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Tanto se ha cantado elogiando al voto ciudadano como un derecho, que los más reales derechos han sido olvidados. Me explico. En México, en julio próximo se celebran elecciones y se realiza desde hace tiempo una enorme promoción electoral. No sólo de cada uno de los partidos, sino del voto en sí mismo como un derecho ciudadano que debe ejercerse. Es una gran exageración promocional y una distorsión de la realidad. Votar por uno o más candidatos, los que uno quiera, en una elección, es una consecuencia lógica de la libertad personal. Sin ese derecho a la libertad no habría voto posible. Exaltar al voto y olvidar a la libertad es como poner la carreta adelante del caballo. Si los ciudadanos de un país pueden votar es porque son libres (no son libres porque pueden votar). La cuestión empeora por otra causa: los votos ciudadanos y sus resultados en las elecciones no son garantía alguna de elección de gobernantes excepcionales. Los votos libres de las personas no evitan la elección de gobiernos corruptos, ineficientes e incapaces. La realidad demuestra eso a diario. Un nuevo gobierno elegido con legitimidad en elecciones, puede volverse un enemigo de la libertad que justifica al voto con el que fue elegido. Esto es lo que debe señalarse con claridad: el voto en unas elecciones es una de las miles de consecuencias de la libertad humana y poner atención en una sola de esas consecuencias es un error monumental. Cuando se hace del voto un derecho tan exaltado se pierde de vista el panorama general. Es como poner atención en un árbol dejando de ver el bosque. Votar es elegir entre gobernantes y es una de las miles de acciones de libertad que una persona puede hacer. Cuando se exalta demasiado el voto, se corre el riesgo de olvidar a las otras acciones libres y que merecen igual respeto que el voto. Esto puede apreciarse con facilidad en la realización de elecciones en Canadá, por ejemplo. Allí se puede votar con libertad y así se eligen gobiernos legítimos (no necesariamente buenos). Pero en ese país, al mismo tiempo que existe la libertad de elección de gobernantes no existe la libertad de elección de servicios médicos. Es una contradicción. O en México, donde desde hace pocos años se realizan elecciones razonablemente limpias, pero los padres de familia no pueden elegir con libertad las escuelas a las que mandan a sus hijos y los trabajadores no pueden elegir proveedores de servicios médicos. Es paradójico que se tenga la libertad de elegir gobernantes, pero no la de elegir escuelas, ni hospitales. Estas contradicciones, mucho me temo, son causadas en buena parte por un conocimiento inexacto de la naturaleza del voto ciudadano. Cuando se le ensalza como un derecho básico se pierde la realidad de que en realidad es una de las miles de consecuencias de lo que sí es en verdad un derecho, la libertad. El tema bien vale una segunda opinión porque estas consideraciones son muy escasamente mencionadas. No se debe usar a la libertad para anular a la libertad y, sin embargo, eso se hace casi siempre. Con libertad se eligen gobiernos en elecciones limpias, pero resulta que muchos de esos gobiernos toman medidas que anulan a la libertad con la que fueron elegidos. Un ejemplo ayuda a explicar esto. El 5 de julio ciudadanos mexicanos irán a votar para elegir gobernantes. Esto lo entiende cualquiera. Pero antes de ese día, ese día y después, también los ciudadanos harán otras muchas elecciones: comprarán bienes, elegirán escuelas, fundarán negocios, decidirán inversiones, seleccionarán hospitales… Es un absurdo que se les limiten esas libertades de elección al mismo tiempo que se cantan loas al derecho al voto. Si se tiene libertad total de elección política, también se debe tener libertad total de elección de escuelas, hospitales, productos, negocios, contratación. De todo. Esto es lo que me anima a decir que un voto electoral es bastante menos de lo que se dice y que debemos ver el panorama general: reconocer que es absurdo que se elija con libertad a un gobierno que ataque a la libertad que le sirvió para llegar al poder. Post Scriptum El único autor que he leído y que menciona esto abiertamente es H. Spencer (1820-1903) en su obra The Principles of Ethics, VOL 2. Liberty Fund Inc. 0913966754, Part IV, Chapter 25, Political Rights – so called, pp. 193-199. Hay un resumen de su idea en Gran Confusión: los Derechos Políticos. La clave es entender a la libertad humana como el real valor, fundamental e intrínseco, del que surgen posibles acciones justificables si no dañan la libertad ajena y la propia. Tan absurdo sería hacer una campaña promocional para el derecho a comprar pizzas como para el derecho a votar. Ambas acciones son consecuencias de algo mucho mayor, la libertad. Un ejemplo de la paradoja mencionada es la violación de libertades que explica un comunicado de yoinfluyo.com y que se reproduce aquí:
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La verdad es que el voto en las elecciones es nada más que una simple herramienta que difícilmente puede llamarse un derecho en sí mismo.








