Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Diálogos Perdidos
ContraPedia ContraPedia
14 enero 2009
Sección: Sección: Listas, Y CONTRAPEDIA
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En el Instituto for the Study of Very Funny Behavior, ubicado en Urbana, Illinois, su Director el japonés Wilhem Pfaff acaba de hacer público un notable descubrimiento. Se trata de un nuevo diálogo de Platón, creído perdido, pero encontrado debajo de una solicitud de reparto agrario en las oficinas del gobierno mexicano.

Los siguientes son algunos de los pasajes principales de ese recién descubierto dialogo entre el famoso sabio griego y Platín, un personaje hasta ahora desconocido, pero posiblemente pariente de Clinias, Megilio y Anginas. ContraPedia tiene el honor de publicar por primera vez la parte medular de los diálogos perdidos.

Platón: Mira, por sabias que puedan ser las leyes, una de las mejores es la que prohibe a los jóvenes toda indagación sobré esas mismas leyes. A esos jóvenes debe decirse que las leyes son perfectamente buenas, que tienen a los dioses por autores, que carecen de defectos.

Platín: Si los hombres no somos perfectos, me niego a aceptar que ellos puedan producir cosas perfectas, y ya que las leyes son obra de humanos, esas leyes no pueden carecer de defectos.

Platón: Lo que digo es que debemos decir a los jóvenes que esas leyes son perfectas, que no escuchen a quienes las critiquen. Sólo los ancianos pueden hablar sobre las leyes y hacer observaciones a los magistrados y a los que sean de su edad, pero jamás en presencia de jóvenes.

Platin: Lo que quieres es que los ancianos sean los únicos que gobiernen y ya que eres un anciano, concluyo maliciosamente tu deseo de gobernar.

Platón: Concedo algo de razón en lo que dices, pero solamente para el propósito de continuar nuestra argumentación. Creo que el mundo puede ser entendido como una caverna oscura que permite la entrada de una luz que a su vez hace que las sombras de las cosas sean proyectadas en la pared y así es que la…

Platín: Vayamos al punto importante. Si no me equivoco has dicho que los jóvenes deben ser mantenidos al margen de la discusión de las leyes y que las leyes solamente deben ser discutidas por los ancianos. Lo que yo digo es que un joven educado así no va a saber nada de leyes cuando llegue a anciano, si durante toda su vida anterior le hemos prohibido hablar de las leyes con el pretexto de que ellas son producto de los dioses.

Platón: Habíamos iniciado este diálogo después de las festividades bacanálicas justo en las faldas del monte Gárgaras, cuando llegó el bueno de Fidias que quería pintar a la pelirroja y…

Platin: Mejor pasa ese detalle por alto… Lo que tú dices es que las leyes son perfectas, que ellas deben ser creadas por los ancianos y que los jóvenes deben ser mantenidos al margen de las discusiones legales. Y yo digo que las leyes no son perfectas, que ellas son producto de discusiones sin fin y que la participación de los ciudadanos es vital.

Platón: Más en contra parece que no podemos estar, ¡mi querido Platín! No sólo los jóvenes deben estar aislados de las leyes, sino todos los ciudadanos del gobierno, excepto por quienes gobiernan y que deben ser los más sabios ancianos. Y esas leyes quedarán así por el resto de los tiempos.

Platín: No me digas “mi querido Platín”, pues la gente de siglos posteriores va a creer que hay algo entre nosotros, cosa que niego totalmente. Lo que he afirmado puede ser puesto de la manera siguiente. Mi visión de las leyes de un país es dinámica, la tuya es estacionaria. No concibo que nadie pueda ser la fuente sabia de las leyes, las leyes son la obra de generaciones y están formadas por aportaciones de gran cantidad de personas, muchas de ellas jóvenes. Una ciudad fincada en el engaño a los jóvenes y en la prohibición dada a ellos de discutir de los asuntos del gobierno sola- mente puede conducir a la tiranía.

Platón: Mi visión está, por el contrario a la tuya, basada en la búsqueda del Ideal, de la perfección inicial de la Idea. De esa perfección, nosotros podemos crear leyes que estén cerca de ella, evitando la influencia de la gentuza que nada sabe y que se burla de los filósofos, como aquel imbécil que me gritó que me pusiera a trabajar en lugar de pasear por estos bellos jardines. ¡Qué poco sabe el vulgo de los placeres de la mente, de las profundidades de las ideas, de lo bueno que sería que me llamaran a estar dentro de un gobierno, el que sea!

Platin; No niegas tus gustos por la buena vida. No en balde eres descendiente de familia de alta alcurnia, pero eso no te da la capacidad para decirle a los que son menores que tú que se ocupen de otras cosas. Sostengo que no puede haber prohibiciones para que los jóvenes discutan de leyes. Dime acaso, a qué edad deja uno de ser joven y a qué edad es uno viejo, porque éste es un problema que debes resolver.

Platón: Te decía que Fidias quería pintar a esa pelirroja nativa de las faldas del monte Gárgaras y que… Ha largo tiempo a lo que parece, que los egipcios han reconocido la verdad de lo que aquí decimos…

Platín: ¡Corrección, estimadísimo Platón! Esto recuerda a una manada.

Platón: Sigo. Decía que en todo Estado la juventud sólo debe ejercitarse habitualmente en lo más perfecto en figuras y melodía. Esta es la razón por la que, después de escogidos y determinados los modelos, se los expone a los templos, y está prohibido a los pintores y artistas, que hacen figuras o cosas semejantes, innovar nada, ni separarse en nada de lo que ha sido arreglado por las leyes del país, y lo mismo sucede en lo relativo a la música.

Platín: Vuelves a errar con las ideas tan alocadas que posees. Lo que quiero decir es que están yendo a extremos irreales.

Platón: Solamente puedo solicitar una explicación de esa afirmación tan fuera de lugar, mi querido Platín. La realidad es la que está mal y lo que yo digo es lo que está bien.

Platín: Te vuelvo a decir que no me digas “mi querido Platín”, la gente va a comenzar a hablar. Lo que sucede es que tú estás acostumbrado a que en todos tus diálogos todos tus interlocutores te respondan diciendo que sí a todo lo que dices, lo que no me parece legítimo.

Platón: Si no estás de acuerdo conmigo en el sentido de que los modelos de la música y las artes son fijos, de que la innovación está prohibida en ellos, de que los pintores deben seguirlos so pena de castigos…

Platín: Dices que no hay que separarse de nada de lo que ha sido fijado por las leyes del país, que los modelos de arte y cultura fijados en esas leyes implican la prohibición de toda innovación. Bueno, pues yo te digo que estás equivocado. El efecto neto de tus disposiciones será la falta de progreso, el estancamiento, la decadencia, la tiranía.

Platón: Fuertes palabras son esas. Te pido una explicación mayor y más clara. He dicho que las leyes de un país deben prohibir la innovación de los pintores y los artistas, ya que los modelos que ellos deben seguir se encuentran plasmados en las leyes.

Platín: Cuando la innovación es prohibida, se debe reconocer que implícitamente se supone la existencia de la perfección total y absoluta de los modelos planteados en las leyes. Mi punto es sencillo, el hombre, y tú Platón eres un hombre, no tiene acceso a la perfección. Consecuentemente, ningún hombre puede prohibir la innovación. Y si no hay innovación nadie podría inventar un cinto para atorar estas batas en la cintura y no pasarse el día arreglándoselas.

Platón: Eres el único en mis diálogos que no me sigue mi onda, mi querido Platín. Pero tu pensamiento parece ser interesante por lo que te suplico que continúes explicándolo.

Platín; Tú afirmas que las leyes son perfectas, yo digo que no lo son porque son productos de seres imperfectos. Sin embargo, las leyes están sujetas a procesos de mejoras y de corrección. Y digo que esas mejoras y esas correcciones sólo son posibles dentro de un Estado en el que la innovación sea bienvenida. Ves así que lejos de prohibir la innovación, yo la deseo fomentar y promover, mientras que tú la quieres prohibir. Y aún hay más.

Platón: ¿Más? Continúa.

Platín: La cuestión es seria. De perderse este diálogo y de no perderse los otros tuyos, la humanidad cambiará su historia. Tus tendencias son totalitarias. Al prohibir la innovación, al creer que tus leyes pueden ser perfectas, al hacer eso, le estarás negando a la humanidad la posibilidad de progreso. Solamente es posible establecer una cosa como segura y ella es la posibilidad de cambiar. Sólo no cambia el que cree que es perfecto y como nadie lo es, el único camino razonable es el de permitir la búsqueda de lo mejor.

Platón: Te concedo razón. Si el presente diálogo llega a generaciones posteriores, los humanos tendrán la oportunidad de decidir quién de nosotros dos tiene razón. Pero si este diálogo se pierde y sólo llegan los otros y si ejerzo influencia en generaciones siguientes, esas generaciones prohibirán la innovación. Te deseo suerte, mi querido Platín.


ContraPedia tiene un antecedente en los 80, cuando fueron publicadas una serie de propuestas para palabras y personajes que no existían. Eran invenciones muy breves. Esta versión respeta la idea original, jamás publicada, con definiciones más amplias y la incorporación de otros elementos, como personajes e instituciones.





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