Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Inútil Saber de Bach
Eduardo García Gaspar
23 septiembre 2009
Sección: ARTE, EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todo comenzó con un comentario. Un comentario que usted ha escuchado varias veces. Por alguna razón, se mencionó en una conversación a la Revolución Francesa y se dudó de la fecha en la que ella sucedió. Alguien dijo, “1789”. Otro comentó, “es ese tipo de conocimientos que no sirve para nada, da lo mismo saberlo o no”.

Los detalles pueden cambiar, pero ese tipo de comentarios se han escuchado muchas veces. ¿De qué sirve saber que Kafka escribió Metamorfosis, o que Bach compuso música, o el siglo en el que comenzó el Renacimiento? Saber estas cosas, se afirma, de nada sirve, uno puede vivir sin saberlo. Sobrevivir, sí. Vivir, no.

Con esta mentalidad se forma un desprecio singular hacia el conocimiento: sólo sirve lo que tiene un aplicación inmediata y tangible. Se pierde el tiempo estudiando historia, por ejemplo, o literatura. Leer El Quijote es inútil, se dice, porque lo que importa es lo práctico.

Quien así piensa, generalmente gana la discusión inmediata. Nadie puede explicar la utilidad inmediata que tiene saber de Mozart, o conocer algo de la historia de Roma, o saber quién fue Goethe. Habiéndome acontecido algo similar, eso generó los comentarios que siguen.

Primero, quien desprecia todos esos conocimientos carece de una cualidad humana, la curiosidad. Quien no es curioso, no es una persona completa. Los humanos buscamos explicaciones, queremos conocer. Por eso tenemos el don de pensar. Somos inquietos, queremos saber más. Perder esa cualidad es grave y tiene consecuencias.

Segundo, quizá no pueda encontrar una aplicación útil de saber sobre Alejandro Magno, pero ya que los humanos hablamos, ese hablar necesita contenidos y los contenidos los dan los conocimientos. Una buena conversación, una conferencia interesante, necesita conocimientos más o menos comunes entre quienes participan. No nos entenderíamos si no tuviésemos esos conocimientos.

Tercero, somos personas que crean opiniones y emiten juicios. Sin conocimientos es imposible emitir opiniones más o menos sólidas o razonables. Despreciar conocimientos, por ejemplo de historia, hace que nuestras opiniones sean débiles y nuestras conversaciones raquíticas. Saber algo de historia nos ayuda a entender mejor nuestros días, una utilidad que no es fácil de entender.

Señalo lo que ya alguien ha dicho: la cantidad de opiniones emitidas por una persona suele ser inversamente proporcional a su conocimiento sobre el tema. Las buenas opiniones, las que valen, son imposibles sin esos conocimientos que se juzgan poco prácticos.

Cuarto, el conocimiento es causa de placer. Saber de música, por ejemplo, amplía nuestro gozo. Conocer de pintura, permite disfrutar mejor un museo. ¿Utilidad práctica de esto? Mucha, aunque no se entienda de inmediato la relación estrecha entre saber y gozar. Un buen libro agrada porque amplía conocimientos.

Quinto, el conocimiento nos da perspectivas de nuestra existencia. Es muy difícil aceptar que vivimos una existencia que llega a su clímax en un juego de video, o en una operación de cirugía plástica, o en meternos a la cama con alguien. Hay mucho más en nuestra vida que eso y lo hace accesible el saber más.

¿Sirve de inmediato saber quién fue Bernini? Desde luego que no. No ayuda a usar mejor el teclado de una computadora, ni a que llegue con seguridad un texto telefónico. Pero ayuda indeciblemente a dar sentido a lo que se piensa y, por eso, a lo que se escribe. Sin ese conocimiento que se juzga inútil, nos reducimos al nivel de los animales que tampoco lo necesitan.

Lo que más diferencia a los humanos del resto de la creación es esa ansia de conocimiento, una curiosidad inextinguible, una pasión desbordada por buscar explicaciones. Por eso somos descubridores y exploradores y nos maravilla que siempre haya más por conocer y explicar. Decir que no sirve de nada tener alguna noción de qué fue la Revolución Francesa, o de quién pintó Las Meninas, es negarnos a nosotros mismos.

La famosa frase de los evangelios lo resume: “La verdad os hará libres”. Un hombre ignorante pierde con facilidad su libertad aunque no lo quiera. Un hombre que desprecia el conocimiento, cede voluntariamente su libertad a cambio de cualquier cosa. Despreciar el conocimiento en aras de lo práctico, en otras palabras, nos lleva a la esclavitud.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


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  1. carlos Dijo:

    Un muy buen artículo sobre el valor del conocimiento.





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