Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Falla del Fallo
Eduardo García Gaspar
13 julio 2009
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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El efecto es previsible: los mexicanos sufrirán retraso tecnológico en el sector de comunicaciones. ¿Quién tiene la responsabilidad de tal efecto? La Suprema Corte de Justicia. Es un caso en el que el culpable es perfectamente identificable y que es otro ejemplo de la Ley de Efectos No Intencionales.

El asunto es más o menos conocido. Se tienen muchos e importantes avances en comunicaciones. Uno de ellos es la transmisión digital de señales de televisión, lo que hace posible añadir servicios dentro de las mismas señales. Es una serie de adelantos que permiten más servicios a menos costo para la gente.

Un buen análisis, breve y claro, lo presentó Sergio Sarmiento, en una de sus columnas: la corte ha creado obstáculos que frenan esa elevación del bienestar general.

• Uno de ellos es la medida que requiere que al término de una concesión, ella se licite de nuevo, lo que puede significar la pérdida de su concesionario actual. Lo que esto ocasiona es obvio: desconfianza y ella produce inversiones menores.

• El otro, también obra de la corte, es que los nuevos servicios posibles dentro de las señales concesionadas requieren cada uno de ellos nuevas concesiones. Esto produce desaprovechamiento de inversiones existentes y mayores costos de operación. En fin, otro caso que ilustra esa ley de consecuencias indeseables.

No tengo duda de que los jueces de la corte tuvieron intenciones admirables al dar su fallo en las cuestiones anteriores, que se ampararon en los más loables principios y que razonaron concienzudamente sus decisiones. Pero tampoco me queda duda alguna de que decidieron algo realmente dañino. Todo por una carencia en su análisis: no consideraron las consecuencias de su decisión. Es una notable falta de prudencia. Fallaron sus fallos.

El tema bien vale una segunda opinión por una causa muy clara. México, como muchos otros países, no ha tenido el desarrollo económico que es posible. Eso lo sabe cualquiera. Lo importante es saber por qué y una de las mejores explicaciones que existen, pero no la única, es esa Ley de Efectos No Intencionales.

Los gobiernos mexicanos durante un largo tiempo, incluyendo el actual, han aplicado políticas y tomado decisiones, cuyos objetivos son los más admirables, excelentes, bien intencionados, maravillosos y apreciables que pueda tener ser alguno en este mundo (hagamos de lado lo de la corrupción). Esos gobiernos deseaban con toda la fuerza de su voluntad elevar el bienestar del país.

Muy bien, eso lo podemos dar como un hecho razonable. La propiedad estatal del petróleo, la de la electricidad, el IMSS, las leyes laborales, el resto de las leyes, los impuestos, todo se hizo pensando en el bienestar del país. Por supuesto, los resultados tangibles, señalan sin error que el objetivo no ha sido logrado.

Es cierto que ha existido crecimiento desde los años 30, pero éste pudo haber sido mayor y que, al mismo tiempo, ha habido crisis que podían haber sido evitadas. Pero en relación a otros países más exitosos, el caso de México y de buena parte de América Latina, puede verse como fracaso.

La Ley de Efectos No Intencionales señala una causa: las intenciones no son suficientes. El caso de la corte mexicana que apunté arriba señala otra causa: la falta de consideración de las consecuencias no previstas: buenas intenciones de la corte, pero dañando el bienestar que producen más bienes más baratos.

Puesto de otra manera, en buena medida la falta de progreso del país es intencional, producto de decisiones gubernamentales erróneas. Políticas económicas consistentemente aplicadas por largos períodos de tiempo y mantenidas a pesar de fuertes evidencias en contra. Ejemplos claros de esto es la ley laboral mexicana y el monopolio estatal petrolero.

El gran valor que tiene mostrar el caso de las pésimas decisiones de la Suprema Corte de Justicia en México es que puede verse con claridad. No hay gran dificultad en mostrar los efectos negativos en el bienestar del país y tiene el valor de ser relativamente nuevo.

Es mucho más difícil lograr que se entienda que la ley laboral produce también efectos negativos al generar desempleo, o hacer comprender el gran daño que Pemex ha causado al país. Estos casos, más antiguos, sin embargo, también muestran el daño que las buenas intenciones, solas, son causa de pobreza.

Post Scriptum

Para más material sobre el tema, véase ContraPeso.info: Efectos No Intencionales, donde se encuentra la teoría que los explica y muchos casos en los que ellos suceden. Este es uno de los temas menos conocidos, que más explican las causas de la pobreza y políticas públicas fallidas. El origen del concepto es usualmente atribuido a B. Mandeville (1670-1733).


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