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Liberalismo y Neoliberalismo
Selección de ContraPeso.info
13 octubre 2009
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Ricardo Valenzuela y Alberto Mansueti. Agradecemos a los autores el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es distinguir al liberalismo del neoliberalismo definido como el Consenso de Washington.

Debido a los acontecimientos políticos que empañan el panorama mundial cuando “socialistas siglo XXI,” estilo Hugo Chavez y Barak Obama, empuñan el timón de nuestros destinos con la proa hacia el infierno, es importante entender esta corriente cimentada en profundas confusiones y en lo que Jefferson llamara Mobocracy.

El liberalismo clásico promueve gobierno limitado y la economía libre es su resultado natural. No debemos confundirlo con  “liberalism” en inglés, concepto deformado en los EEUU que defiende exactamente lo opuesto. [Véase Liberalismo: Algunas Precisiones y, para una visión histórica, Liberalismo: Orígenes, Definición]

Tampoco hay que confundirlo con el neo-liberalismo. Vamos despacio entonces. En los años 80, el economista John Williamson publicó el libro IMF Conditionality. En su obra, por primera vez exponía el recetario para darle vida al consenso de Washington. Enunciado como un decálogo, en diez verbos, era así:

1) Imponer disciplina fiscal;

2) Reducir las tasas de impuestos y aumentar así la recaudación total;

3) Reorientar el gasto público hacia la atención médica básica, la educación primaria y la infraestructura;

4) Liberalizar las tasas de intereses;

5) Mantener un tipo de cambio “competitivo”;

6) Eliminar restricciones no arancelarias al comercio exterior, y gradualmente reducir los aranceles hasta arribar a un  efectivo promedio de 10 % a 20 %;

7) Liberalizar el flujo de inversión extranjera directa;

8) Privatizar las empresas estatales;

9) Eliminar las barreras al ingreso y salida del mercado, reduciendo trabas legales;

10) Fortalecer los derechos de propiedad privada.

¿Todo lo enunciado es bueno? Algunos mandamientos sí, algunos no. Y otros son discutibles en sí mismos o en sus consecuencias e implicaciones:

La disciplina fiscal es muy saludable, pero ejecutada recortando los incontrolables gastos, no aumentando ingresos (1-2); la jerarquización de las funciones estatales es imprescindible y es responsabilidad del gobierno construir obras públicas, mas no educar (3), y en todo caso la ayuda estatal a la educación de los pobres puede ser utilizando el sistema de cupones

Es nocivo manipular el tipo de interés (4); pero también el tipo de cambio (5); ¿por qué no arancel cero? (6) ¿por qué desregular los mercados (9) y la inversión extranjera (7), pero no la nacional o la repatriada?

Es bueno privatizar los monopolios estatales (8), pero no para hacerlos privados sin dejar de ser monopolios. El monopolio viola el derecho de propiedad (10) de los otros. Monopolio no es una empresa grande, ni una empresa sola en un mercado. Es la que goza de privilegios especiales en impuestos, insumos, materias primas, aduanas, seguros, relaciones laborales o con los bancos, otorgados como especiales y exclusivos favores políticos por gobiernos y legislaturas que las blindan a la competencia.

Pero, ¿se aplicó el decálogo en la práctica? Más o menos. Desde los años ’90 hubo reformas y medidas económicas pero mal concebidas y peor ejecutadas por los gobiernos, el FMI, el Banco Mundial y universidades asociadas. Si se observa de cerca lo ocurrido nos daremos cuenta que hubo graves fallas, y de liberalismo clásico poco y nada:

• El Estado no redujo drásticamente sus funciones. No conforme con su rol de capo de tuti, diputado o senador, juez, policía y soldado, diplomático y contratista, quiso seguir de educador, médico, odontólogo y bioanalista, promotor social, deportivo, científico, artístico y cultural y conductor general de la sociedad. En lo económico apenas admitió cambiar, en algunos casos, su papel de propietario de empresas por el de gerente y director general.

• En consecuencia los Gobiernos no redujeron competencias, controles, poderes, prerrogativas, tamaño ni presupuesto. ¿Y su personal? En la mayoría de casos continuaron su nociva expansión consumiendo hasta el 80% de sus presupuestos.

• Tampoco redujeron el gasto estatal ni cesó el endeudamiento público. Las privatizaciones fueron fiscalistas y capitalizaron a los gobiernos. Los monopolios estatales fueron privatizados sin dejar de ser monopolios, sólo a tiro de grandes complejos empresariales y consorcios internacionales apalancados por grandes Bancos, para luego exigir precios muy por encima del real valor de mercado de los activos. Después se dieron a recuperar sus enormes inversiones con elevadas tarifas para usuarios y consumidores, tan pobres como antes, o más.

• No aceptaron eliminar la inflación como medio de financiarse, sólo reducirla. Por ello se siguió con la emisión de papel sin respaldo real (metálico u otro); con la banca de reservas fraccionarias; y con la manipulación artificial de las tasas de interés a la baja, estimulando el endeudamiento.

• La inflación fue parcialmente reemplazada por el IVA y otros tributos, y los aranceles fueron sustituidos por los derechos antidumping, pero la presión tributaria no se redujo, todo lo contrario.

• No derogaron las leyes perjudiciales (consultar el libro “Las leyes malas”); todo lo contrario: también aumentó la presión reglamentaria. Los monopolios privatizados fueron encuadrados en los reglamentos pero sin someterse a la justa dictadura de la abierta competencia. Según la nueva ortodoxia económica, los tradicionales controles de precios fueron reemplazados por las leyes del consumidor y “pro competencia”. Siguiendo la nueva “corrección política” se introdujeron costosos reglamentos laborales, eco ambientalistas y de “género”, de la niñez y adolescencia, indígenas, discapacitados, etc. Y las burocracias continuaron extendiéndose por toda la economía y a la vida nacional entera, impidiendo a las iniciativas individuales expresar su creatividad y fructificar.

• El viejo modelo cepalista, de sacrificio de la exportación en aras del mercado interno, se cambió por el opuesto: sacrificio del mercado interno en pro de la exportación, pero siempre bajo la planificación central del estado. Sólo cambiaron sus objetivos, modalidades y los sectores protegidos, pero no el proteccionismo.

• La integración latino o centroamericana, caribeña, andina o mercosurista, no llevó a cabo liberación comercial alguna. Sus listas de excepciones siempre fueron más extensas que los propios acuerdos, y la letra chica emergió matando la letra grande. La visión de “bloques” políticos no es de Milton Friedman ni de la Escuela de Chicago; es la típica de la teoría “dependentista” del subdesarrollo de los ’50 a los ’70: Raul Prebisch, André Gunder Frank, el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, Enzo Faletto, Celso Furtado, Enrique Iglesias, Osvaldo Sunkel y Pedro Paz.

En resumen: los cambios fueron cosméticos, raquíticos, tímidos y totalmente alejados del verdadero libre mercado. En América Latina las consecuencias fueron devastadoras produciendo estrepitosos fracasos. Pero se ejecutaron con poco y nada del verdadero liberalismo, y el nombre que le cabe al producto resultante sería ¡Neo-mercantilismo! LA MISMA GATA NADA MAS QUE REVOLCADA.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Liberalismo y Neoliberalismo”
  1. Corina Dijo:

    Solo para felicitarlo por su articulo, y porque es cierto Socialistas como Hugo Chavez y Obama estan llevando al mundo hacia el infierno, no solo a sus respectivos paises, el dia de hoy debe ser un dia triste para Estados Unidos porque se ha dado un paso mas para que Obama triunfe en su deseo de Que se transforme el Cuidado de la Salud en Estados Unidos, con un solo voto de una Republicana que no vacilo en traicionar no solo a su Partido sino a su Pais, de nombre Olympia Snowe se aprovo por el comite de Finanzas la Reforma al Cuidado de la Salud, y dicha reforma se levantaran panales de la muerte dejando a los mas indefensos sin proteccion, a los ancianos y a los niños, pues la Burocracia decidira quien va a vivir o a morir.
    Como ustedes bien dijeron en otro de sus Articulos siquiera en Mexico tiene la gente de decidir si va al IMSS o no en Estados Unidos no van a poder decidir el Gobierno decidira por ellos.
    Como suena esto algo conocido como al estilo de Hitler y Stalin.





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