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Menos Verde de lo Pensado
Selección de ContraPeso.info
25 agosto 2009
Sección: ECOLOGIA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg D.Phil. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. En el escrito se encuentra una posición sana con respecto a los problemas del medio ambiente que tanto han sido sujetos de una distorsión inmerecida.

“El Papa verde”. Desde su elección como Papa en 2005, ésa ha sido una descripción popular de Joseph Ratzinger como Benedicto XVI. En parte está alimentada por sucesos como la adopción en la Ciudad del Vaticano de paneles solares, y más significativamente, por su discusión de temas ambientales en varios documentos papales.

La etiqueta, “el Papa verde”, proliferará a continuación del reciente anuncio de que el mensaje del Papa en 2010, del Día Mundial de la Paz, se enfocará en la conexión entre la paz y la creación de Dios.

Sin embargo, el problema es que la actual exageración sobre “el Papa más verde de la historia” —por citar otro encabezado—, es inexacta. Una visión algo diferente emerge del análisis cuidadoso de los pronunciamientos de Benedicto acerca de las cuestiones ambientales.

Los pronunciamientos rápidamente demuestran que la atención de Benedicto a los temas ambientales está sostenida, sin que esto sorprenda, en un análisis teológico cristiano muy ortodoxo. En verdad, esto algunas veces genera preguntas duras sobre muchas de las prioridades y presupuestos filosóficos de los ambientalistas.

La Prueba A es la reciente encíclica social Caritas in Veritate. El texto está repleto de advertencias sobre degradaciones ambientales reales y potenciales. Y sin embargo, también anota puntos imposibles de reconciliar con mucho del pensamiento ecologista contemporáneo.

Nadie debe sorprenderse de que Benedicto insista en que las personas son intrínsecamente más valiosas que la naturaleza —una idea disputada por algunos de los filósofos con inclinación verde. Nadie tampoco debe sacudirse al descubrir que Benedicto describe posturas que cuestionan la innata superioridad humana sobre el mundo natural como facilitadoras de “actitudes de neopaganismo o un nuevo panteísmo” (CV 48).

En este asunto, vale la pena subrayar la extensa refutación, en Caritas in Veritate, de la tesis de que el crecimiento poblacional es malo. El alarmismo poblacional ha sido un ingrediente primario de mucha de la ideología ambientalista desde el libro infame de Paul Ehrlich en 1968, The Population Bomb.

La obra predijo (equivocadamente) que “en los años 70 y 80, cientos de millones de personas morirán de hambre” y que enormes daños ambientales surgirán de los millones que inútilmente traten de alimentarse ellos mismos.

El lente dominante teológico mediante el cual la encíclica considera a las preocupaciones ambientales es el de “stewardship”. [La traducción más directa de esto puede ser ‘mayordomía’, es decir, administración y cuidado delegados de bienes].

La mayordomía es considerar a los seres humanos protegiendo y cultivando a la naturaleza para sus propósitos suyos y de Dios, incluso usando nuevas tecnologías para engrandecer la habilidad de la naturaleza para servirnos (CV 50). En pocas palabras, la naturaleza no debe ser deificada y tampoco explotada con arbitrariedad. Ese es un motivo Judío y Cristiano tan viejo como el propio libro del Génesis.

También es reveladora la insistencia de Benedicto sobre un entendimiento integral de lo que queremos decir con ideología. “El libro de la naturaleza”, insiste Benedicto,

“… es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad”. (CV 51)

En otros escritos, Benedicto resulta la incongruencia de la gente que se indigna por la destrucción desenfrenada del medio ambiente mientras ignora o incluso promueve daños profundos causados por el relativismo ético a la ecología moral de la sociedad.

Incidentalmente, las frases “cambio climático” o “calentamiento global” no aparecen en parte alguna de Caritas in Veritate. De nuevo, esto no es sorpresa. Benedicto ha sido cuidadoso en no prejuzgar a la ciencia en este complejo problema.

En su mensaje de 2008, del Día Mundial de la Paz, Benedicto observó que al pensar sobre problemas ambientales, “es importante que las evaluaciones… sean realizadas con prudencia, en diálogo con expertos y personas sabias, sin presiones ideológicas que obtienen conclusiones apresuradas”.

Como alguien que ha laborado sin cesar por la prioridad de la verdad sobre la ideología, Benedicto sabe que ni las organizaciones internacionales ni la opinión pública determinan la verdad sobre el cambio climático y sus causas.

Ese es un asunto para la ciencia y muchos científicos reconocidos disputan aspectos de las creencias actuales sobre el cambio climático con las que algunos ambientalistas parecen estar religiosamente casados. El más reciente ejemplo surgido es el internacionalmente reputado geólogo australiano Ian Plimer (quien por cierto es un fiero crítico del creacionismo).

Su libro Heaven and Earth de 2009, argumenta que el cambio climático tiene poco o nada que ver que los gases invernadero producidos por el hombre. La obra está produciendo olas por todo el globo, vendiendo 30,000 copias en su primer mes. El meticuloso análisis de Plimer, examinando los datos ha impresionadoo también a un prominente clérigo católico, el Cardenal George Pell de Sydney, Australia.

Ni Plimer ni Pell niegan al cambio climático. Sin embargo, ellos cuestionan las percepciones convencionales sobre sus causas. También, ellos consideran como realmente dañinas a la causa de la verdad científica, las tácticas de gángsters empleadas por algunos políticos, ambientalistas y académicos para tratar de terminar con cualquier debate.

Como cualquiera que ha estudiado su vida y sus pensamientos sabe, Joseph Ratizinger nunca ha sido intimidado por la corrección política. Ciertamente, Benedicto sostiene nuestra mayor sensibilidad por la fragilidad del medio ambiente y la continua necesidad de la reflexión teológica Cristiana sobre la relación del hombre con el mundo natural. Pero Benedicto no comete el error de hacer romántica a la naturaleza, la que después de todo, puede ser muy cruel. Tampoco tiene miedo de subrayar el lado oscuro y antihumano de mucho de la ideología verde.

En este sentido, “el Papa verde” es realmente pálido.


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