Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Laicismo Anti Libertad
Leonardo Girondella Mora
2 julio 2009
Sección: POLITICA, RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Una columna breve de Fernando Savater, titulada Las Trampas de la Fe, contiene ideas que merecen ser examinadas más de cerca. En el inicio, el autor hace dos preguntas seguida una de otra:

¿Son compatibles la ciencia y la religión? ¿Es compatible la poesía amorosa y la ginecología?

La trampa que pone Savater debe ser obvia ya, si es que se trata de algo intencional —y si no lo es, el error de lógica es penoso en alguien tan célebre. Hacer equivalentes a la poesía y a la religión es al menos algo que estaría sujeto a ser negado con poderosas razones. La premisa es errónea. La respuesta a esas dos preguntas, tan distintas, que da Savater es condicional:

[sí son compatibles] mientras cada una no pretenda enmendarle la plana a la otra. No es prudente acometer una cesárea tras documentarse en Juan Ramón Jiménez o Rilke, ni recordarle a quien cree que un beso apasionado lleva al éxtasis que después de todo se trata de un simple intercambio de microbios por vía oral.

Es decir, no son compatibles, cuando se invaden terrenos y quiera una sustituir a la otra —una respuesta primitiva que se da no sólo en esos casos tan llamativos, sino también con el físico nuclear que quiere hacer una cesárea y con el filósofo que quiere reparar un teléfono. Otra trampa en su razonamiento.

Con esta introducción Savater expone su tema y punto central: la contraposición entre dos posturas —la de quienes defienden el evolucionismo y quienes sostienen el creacionismo:

Lo malo es que ciertos clérigos se empeñan en corregir los datos científicos con dogmas y tradiciones piadosas. El creacionismo no se conforma con ser un mito del origen, más o menos respetable como tantos otros, sino que intenta disfrazarse de ciencia como “diseño inteligente” para colarse en las escuelas americanas -que excluyen con buen criterio la enseñanza de doctrinas religiosas- y hasta en las universidades españolas, a poco que nos descuidemos.

La discusión no es nueva y es meritorio el recordarla —quizá sea éste el único mérito de la columna de Savater. La acusación que hace es la estándar: el creacionismo es un mito y debe ponerse de lado en una educación que debe basarse sólo en las ciencias que admiten comprobación y “observación experimental”, según sus propias palabras. Insiste el autor en este punto:

Con el pretexto de que la ciencia no resuelve todos los enigmas de la naturaleza, aconsejan recurrir a la religión aunque no resuelva ninguno.

La argumentación es curiosa, porque el énfasis en la “observación experimental” como criterio único de lo que se enseña, podría anular a la filosofía, la misma profesión del autor —una basada en la especulación mental y el uso disciplinado de la razón fuera del terreno de lo comprobable. Si sólo puede admitirse lo científico en ese sentido, ni la literatura sería permitida en las escuelas. Tampoco Marx, Popper, ni Platón.

El final de la columna establece que:

El laicismo es imprescindible para la democracia… basta recordar la escalofriante leyenda que campea según Dante sobre la puerta del infierno: “Son la primera sabiduría y el primer amor quienes me crearon”. De esa proclama monoteísta nacieron todos los totalitarismos.

Una columna en un periódico es necesariamente breve —muchas más ventajas de explicación y claridad tienen quienes se explayan en textos de mayor extensión: una excusa sin duda aplicable y justificable en este caso; que por otro lado, no valida un razonamiento que deja mucho que desear.

Creo que Savater siembra las semillas de eso mismo que aborrece, el totalitarismo —creyendo que el laicismo se sustenta en la enseñanza de lo que es científicamente comprobable y nada más, no se da cuenta de que así crea otro totalitarismo impuesto por quien define qué es lo científicamente comprobable.

Es una defensa miope de la libertad, que cuidándose de un monstruo anterior, real o imaginado, deja crecer a otro mayor que también acabará con lo que quiere él mismo defender. Da la impresión que el escritor y filósofo debe recordar los mecanismo sutiles del juego de ideas expresadas con libertad —sean creacionistas o evolucionistas, o el resto.

Es una victoria que derrota la que se pide ganar solicitando que su oponente sea retirado del campo por el árbitro cuya intervención solicita. El árbitro, quien sea que fuese, terminará derrotando también al que pidió su intervención.

Si existe una discusión, si se invaden terrenos entre ciencias, si alguien habla de lo que no le corresponde, déjales en libertad —esos conflictos de ideas son provechosos al final. No llames al gobierno a que arbitre los conflictos de ideas, que es el único con poder suficiente para decidir por la fuerza si se enseña o no en las escuelas el “diseño inteligente” o no.

Si llamas al gobierno a intervenir buscando su protección, terminarás bajo su dominio y empleará la fuerza para decirte a ti también lo que debes o no pensar.

Post Scriptum

En Laicismo Mal Usado, de julio de 2008, examiné opiniones de Savater sobre el mismo tema y exhibí lo débil de sus opiniones al respecto. El laicismo es una herramienta de defensa de las libertades humanas, no un arma para anularlas, que es lo que Savater parece no comprender.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


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  1. Luis GlezGlez Dijo:

    La fama de Savater y su apostolado en favor de una religión estatal, impuesta por la fuerza, están muy bien confirmadas en esta columna. Siento que la celebridad del intelectual español ha cegado sus luces mentales y que argumenta ya de forma que es fácil rebatirlo. Agradezco a su página tratar estas trampas deseando que ellas sean más difundidas.





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