómeno en los años 90 —la difusión del trastorno que se hizo más conocido.

La combinación es perfecta. Por un lado, hay un factor oculto que es difícil de detectar —los medios no investigarán un cambio en definiciones académicas. Y por el otro, la popularización del fenómeno. Encontrar más casos lleva a encontrar aún más.

Ahora lo que debe hacerse es explorar esta situación —es posible imaginar un encabezado en 2003 que diga “Pandemia: Crecen Los Jóvenes Bipolares Cuarenta Veces”. La noticia ofrecerá números, datos y una definición del trastorno. Esto alimentará el número de casos diagnosticados aún más.

Se reclamará a los gobiernos hacer algo, lo que sea, como emitir una ley de protección infantil, crear terapias para los afectados, obligar a las escuelas a crear grupos de atención especial. Muchos padres de familia empezarán a ver a sus hijos con sospecha, basados en la definición que dieron los medios. Crecerán las visitas a los doctores y los niños consumirán más medicinas.

Quien se atreva a ir en contra de esa corriente no tendrá una posición fácil —explicar los puntos anteriores no produce encabezados atractivos. Los especialistas se verían mal. Los gobernantes no tendrían una excusa para intervenir.

Lo que muestra este caso es el fenómeno que interesa examinar. Se trata de una inflación intelectual, de una inflamación noticiosa, una congestión política —y que podría haber sido evitada con una acción corroborativa que no es complicada.

Mi aprensión es que esto mismo suceda en otros campos y con tal frecuencia que se sufran consecuencias que podían ser evitadas con un poco de disciplina mental.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.






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