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La Economía de la Promiscuidad
Selección de ContraPeso.info
1 agosto 2009
Sección: ECONOMIA, EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: AmaYi
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Este resumen presenta una idea de Landsburg, un economista con don para escribir y aún mayores dotes para sorprender. En este caso, su tema es el del sexo y dentro de él propone un razonamiento que es al menos de gran controversia.

Si se trata de combatir la propagación del SIDA y otras infecciones sexuales, lo que propone el autor va contra toda intuición: ser un poco más promiscuos.

La idea fue encontrada en Landsburg, Steven E (2007). MORE SEX IS SAFER SEX : THE UNCONVENTIONAL WISDOM OF ECONOMICS. New York. Free Press. 9781416532217, pp. 9 y ss, Chapter One, More Sex is Safer Sex.

Pero lo que hace Landsburg, dentro de su obra, no es lo que otros hacen: nos pone a pensar y no dudo que en este tema a pensar en contra de lo que sostiene. Quien reaccione en contra puede hacerlo con la posición normal que invita al uso de clisés y generalizaciones inútiles. Lo que Landsburg ha hecho es proveer a quienes se oponen a su idea con una oportunidad de responder con más inteligencia que él.

Entra al tema el autor con una idea. El SIDA es una consecuencia de nuestra actitud  de tolerancia a conductas sexuales irresponsables. Somos demasiado monógamos, demasiado castos y demasiado conservadores en lo que al sexo se refiere.

Lo que se propone el autor es demostrar las ventajas de la promiscuidad.

Y para hacerlo recurre a una situación que involucra a tres personajes, cuyos nombres son los siguientes y que aquí se han cambiado para hacerlos más memorables en el resto de este escrito:

Mínimo. Mínimo es un joven encantador, prudente y con una mínima historia sexual.

Tercia. Tercia es una joven mujer, a quien Mínimo ve como atractiva. Es la tercera persona y que puede verse afectada por lo que decida Mínimo.

Máximo. Máximo es otro joven encantador, pero contrario a Mínimo, es uno con una vida sexual máxima. Es terriblemente promiscuo.

Se acerca la fiesta de la empresa en la que trabajan Mínimo y Tercia. Se gustan y por la mente de ambos ha cruzado la posibilidad de que al término de la fiesta, ambos regresen juntos a casa de alguno de ellos.

Pero, durante el viaje a la oficina el día de la fiesta, Mínimo ve un anuncio que exalta las virtudes de la abstinencia y, recordándole lo que pensaba hacer, no lo hace.

Regresa solo a casa y deja en la fiesta a Tercia. Esta es la oportunidad de Máximo, quien se acerca a ella para que tiempo después, Tercia se dé cuenta de que padece SIDA.

El retiro de Mínimo de esa posibilidad con Tercia es lo que lleva al autor a decir que, de haber sucedido lo opuesto, Tercia no tendría SIDA.

Y la regla se generaliza: si quienes son como Mínimo fuesen más permisivos eso detendría en algún monto el avance de las infecciones sexuales. Permisivos, pero no tanto como Máximo porque entonces habría otro Máximo agravando la situación.

La historia tiene una base, la de un estudio en Inglaterra, el que dice que el avance del SIDA podría reducir su ritmo de crecimiento si quienes tienen menos de 2.25 parejas sexuales al año elevaran esa cifra un poco.

La línea de pensamiento de Landsburg va mucho más allá: si personas como Mínimo salen a encontrar a otra persona eso ayuda a las probabilidades de reducir la probabilidad de infección en el resto.

Y más aún, en caso de que Mínimo fuese infectado, su escasa vida sexual disminuiría la probabilidad de contagio a otros.

En otras palabras, según el razonamiento del autor, es preferible que se contagien los de vida sexual limitada que los de vida sexual activa. Si en un lugar imaginario todas las mujeres fuesen monógamas, los hombres usarían los servicios de unas pocas prostitutas que al final estarían contagiadas y los hombres llevarían las infecciones a su casa.

Por tanto, si las mujeres estuvieran dispuestas a aceptar a otra persona, esa prostitución ya no existiría y las infecciones avanzarían de manera muy lenta o se extinguirían.

La idea del autor es ya clara. Como en el resto de su libro, Landsburg usa razonamientos económicos para hacernos ver el otro lado de la realidad: explicaciones de sucesos cotidianos que tienen ángulos pocas veces vistos.

En este capítulo, dedicado a las relaciones sexuales la explicación es sorprendente: para reducir la rapidez del avance de infecciones sexuales, las personas deben aceptar tener más parejas, no menos como diría el sentido común.

Continúa el autor con su tesis. Ahora trata sobre el gozo sexual. De seguro, dice, Mínimo gozaría teniendo sexo con Tercia. El objetivo de ambos es tener un gozo. Si únicamente se tratara de contagiar a alguien, eso sería prohibido por la ley. La idea detrás es minimizar el número de contagios que se producen en un número dado de contactos sexuales.

Si alguien quiere en verdad atacar el SIDA de manera realista, lo que debe hacer es intentar sacar a Mínimo de su casa y motivarlo a tener relaciones sexuales con otros. La conducta de Máximo no puede controlarse, pero sus efectos sí pueden reducirse retirándole las parejas que podría tener si no existiera Mínimo en competencia con él.

Según Landsburg personas como Mínimo no tienen una vida sexual activa porque su papel no se entiende y el servicio que ellos proveen es mal pagado. Quienes tienen miedo de contagiarse deberían valorarlos más. El que se acuesta con alguien sufre costos y cosecha beneficios.

Quien lleva una vida sexual promiscua es un costo y hace a la vida sexual de todos más costosa, lo opuesto de quien no lleva una vida sexual promiscua y ocasionalmente entra a ella: esta persona es un beneficio.

Y más aún. Si Mínimo tiene relaciones con Tercia, el gran beneficiado es ella y sus parejas siguientes, no Mínimo. Lo que hace Mínimo con su conducta sexual limitada, afirma Landsburg, es elevar la contaminación para los otros.

De tener una actitud menos conservadora, ello ayudaría a reducir esa contaminación de infecciones. Mínimo no lo hace porque los beneficios que recibe son bajos.

Entonces el problema a solucionar es cómo incentivar a gente como Mínimo a dejar de ser tan conservador en lo sexual.

Mínimo y gente que piensa como él ha tomado una decisión propia, que le es la más conveniente en su opinión. Poco le importa la consecuencia de sus actos. Si su bajo o nulo número de contactos sexuales daña a Tercia y a otros, allá ellos.

Si el asunto fuera manejado por un gobierno intervencionista, quizá por ley se obligara a estas personas a elevar el número de contactos sexuales.

Pero dentro de sistemas libres eso no se hace. Debe pensarse en otros métodos. Podría pagarse a la gente por tener contactos sexuales, pero eso sería un mal subsidio general para todos.

Podrían usarse requisitos para pagar a ciertas personas y no a otras, pero sería difícil distinguir a Máximo y las mentiras que puede decir para conseguir ese subsidio.

Deberá pensarse en dar a Mínimo algo que valore y sólo pueda usar en caso de tener sexo con alguien: condones gratuitos o subsidiados, con la ventaja de proteger a la otra persona, la que podrá valorar las ventajas de quienes se protegen. Pero como esto no es algo observable por la otra persona, entonces no puede estimar su valor.

Además el precio de los condones es muy bajo y hacerlos gratuitos es muy poco importante por eso mismo. Podría pensarse en pagar por condones usados, dice Landsburg. O bien podría pensarse en una agencia de gobierno, especializada en encontrar parejas entre personas tímidas a quienes se pagaría por esos condones usados.

También puede pensarse en un banco de datos de fácil acceso con la información de cada persona en cuanto si tiene o no SIDA.

Las ideas y los razonamientos del autor tienen varias cualidades. Una de ellas es la de ejercitar al pensamiento y explorar la realidad con algo más que clisés e ideas simples. La conducta humana es embrollada, demasiado compleja para ser entendida sin cierta sutileza de pensamiento.

Landsburg escribió esas ideas originalmente en 1996, en Slate, una revista al menos curiosa.

Eso originó una buena cantidad de cartas al autor, de muy diferentes estilos. Uno de los lectores dijo que esas ideas de Lansdurg era iguales a promocionar una ruleta rusa sexual y justificarla con estadísticas.

A eso contestó Landsburg que nada de lo que escribe al respecto trata de estimular a las personas a una conducta de mayor riesgo sexual y que de hecho afirma que que no resulta algo de interés para Mínimo el dejar de actuar como lo hace.

Lo que Landsburg insiste en señalar es que una pareja monógama representa una situación segura para sus integrantes, pero dañina para el resto. El punto es central y debe ser considerado antes de brincar con acusaciones sobre algo que el autor no ha dicho.

Igualmente podría contradecirse la idea diciendo que si un poco de promiscuidad es bueno, entonces una promiscuidad total sería aún mejor. Landsburg responde diciendo que sería lo mismo razonar pensando que si comer un poco menos es bueno, no puede decirse que dejar de comer todo sería mejor.

Otra posible observación a Landsburg, hecha por un lector del artículo original, argumentó que si un poco más de promiscuidad sólo disminuiría el ritmo de avance de la infección, entonces también debía mencionarse la forma en la que ese avance podía detenerse totalmente: el control personal.

La respuesta de Landsburg hizo referencia a las señalizaciones de tránsito: ellas pueden disminuir el número de accidentes pero para tener cero accidentes había que prohibir los automóviles. La prohibición del sexo fuera de relaciones de largo plazo no es posible.

Otro lector señaló que si la promiscuidad es algo que puede subsidiarse, entonces también debería subsidiarse la castidad. Para Landsburg esto no es válido: los beneficios de la castidad no son transferibles a otros, dice, pero los de la promiscuidad sí los gozan otros.

Hasta aquí el resumen de lo escrito por Landsburg. Lo que sigue con comentarios personales del autor de este resumen.

Primero, es un deleite encontrar explicaciones alternativas y al mismo tiempo justificadas con lógica y solidez. Lo que Landsburg hace es valioso para las mentes inquietas. Sin embargo, hay un riesgo severo: la lectura superficial de la idea explicada puede producir un reclamo, el de pensar que lo que el autor propone es fomentar la promiscuidad.

Si eso llega a creerse no es culpa del autor, sino del lector que así lo interpreta. Contra eso no puede hacerse mucho.

Segundo, el autor toma como dadas dos situaciones. Una es el objetivo de intentar atacar la propagación del SIDA, algo con lo que no puede estarse en desacuerdo. La otra es la realidad de todos los días: la situación ideal de la monogamia absoluta es imposible. Bajo estas circunstancias, el autor da al lector un diagnóstico fuera de lo común y difícil de rebatir.

Tercero, la lectura superficial del texto efectivamente sí puede dejar un sabor desagradable, el de suponer que lo que aquí se recomienda es que los poco o nada promiscuos relajen sus hábitos en aras de aliviar la propagación del SIDA.

No creo que el autor tenga esa intención, pero si la mayoría de las lecturas son superficiales una consecuencia no intencional del autor puede ser la de dejar una impresión equivocada. Un texto más completo de Landsburg pudiera haber evitado al menos en parte esa impresión inexacta.

Cuarto, hay dos partes muy claras en su análisis. Una es la dedicada a explorar la idea de cómo un poco más de promiscuidad por parte de gente como Mínimo ayudaría a combatir el problema de la propagación del SIDA.

La otra parte, mucho menos importante y poco desarrollada es la que se dedica a explorar maneras de incentivar a Mínimo a ser un poco más promiscuo.

Quinto, la parte vital es la primera, como dije arriba. Lo que el autor describe es una realidad en la que existen dos grupos distintos. Uno es el grupo de Máximo y personas como él, en extremo promiscuas y con alta probabilidad de estar ya infectados: cuanta mayor sea su actividad mayor será la propagación.

Otro es el grupo de Mínimo y gente con sus creencias, poco o nada promiscuos y con muy pocas probabilidades de estar infectados o infectarse.

Creo que esos dos grupos, que en otras partes han sido llamados de alto y bajo riesgo, son la clave para hacer adiciones a la idea de Landsburg.

Si la meta es aliviar en lo posible el SIDA entre personas que sucumben en diferente nivel a actos sexuales no monógamos, la mejor estrategia general es la de Mínimo. Tan exitosa es esa estrategia que la vida que ella indica constituye una posible salvación parcial de la estrategia peor, que es la de Máximo.

Máximo es un propagador activo de las infecciones. Mínimo, de quererlo, puede ser un retardador de esas enfermedades. Esto es lo que señala Landsburg: el héroe del cuento es el poco o nada promiscuo, el de la estrategia superior.

Sexto, retardar el avance del SIDA puede estar basado en otras estrategias adicionales a la de Landsburg. Él pide que los no promiscuos se sacrifiquen en aras de los demás, quitando oportunidades a los promiscuos de tener contactos. Hay más que eso.

Por un lado, es posible incentivar que los promiscuos se centren entre ellos para sus aventuras y que lo mismo hagan los no promiscuos, dedicarse a ellos solamente. Haciendo esto la enfermedad se concentraría en un grupo con menos probabilidades de alcanzar al resto.

Ver las cosas así, permite encontrar la zona de peligro, que es el encuentro de personas de un grupo con personas del otro. Si las posibilidades de ese encuentro se minimizan, también se minimiza la propagación. Y así Mínimo no necesita sacrificarse por quienes son promiscuos y aún no han sido infectados.

Séptimo, puede darse otra estrategia, la del reclutamiento de personas a la mentalidad de Mínimo. Cuantas más de ellas existan, menor será el grupo de personas como Máximo y por tanto, las infecciones serán limitadas a un grupo de tamaño decreciente. Lo que esto muestra es, me parece, las buenas cualidades del análisis de Landsburg, pero no una buena exploración de otras estrategias posibles.

Decir que la promiscuidad de los no promiscuos es una forma de retardar la propagación del SIDA es sin duda cierto, con la ventaja de ser llamativo y paradójico.

Pero la exploración se deja incompleta por no mencionar otras posibilidades sustentadas en la misma idea que Landsburg no explota al máximo: si la estrategia que mayores frutos rinde a su objetivo es la de Mínimo, por qué no aprovecharla sin necesidad de arriesgarla haciendo que se renuncie a ella aunque sea en escaso monto.

Octavo, por último, me parece nada sorprendente que la mejor estrategia de comportamiento, la que lograría disminuir la propagación de las infecciones, coincida con las ideas tradicionales de la monogamia, la fidelidad conyugal y la castidad.

Cierto, no puede esperarse un comportamiento de respeto absoluto por parte de todos, pero quienes hacen de la violación de esos preceptos una excepción están en mejor situación que quienes hacen de esa violación una regla.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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