Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Decisión Más Importante
Eduardo García Gaspar
25 diciembre 2009
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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La idea es una simple y ha sido expresada de diversas formas. Esta época del año se presta a tocarla. Puede resumirse de esta manera: cuando se pierde el sentido de Dios, también se tiene otra pérdida, la del sentido de la existencia humana.

La idea establece una relación de causa y efecto, entre dos formas de pensar. La causa es esa pérdida del sentido del Ser Supremo. El efecto es la pérdida del sentido de la vida humana. En otras palabras, la creencia en Dios le da sentido a nuestra existencia: explica la razón por la que vivimos.

El tema suele ser puesto de lado con enorme facilidad, que es lo que sucede casi siempre a los tópicos de mayor trascendencia. Solemos estar bajo embrujos tecnológicos y pasión por la eficiencia. Tanto que las cuestiones de fondo, que son las que no pueden reducirse a números, se nos escapan.

Imagine usted a dos personas iguales en todo, excepto en un aspecto de sus creencias. Una de ellas está convencida de que la vida, todo nuestro cosmos, es un simple accidente biológico y físico. La otra tiene otra convicción muy distinta, ella cree con firmeza en que somos una obra de Dios, quien nos ha dado la vida.

No pretendo convencer al lector de nada, excepto de algo muy lógico: cada una de esas dos personas tendrá una filosofía de vida muy diferente y que es causada por la creencia que los distingue. No quiero convencer a nadie de que Dios existe. Sólo quiero señalar los efectos que tiene el creer o no en él.

Quien cree que la vida humana es un mero accidente biológico, por ejemplo, reaccionará ante la certeza de morir de una manera muy distinta a la que tiene quien cree que somos obra de Dios. Uno de ellos necesariamente cree que al morir desaparecerá en la nada absoluta.

El otro, por el contrario, pensará que al morir podrá ir a reunirse con su Creador, quien le dio un alma inmortal. Insisto en que no estoy argumentando que Dios existe. Sólo quiero demostrar que creer o no en él tiene consecuencias en nuestras personas, como pensar de manera diferente en la muerte.

También, en otros temas, esas dos personas tendrán opiniones diferentes por esa misma causa. Obviamente podrán coincidir en muchas cosas, quizá ambas tengan la misma profesión e incluso las mismas aficiones. Pero no hay duda de que el creer o no en Dios, les producirá diferentes opiniones en temas centrales de su vida.

Comencé recordando una idea que ha sido tratada durante muchos años. La de que cuando se pierde el sentido de Dios, también se tiene otra pérdida, la del sentido de la dignidad humana. Ya vimos que creer o no en Dios produce diferentes opiniones en la gente.

Veamos ahora, más en concreto, si se pierde o no ese sentido de sentido del ser humano. Si uno piensa que es Dios quien le dio la vida y que posee un alma inmortal destinada a reunirse con su Creador al fin de su existencia, será muy sencillo argumentar que todas las personas son valiosas en sí mismas.

Pero, para quien no cree en Dios como causa de su vida, será más mucho más difícil argumentar en favor de la dignidad humana y el sentido de nuestra existencia. Después de todo no somos más que un accidente aleatorio. Tendrá que acudir a convenciones arbitrarias, como el decir que los humanos tienen derechos porque la ONU los declaró. Pero con facilidad, otros pueden argumentar al contrario, como sucede en sistemas totalitarios de gobierno.

Mi punto, que creo que bien vale una segunda opinión, es apuntar que creer o no en Dios es una idea que tiene consecuencias de muy largo alcance. Consecuencias que, peor aún, no son fáciles de comprender en sociedades en las que la educación ha dotado de una superficialidad pasmosa a las personas.

Apunto una de esas consecuencias nada más. Cuando se pierde la idea de Dios como creador de seres libres con almas inmortales que tienen valor en sí mismos, se facilita la creación de sistemas políticos totalitarios. Son sistemas que ya no tienen en su contra el argumento de que cada ser es libre, que debe ser respetado y que es individualmente valioso.

Las ideas tienen consecuencias, especialmente las ideas más básicas sobre la razón de nuestra vida. Si usted cree o no en Dios, ésa es su decisión libre. Lo que he tratado de hacer es enfatizar que no es una decisión como cualquier otra. Es una decisión importante, de consecuencias múltiples y esenciales en todos los campos.

Post Scriptum

Uno de los más notorios defensores de esa idea fue Juan Pablo II. Con énfasis muy claro dijo que la raíz del totalitarismo de nuestros tiempos se encuentra en la negación de la trascendencia de la dignidad humana. Esa trascendencia es la que justifica la posesión de derechos y la superioridad de la persona frente al gobierno.


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