Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Manifestaciones Religiosas
Leonardo Girondella Mora
24 marzo 2009
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Las ideas, cuando bien expresadas, ayudan al entendimiento claro de opiniones y juicios que en su claridad permiten el examen que conduce a su aceptación, rechazo, o corrección —pero cuando expresadas con vaguedad, ellas no pueden sino generar confusión.

Un ejemplo, el de una columna de periódico, ayuda a comprender lo anterior: es un texto vago, sujeto a interpretaciones variables y causante de confusión.

La columna en cuestión inicia de la manera siguiente: “Yo, católico que soy…, pienso que nadie tiene derecho a imponer su fe a otros, y tampoco las manifestaciones de su fe”. No es una apelación irracional, al contrario.

La palabra “imponer” acarrea significados de uso de fuerza: yo no puedo usar la violencia para imponer mis ideas religiosas —pero sí es posible usar la persuasión razonable en cuestiones religiosas.

Las dificultades comienzan con la expresión “manifestaciones de su fe”.

Si se refiere a “manifestación” como la fachada de un templo judío en una calle, o la catedral de la ciudad de México en su zócalo, o una peregrinación por la calle, la frase comenzaría a tener problemas, principalmente de definición.

Sigue el autor con otra frase:

“Algo se inquieta en mí al ver en los espacios públicos imágenes o símbolos religiosos: cruces sobre los cerros; estatuas de la Virgen en las calles; efigies del Sagrado Corazón a la orilla de las carreteras… Sé que algunos de ellos han sido puestos donde están por la piedad popular, y no por la Iglesia…”

La idea central es una de incertidumbre inclinada a la no existencia de esos elementos —es una oposición ligera, a la que sigue otra frase:

“Creo, sin embargo, que el mismo derecho tienen entonces, digamos, los mormones, de poner en la cumbre de algún cerro una monumental estatua de Moroni; o los judíos de colocar en cualquier esquina una gran estrella de David, o los musulmanes la media luna en una calle”.

Puede entonces pensarse en una posición doble del autor —por un lado se inclina a la no existencia de manifestaciones religiosas en sitios públicos y, por el otro, si alguien tiene derecho a colocarlas, entonces todos tienen ese derecho.

No es un mal razonamiento —los derechos son iguales para todos y si existe una iglesia evangélica con una fachada que la reconozca como tal, lo mismo debe poder hacer un templo budista.

Pero de nuevo, la indefinición en lo que se refiere a “manifestaciones de su fe” en espacios públicos, causa problemas.

Si acaso se aceptara el principio de negar el derecho de manifestaciones religiosas en espacios públicos, que es a lo que el autor se inclina hasta ahora, tendrá que determinarse si una monja caminando con su hábito por la calle es una manifestación pública indebida de una religión —como también, tendrá que decidirse si se debe cubrir con una manta la fachada de Notre Dame en París, o deben impedirse las vestimentas budistas en los caminos.

Continúa el columnista:

“Esto que digo… es simplemente expresar mi pensamiento de que las cosas de Dios deben estar en los espacios sagrados destinados a ellas. En una sociedad no teocrática nadie tiene derecho a imponer a otros su fe, y tampoco la visión de sus emblemas religiosos en los espacios que pertenecen a toda la comunidad…”

El autor señala algo que tiene apariencia lógica: “las cosas de Dios deben estar en los espacios sagrados destinados a ellas”. Es, de nuevo ese problema de indefinición de qué son las cosas de Dios, o qué son las manifestaciones religiosas.

Sin definición, el autor abre la puerta a la prohibición de colgar rosarios católicos en los espejos retrovisores que muchos taxistas tienen — y la venta de recuerdos en Lourdes, Francia, tendría que hacerse a puerta cerrada.

Las mezquitas tendrían que ser cubiertas con mantas gigantes; incluso los museos tendría que evitar imprimir afiches con cuadros de sus exhibiciones si ellos muestran, por ejemplo, a San Pablo.

La falla del razonamiento, al menos contiene esa vaguedad: sin definir lo que es una manifestación religiosa entra a desear evitarla. Pero la otra falla es una clásica, una falacia de hacer equivalentes dos cosas que no lo son.

Hace equivalente la presencia de manifestaciones religiosas con la imposición de ideas religiosas—desde luego no son iguales. El autor propone que “nadie tiene el derecho a imponer” su religión en otros —pero tampoco colocar  “sus emblemas religiosos en espacios que pertenecen a toda la comunidad”.

¿Es igual tener a la vista un templo dedicado a Visnú en alguna ciudad que usar la fuerza para convertir al paseante al hinduísmo?

Responder afirmativamente, significaría decir que todos los que pasan frente a la pintura de El Greco, la del entierro del Conde de Orgaz, pasan frente al equivalente de un cura que con una pistola los obliga a bautizarse.

Señalar la falla de razonamiento, sustentada en una equivalencia de términos que son muy diferentes, ha sido el objetivo de este breve análisis —y el asunto no pasaría de realizar un ejercicio mental si no fuera porque el tema es importante y se tienen instancias concretas derivadas de quejas sobre la presencia de símbolos religiosos en lugares en los que cualquiera puede verlos.

Cuando con desfortuna se acepta la equivalencia entre presencia e imposición, entonces no se tiene otra opción que la intervención estatal para impedir imposiciones.

Sería lógico que la policía intervenga para evitar que personas sean secuestradas para hacerlas miembros de alguna religión, o que personas de cierta iglesia acudan a otra para golpearlas.

Pero cuando esos actos violentos se hacen equivalentes a la simple existencia de una cruz en una plaza, la realidad se distorsiona y de da pie a una de las peores opciones que existen, la intervención estatal que suplanta al individuo y la espontaneidad del orden que él ha creado.

Addendum

La columna a la que hago referencia fue titulada Religión sin Distingos (Catón, Grupo Reforma, 24 enero 2008)

 


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



5 Comentarios en “Manifestaciones Religiosas”
  1. Pedro A. Dijo:

    Una de las fallas de la educación en el país es la falta de enseñanza en el uso de la razón y por esta causa quien lee a un escritor famoso le cree todo, aunque haya cometido errores de lógica, que es lo que este artículo señala muy bien.

  2. Rigo Dijo:

    Antes leía mucho a Catón y es muy bueno contando chistes, como les dice subidos de color, pero una cosa son sus chistes y otra sus comentarios, que tienen una superficialidad muy grande

  3. sebas Dijo:

    esta mierda no me sirvio de culo y medio pongan algo que si sirva no escriban maricadas NOTA DEL EDITOR: es una posibilidad cercana a uno que la utilidad le haya sido nula dadas las diferencias del lenguajes empleadas; es desafortunado, pero la coprolalia no se presta para la expresión lógica.

  4. Piedral Dijo:

    Un buen comentario que da en el blanco y de paso apunta a un caso de un columnista que es muy simtomático de una audiencia de cierto tipo.

  5. rosa gutierres Dijo:

    esta baina no me sirve ponga algo q balla con respecto a la pregunta q se dice caramba no sirven para nada





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras