Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Legislemos la Gravedad
Eduardo García Gaspar
10 julio 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Bernie Madoff, el fraudulento financiero, fue condenado a ciento cincuenta años de cárcel, por hacer lo mismo que hacen los gobiernos. Madoff usó dinero de inversionistas nuevos para pagar rendimientos a inversionistas viejos, quedándose con la diferencia.

Los sistemas de seguridad social de muchos gobiernos hacen lo mismo: pagan con las cuotas de trabajadores nuevos los servicios que dan a los trabajadores viejos. Esto, dicen, es legal, pero no lo que hizo Madoff.

La observación, primero hecha por Eamonn Butler, del Adam Smith Institute, hace poco, es una realidad tan grande que no se ve. Y muestra cómo los principios son diferentes dependiendo de quién actúa. Lo que para cualquiera es un delito digno de cárcel, para el gobierno es una acción loable que casi todos aplauden.

Luego, tome usted, un suceso reciente muy clásico ejemplo de la forma de ser de un gobierno: en todo ven un problema que ellos son capaces de resolver. Los precios del petróleo han tenido variaciones importantes, los gobernantes ven eso y lo consideran un problema que necesita de su intervención.

El argumento es clásico: los precios de algo suben y bajan y eso es malo, dicen los gobernantes. Los precios no deben moverse fuertemente. Y surgen, por supuesto, medidas intervencionistas. Van a poner reglas para evitar al enemigo acostumbrado, la especulación: límites al volumen dependiendo de quién entre al mercado, límites a la especulación y otras cosas.

Terminarán en EEUU con varios miles de páginas de reglas y disposiciones que nadie entiende. La historia acostumbrada. Todo porque los gobernantes no comprenden una cosa: los precios se mueven. Ésa es su naturaleza misma. Recuerde usted que el verano pasado las noticias reportaban el barril de petróleo a cerca de los 150 dólares. A finales del año pasado su precio era de poco más de 30 y ahora está en algo más de 60.

Así es el mundo. Ésa es la realidad. Los precios suben y bajan en mercados libres. Y que sean así es de ayuda a todos: son indicaciones de mercado, contienen información que la gente usa para tomar decisiones. Quejarse de que los precios se mueven demasiado es como lamentarse de que el tiempo pasa muy rápido y justificar el alterar los relojes para ajustarse a lo que dice un burócrata.

Los “especuladores” de petróleo son en la inmensa mayoría empresas que entran al mercado de ese recurso porque lo usan en sus operaciones, como aerolíneas y si ellas hacen bien su tarea, eso resulta en servicios de transporte para la gente. Es parte de su negocio entrar a mercados de compras futuras y similares.

Entre lo de Madoff y lo de evitar la volatilidad de precios del petróleo, hay una similitud que no suele aparecer en las columnas de opinión. Ellas suelen enfocarse a los sucesos del día. Esa similitud es sencilla de explicar: los gobernantes viven fuera de la realidad y actúan creyendo que sus acciones pueden ser independientes de las leyes del mundo real.

Para explicarme mejor: si un gobernante hiciera un automóvil no respetaría ninguna de las leyes físicas que conocemos y el auto, por supuesto, no caminaría. Con la realidad económica hace lo mismo. Ignora cómo funciona. Presupone que él inventa las reglas.

Por eso es que castiga a Madoff con toda la razón, sin darse cuenta de que él hace lo mismo. Por eso ve que los precios suben y bajan, y se asusta. No sabe que así es el mundo. Lo que quiere es un mundo en el que todas las cosas sigan sus propias leyes. Sería capaz de emitir una ley que suplante a la de la gravedad universal y otra que dicte que la tierra corra más lenta alrededor del sol.

Es un problema de educación y capacitación de los gobernantes. Deben pasar por cursos básicos que les enseñen que el mundo real existe y que tiene sus leyes que no pueden ser violadas. Se sufre en todas partes y en todos los gobiernos, y puede ser llamado patología legislativa: la creencia de que todo puede ser legislado, todo sin excepción.

Si eso fuese posible, desde hace siglos viviríamos en una especie de paraíso en el que sólo bastaría la emisión de una ley para curar una enfermedad y un reglamento para reducir el precio de la cerveza. Por ley podría decretarse que no hubiera huracanes y que el petróleo fuese siempre barato.

El problema de esas leyes es que tarde o temprano se convierten en crisis.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Legislemos la Gravedad”
  1. José Luís Samper Dijo:

    Una reflexión llena de sentido común y acertada, en tanto que los gobernantes se han contituido no en administradores sino agentes del mundo perfecto (=el que ellos imaginan).





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